Panorama general

  • El Grupo Banco Mundial (GBM) tiene dos objetivos claros: poner fin a la pobreza extrema (i) en todo el mundo e impulsar la prosperidad compartida en cada país. Promover la prosperidad compartida significa que el GBM trabajará para aumentar los ingresos y el bienestar de los segmentos más pobres de la sociedad dondequiera que se encuentren, ya sea en las naciones más pobres, en países de ingreso mediano pujantes, o en países de ingreso alto. Este indicador se aparta del enfoque tradicional en el crecimiento del ingreso medio de la población, criterio que supone de manera implícita que el crecimiento económico se transmite automáticamente a los pobres.

    Los datos más recientes revelan (i) que en 70 de los 91 países estudiados, el 40 % inferior de la escala de distribución del ingreso experimentó un crecimiento positivo de los ingresos entre 2010 y 2015. Además, en el 54 % de esos 91 países, los ingresos del 40 % más pobre de la población crecieron más rápidamente que el promedio. Los avances más impresionantes se han producido en Asia oriental y Asia meridional, donde el crecimiento anual de los ingresos del 40 % más pobre fue del 4,7 % y el 2,6 %, respectivamente, entre 2010 y 2015. El aumento de la prosperidad compartida en América Latina y el Caribe fue menor que en el pasado reciente.

    El objetivo referente a la prosperidad compartida refleja el hecho de que a medida que los países en desarrollo hacen crecer su economía y logran sacar de la pobreza a millones de personas, también pueden experimentar una creciente desigualdad. Se sabe en la actualidad que las naciones donde existe una brecha creciente entre quienes pueden acceder a oportunidades en la vida y quienes no, tienen dificultades para mantener el crecimiento económico y la estabilidad social en el tiempo. Hasta ahora, ningún país ha logrado avanzar más allá del nivel de país de ingreso mediano manteniendo altos niveles de desigualdad. Reducir la desigualdad hoy es importante para las oportunidades y la movilidad en el futuro, y para la próxima generación.

    Si no se reduce considerablemente la desigualdad, sobre todo en los países donde este problema y la pobreza alcanzan niveles elevados, no se podrá alcanzar la meta de poner fin a la pobreza extrema a más tardar en 2030. La desigualdad entre todas las personas del mundo ha disminuido desde 1990, pero la desigualdad dentro de cada país sigue siendo mayor hoy que hace 25 años. Esto significa que una persona común y corriente tiene más probabilidades de vivir en una economía con mayor desigualdad que hace 25 años.

    En un horizonte temporal más acotado, la desigualdad dentro de los países parece haberse frenado desde 2008. En 51 de las 91 economías, el crecimiento del ingreso del 40 % más pobre de la población superó el de la persona promedio entre 2010 y 2015, lo que indica una disminución de la desigualdad. En cambio, la desigualdad aumentó en alrededor del 40 % de las economías respecto de las cuales se dispone de datos de este período.

    En todas las economías sobre las que se dispone de datos, el 40 % más pobre de la población recibió menos del 25 % del total del ingreso o el consumo. En muchos lugares, la proporción cada vez mayor del ingreso que percibe el 1 % más rico es motivo de gran preocupación. La desigualdad no es una consecuencia inevitable del crecimiento económico. De hecho, el crecimiento a largo plazo y la estabilidad social son dos razones importantes para centrar la atención en la equidad. Un mayor énfasis en acelerar la reducción de la desigualdad, especialmente en los países donde esta es elevada y existe una gran cantidad de personas pobres, acentuará el poder del crecimiento económico para reducir la pobreza y generar mejores oportunidades para todos.

    Última actualización: Abr 03,2019

  • Para reducir la desigualdad y promover la prosperidad compartida, el progreso debe ser sostenido en el tiempo y a través de las generaciones. Los avances logrados en los últimos 25 años demuestran que la desigualdad no es inevitable y que los países pueden tomar decisiones de política deliberadas para combatirla y mejorar la vida y las oportunidades de los más pobres. En muchos casos, se requerirán reformas fiscales, sociales y del mercado laboral que contribuyan a crear una sociedad más inclusiva y próspera.

    Si bien no existe una sola forma de reducir la desigualdad, hay algunas lecciones comunes recogidas de países exitosos y varias intervenciones que han sido de ayuda. Países con circunstancias muy diferentes han mostrado que la combinación de políticas acertadas (sólidas bases macroeconómicas, crecimiento sostenido y mercados laborales robustos) y factores externos favorables ha contribuido a los avances en la reducción de la desigualdad.

    Hay seis áreas de políticas que han demostrado eficacia en reducir la desigualdad. Exigen muy poca renuncia a la equidad o a la eficiencia y siempre han surtido efecto en diferentes entornos en todo el mundo. En ningún caso son las únicas vías para reducir la desigualdad, pero ofrecen a los investigadores las evidencias más contundentes.

    ·         Intervenciones en el desarrollo en la primera infancia y la nutrición

    ·         Cobertura sanitaria universal

    ·         Acceso universal a una educación de calidad

    ·         Transferencias monetarias a familias pobres

    ·         Infraestructura rural, especialmente caminos y electrificación

    ·         Tributación progresiva

    Al Grupo Banco Mundial le preocupa particularmente la desigualdad de oportunidades, que es indicativa de diferencias en circunstancias que escapan al control de las personas. La desigualdad de oportunidades es injusta e ineficiente. Impide a las personas lograr sus aspiraciones y puede amenazar la cohesión social, además de tener consecuencias reales para el crecimiento y la reducción de la pobreza en países con cualquier nivel de desarrollo. Cuando las oportunidades de desarrollo del capital humano y de progreso económico no se distribuyen en forma equitativa, quienes nacen en la pobreza a menudo enfrentan enormes adversidades. Muchas veces, la desigualdad se traspasa de una generación a otra, lo que limita la movilidad social.

    Las conclusiones de un informe reciente del Banco Mundial, en el que se analizan datos de casi todo el mundo en desarrollo y de alrededor del 95 % de la población mundial, señalan que la condición social de los padres tiene tanta influencia hoy como hace 50 años para determinar el peldaño de la escala económica que ocuparán sus hijos. Según el informe, el aumento del nivel de educación de una generación a otra se ha estancado en los últimos 50 años y los bajos niveles de movilidad ascendente son especialmente pronunciados en el mundo en desarrollo, sobre todo en África al sur del Sahara.

    Por esa razón, la labor que realiza del Banco Mundial de apoyo a los Gobiernos para promover la construcción de sociedades más equitativas e inclusivas abarca todas sus áreas programáticas. Se relaciona con las áreas de políticas antes señaladas, y con otras (por ejemplo, género, gobernanza y mejor acceso a servicios básicos y al empleo).

    Es fundamental trabajar con los países clientes para asegurarse de que los proyectos que financia el Banco beneficien a las personas menos acomodadas y permitan equiparar las oportunidades cuando estas son escasas o inexistentes.

    En todas sus actividades en los países, el Banco se apoya en las evidencias más recientes, y expone claramente las oportunidades y los obstáculos para la reducción de la pobreza y la prosperidad compartida en cada país asociado, mediante el diagnóstico sistemático del país. (i) Se utilizan datos empíricos y se llevan a cabo análisis de los efectos en la pobreza y la situación social (PSIA) (i) para determinar de qué manera los proyectos afectan a los grupos vulnerables de la sociedad. El Índice de Oportunidades Humanas, (PDF, en inglés) elaborado inicialmente para América Latina y el Caribe, se utiliza actualmente para medir las brechas de acceso a servicios básicos en África y otras regiones.

    Última actualización: Abr 03,2019

  • Los siguientes son algunos ejemplos de proyectos y análisis del Banco para ayudar a las naciones a que se vuelvan más inclusivas:

    • En Kosovo hay menos desigualdad y menos brechas étnicas para las comunidades romaníes, pero el acceso a los servicios y a oportunidades económicas para estas comunidades es muy bajo, según un informe reciente del Banco Mundial. (i) Si en Kosovo se brinda a las comunidades romaníes las mismas oportunidades que a la población general, el país puede obtener importantes beneficios fiscales.
    • Uno de cada cuatro latinoamericanos se identifica como de ascendencia africana. Aunque en la última década ha habido avances importantes, los afrodescendientes aún están sobrerrepresentados entre los pobres. Un nuevo informe del Banco Mundial tuvo como objetivo entender mejor los factores que inciden en la exclusión persistente de los afrodescendientes, y mejorar las oportunidades y el acceso de los grupos excluidos a los servicios y los mercados de una manera en que se respeten sus opiniones y aspiraciones.
    • Un programa del Banco Mundial en El Salvador (i) se ha centrado en asegurar la inclusión social de los segmentos vulnerables de la población y, al mismo tiempo, sentar las bases para un crecimiento inclusivo. El programa ha contribuido a brindar apoyo económico a más de 40 000 beneficiarios de zonas urbanas pobres y ha incluido, además, actividades dirigidas a promover oportunidades para los pobres de las zonas urbanas mediante capacitación y la organización de ferias de empleo, entre otros esfuerzos.
    • En Namibia, las políticas fiscales vigentes han producido un impacto en la desigualdad y sacado de la pobreza extrema a alrededor de 118 000 personas entre 2009 y 2010, (i) según un informe conjunto de la Agencia de Estadísticas de Namibia y el Banco Mundial. El gasto en salud y educación en el país impulsó la reducción de la pobreza, pero se podría hacer más con una mejor focalización y la consolidación de los programas sociales.
    • Sudáfrica enfrenta un desafío triple —elevado índice de pobreza, desigualdad y desempleo—, a pesar de los grandes avances del Gobierno en abordar este reto. Para que Sudáfrica pueda crecer en forma sostenible y reducir la desigualdad de oportunidades, un nuevo informe del Banco Mundial (i) sugiere que el país debe resolver el problema de la falta de habilidades y matricular a más estudiantes en la educación superior y técnico-profesional; aumentar las tasas de graduación, y mejorar la relevancia de las habilidades específicas que requiere el mercado laboral.

    Chile encaró el problema del acceso desigual a una educación de calidad. Ocasionalmente, a los estudiantes de bajos recursos se les negaba la admisión a la educación primaria en escuelas de mejor calidad y los estudiantes pobres no podían financiar los estudios terciarios. En colaboración con el Gobierno, el Banco Mundial diseñó un proyecto (i) que promovió la igualdad de oportunidades en educación y mejoró las instituciones encargadas de la medición de la pobreza. Como resultado, casi 49 000 estudiantes recibieron becas completas para su educación superior. Y para ingresar al grado más bajo de cada escuela que recibía fondos públicos, se puso en marcha un sistema de admisión centralizado y regulado gracias al cual el 75 % de los postulantes fue admitido en la escuela de su preferencia.

    Última actualización: Abr 03,2019

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