Una mañana de febrero, en la región de Kaffrine, en Senegal, Kaffia Diallo salió de su tienda. Estaba contenta. Dos días antes había nacido otro de sus nietos. "Un bebé hermoso", comentó, "aunque me gustaría que pesara un poco más".
Siguiendo la tradición, esperarán siete días antes de ponerle nombre. Rodeada por sus vacas, ovejas y cabras, Kaffia ayudó a su hija durante el parto en la tienda, en medio del matorral, lejos del centro médico más cercano. Esto no es nada nuevo para Kaffia. Viene de una familia de pastores que cada temporada lleva sus rebaños de un lado a otro, al igual que unos 800 000 pastores más de Senegal y varios millones de todo el Sahel.
"Cuando nuestros animales ya se han comido todo el pasto que había, nos vamos al sur, a veces hasta la frontera con Gambia", explicó Kaffia, con sus ojos cansados y su rostro curtido por años de sol inclemente, viento y polvo.
Es un viaje de varios meses que los pastores suelen emprender junto a varias familias. Cuando llegan las primeras lluvias, en junio, regresan al norte. Pero, como dijo Kaffia, "este año, los pastos empezaron a escasear antes. Tuvimos que partir en octubre".
Aquí el cambio climático no es una opinión, es una realidad. Las estaciones de lluvia se están acortando, mientras que las de sequía se prolongan: en ocasiones llegan a durar hasta nueve meses. La sequía de 2010 fue particularmente difícil. Se estima que en Níger mató más de 4,8 millones de cabezas de ganado, aproximadamente el 25 % del total, lo que representó una pérdida de más de USD 700 millones para la economía del país.
Si bien las rutas varían en función de los puntos de abastecimiento de agua, de las pasturas y las limitaciones derivadas de la creciente inseguridad en la región, los pastores por lo general usan los mismos caminos. De este modo, se generan lazos duraderos entre ellos y los agricultores residentes.
"Todos los años armamos los campamentos cerca de las mismas aldeas, donde vendemos nuestros productos, compramos alimentos y tomamos agua de los pozos comunitarios. Si hace falta, vamos al médico o hacemos atender a nuestros animales", señaló Kaffia, quien tiene "más o menos" 250 cabras y ovejas, más una docena de vacas. En el Sahel, ningún pastor dice exactamente cuántas cabezas de ganado tiene, por temor a la mala suerte.
Si bien la coexistencia es en general armoniosa y forma parte de un ciclo ecológico beneficioso, también puede ser fuente de tensiones. El agua se ha vuelto cada vez más escasa, y los agricultores extienden sus campos a medida que aumenta la población, por lo que avanzan sobre regiones de pastoreo y corredores de trashumancia.
"Los pastores migrantes llegan cada vez más temprano, antes de que termine nuestra cosecha, y a veces los animales destruyen nuestros campos", dijo Hamadj Barry, alcalde de una aldea cercana al campamento de la familia de Kaffia.
A pesar de las dificultades, desde hace un tiempo en la aldea de Hamadj la situación ha estado tranquila. Los pastores y los aldeanos han aprendido a escucharse y a dialogar para encontrar soluciones.
"Damos la bienvenida a los pastores y les mostramos dónde pueden montar sus campamentos", explicó Hamadj, quien también dirige un comité de diálogo que promueve la mediación social. "También les explicamos cuáles son sus derechos y sus obligaciones".
PRAPS: Un proyecto que beneficia a millones de familias de pastores trashumantes y agropastores
A pesar de las dificultades, desde hace un tiempo en la aldea de Hamadj la situación ha estado tranquila. Los pastores y los aldeanos han aprendido a escucharse y a dialogar para encontrar soluciones.
"Damos la bienvenida a los pastores y les mostramos dónde pueden montar sus campamentos", explicó Hamadj, quien también dirige un comité de diálogo que promueve la mediación social. "También les explicamos cuáles son sus derechos y sus obligaciones".
[tweetquote:[tweetText=En cada uno de estos países, el PRAPS ha permitido establecer normas para la gestión de zonas dedicadas principalmente al pastoreo trashumante.,tweetData=BancoMundial,tweetHash=]] Esto incluye la construcción de obras de infraestructura esenciales en torno a los puntos de abastecimiento de agua, como zonas de llegada de los pastores, pasturas para el ganado, puestos de vacunación, mercados de ganado, depósitos para el almacenamiento de forraje y comercios manejados por mujeres. Un presidente supervisa el sistema y varios comités de las aldeas encargados de gestionar esta infraestructura.
"Una de las cosas que más nos ha cambiado la vida es la capacitación que nos dieron los funcionarios de los sectores de agua y bosques para luchar contra los incendios forestales", explicó Hamadj. "Nos han transmitido un conocimiento que conservaremos para siempre".
Mayor resiliencia y mejores condiciones de vida para los pastores trashumantes
"Cuando se estableció el PRAPS, en 2015, había muchos conflictos", afirmó Maty Ba Diao, coordinadora regional del proyecto para el CILSS. "Este proyecto ayudó a incrementar la resiliencia de las familias de pastores trashumantes permitiéndoles poner de manifiesto sus necesidades, brindándoles la infraestructura y los servicios esenciales, y dándoles las herramientas y los conocimientos que necesitan para gestionar ellos mismos estas tierras de pastoreo de manera sostenible".
Entre 2015 y 2020, el PRAPS ayudó a establecer y mejorar la gestión de más de 5 millones de hectáreas de tierras de pastoreo, 181 puntos de abastecimiento de agua y 66 mercados de ganado, y contribuyó a trazar 1414 kilómetros de corredores de trashumancia. También respaldó la actividad económica de 20 700 personas, el 88 % de las cuales eran mujeres.
"El Banco Mundial busca lograr dos objetivos principales en el Sahel: movilizar recursos financieros para proteger un entorno frágil y ayudar a los países a restablecer las condiciones de vida de su población, en particular de los pastores, nexos esenciales en el desarrollo socioeconómico y la estabilidad de la región", afirmó Ousmane Diagana, vicepresidente del Banco Mundial para la región de África occidental y central. "El PRAPS es un ejemplo de cooperación exitosa. Hubo que movilizar a todo el mundo, desde los jefes de las aldeas hasta los ministros de alto nivel, para establecer un marco logístico gigantesco entre los países".
Sostener los logros y superar los obstáculos derivados de la COVID-19 (coronavirus)
Aún hay trabajo por hacer, y la pandemia de COVID-19 pone en cuestión un equilibrio logrado con mucho esfuerzo. Debido al cierre de las fronteras, los rebaños y las manadas de ganado no han podido regresar a sus tierras, lo que ha generado riesgos significativos para la salud animal como consecuencia de la elevada concentración de cabezas de ganado en las fronteras. La sobreexplotación de las pasturas también ha intensificado el riesgo de conflictos entre agricultores y pastores al inicio de la temporada agrícola. Asimismo, las restricciones a la movilidad han producido fuertes incrementos en los precios del ganado en los poblados, y el cierre de los mercados semanales han vuelto aún más precarios los medios de subsistencia de los pastores.
Los asociados que integran el PRAPS se han movilizado para establecer iniciativas de seguimiento, consolidar los sistemas de alerta temprana ya existentes y ofrecer respuestas específicas para brindar apoyo a quienes participan en estos sectores agropastorales. El camino ya está trazado, y el Banco Mundial se ha comprometido a brindar financiamiento adicional para el PRAPS a fin de consolidar los logros e incrementar de manera sostenible la resiliencia de millones de familias de pastores trashumantes en el Sahel.