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ARTÍCULO

Peligros naturales, desastres antinaturales: La economía de la prevención funciona

Noviembre 15, 2010


TITULARES
  • Nueva publicación del Banco Mundial y las Naciones Unidas sostiene que medidas preventivas de bajo costo pueden reducir efectos de los desastres naturales.
  • Aun sin cambio climático, es posible que para 2100 los daños provocados por el clima se tripliquen hasta alcanzar US$185.000 millones anuales.
  • Informe urge a los Gobiernos a facilitar el acceso a la información sobre los peligros y construir infraestructura de doble propósito.

15 de noviembre de 2010 − Las tormentas, inundaciones, terremotos y sequías provocaron más de 3,3 millones de muertes, además de daños por US$2.300.000 millones (en dólares de 2008), entre 1970 y 2008. Sin embargo, es mucho lo que se puede hacer para reducir el efecto de dichos fenómenos −aun en medio de un mayor riesgo debido al cambio climático−, sostiene un nuevo libro titulado Natural Hazards, UnNatural Disasters: The Economics of Effective Prevention (Peligros naturales, desastresantinaturales: La economía de la prevención eficaz).

La publicación conjunta del Banco Mundial y las Naciones Unidas, dada a conocer el 11 de noviembre, afirma que a menudo los peligros naturales se convierten en desastres como resultado de políticas y prácticas deficientes. Por ejemplo, la falta de información disponible al público sobre marejadas ciclónicas pronosticadas, o las leyes de control de la renta. Estas últimas reducen los incentivos de los terratenientes para ocuparse del mantenimiento de los edificios, que luego se desmoronan cuando ocurren los monzones.

Un cuestionamiento más profundo de lo sucedido y sus causas podría evitar que los desastres se repitan”, según el libro, en cuya redacción colaboraron durante dos años científicos dedicados al clima, economistas, geógrafos, especialistas en ciencias políticas y psicólogos. Se estima que las destrucciones causadas por catástrofes aumentarán y por ello la prevención es todavía más crítica. Aun sin cambio climático, es posible que para 2100 los daños a raíz del clima se tripliquen hasta alcanzar US$185.000 millones anuales. Si se considera el factor mencionado, se pueden agregar otros US$28.000 millones a US$68.000 millones como consecuencia de los ciclones tropicales solamente, se sostiene en Natural Hazards.

Si bien reconocemos los desafíos del futuro, no somos alarmistas. Si se mejora la prevención de los desastres ahora, eso servirá en gran medida para prevenirlos el día de mañana. Y no estamos haciendo lo suficiente en este momento”, asegura el líder del equipo, Apurva Sanghi, economista principal del Fondo Mundial para la Reducción de los Desastres y la Recuperación* (GFDRR, por sus siglas en inglés), y uno de los autores principales del próximo Informe especial sobre acontecimientos extremos del Panel Internacional sobre Cambio Climático.

Medidas de bajo costo son posibles

Un mensaje central del libro es que “la prevención da sus frutos, pero no siempre cuesta más. Los países, los Gobiernos, los ministros de finanzas y hasta los donantes pueden hacer mucho”, agrega Sanghi.

Por ejemplo, Bangladesh, un país pobre expuesto a los ciclones, implementó con éxito sistemas de alerta temprana y aprovechó los avances en las tecnologías para pronosticar el clima. Como resultado de esto, año tras año se redujo la cantidad de muertes por esta causa. Bangladesh demuestra que la prevención puede ser eficaz incluso en los países pobres, explica Sanghi. 

Entre las medidas preventivas de bajo costo se incluyen: mayor acceso a la información relacionada con los riesgos y cambios de reglamentaciones para eliminar distorsiones. Como ejemplos de dichos cambios se mencionan la abolición de los controles sobre los precios y las rentas y la provisión de títulos seguros para alentar una mejor reparación y conservación de los edificios. La publicación también propone infraestructura económica y específica para los peligros: por ejemplo, escuelas que oficien de refugios en la eventualidad de ciclones o carreteras que sirvan como desagües.

Aun aumentos modestos del gasto –y un mayor intercambio de datos a nivel internacional—pueden tener enormes beneficios, en particular para advertir a las personas de los peligros inminentes”, dice el libro.

El GFDRR está fomentando el intercambio de información por medio de intervenciones locales que promuevan la recopilación de datos y la implementación de sistemas de alerta temprana. Entre las gestiones en Haití se puede citar la preparación de un mapa de peligros para guiar la instalación de los campos de refugiados y la reconstrucción de áreas dañadas por el terremoto de enero pasado.

Exigencias legales no son la única respuesta

El texto analiza cómo -cuando los edificios y la infraestructura colapsan después de ocurridos los fenómenos climáticos-, la indignación y el clamor del pueblo para que el Gobierno “haga algo” a menudo conducen a medidas “firmadas de un plumazo”, entre ellas códigos de edificación más estrictos. Sin embargo, tales decisiones son menos eficaces de lo que parece, afirma el libro, y las buenas prácticas de edificación se pueden promover incluso sin un código, como lo demuestra la reconstrucción después del terremoto que azotó en 2005 a una región remota y montañosa de Pakistán.

Cinco años después del sismo, más del 90% de las 400.000 casas reconstruidas cumplen con los lineamientos de construcción segura, los cuales no constituyen un código exigido por ley.

Otro problema que plantea la publicación es que las personas, con frecuencia aquellas más vulnerables, viven en zonas de riesgo para estar más cerca de sus trabajos y no porque sean fatalistas o no se den cuenta de la situación. Por lo tanto, muchas veces la zonificación por motivos de seguridad encuentra resistencia.

Después del tsunami de Sri Lanka en 2004, muchos residentes se negaron a ser trasladados desde el área costera hacia proyectos habitacionales alejados del litoral porque la mudanza afectaría sus medios de vida. Finalmente, la ley que exigía la mudanza se convirtió en una medida tan impopular que debió ser derogada.

Las instituciones importan

El respaldo a los hallazgos y recomendaciones del libro es la función crítica de las instituciones abocadas a la prevención: es de vital importancia que existan organismos que aumenten la participación y supervisión del público.

La deforestación fue un factor fundamental en las muertes causadas por inundaciones y avalanchas luego del azote de los huracanes Iván y Jeanne sobre la isla La Española en 2004, y es un síntoma de que las instituciones no funcionan lo suficientemente bien como para evitar que las laderas sean despojadas, según la publicación. Haití sufrió más desastres que sus vecinos, en parte por el deterioro que afectó durante muchas décadas a sus instituciones, incluso a nivel comunitario.

No nos referimos solo a las instituciones públicas y formales, sino también a las informales a nivel comunitario: los mecanismos que permiten que las comunidades se unan y elaboren sus propias medidas de prevención sostenible”, explica Sanghi. “Se trata de que las comunidades tengan la libertad de organizarse e involucrarse para encontrar sus propias soluciones. En algunos casos puede tratarse de franjas de manglares y en otros de un dique de mar”.

Examen de riesgos de catástrofes

Si bien los individuos, las comunidades, las ciudades y demás niveles de gobierno pueden adoptar medidas preventivas, los peligros mundiales más importantes requieren una respuesta a nivel global, asegura Sanghi.

En uno de los capítulos finales del libro, que contó con el asesoramiento de científicos del clima y economistas del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), de la Universidad de Harvard, de la Universidad de Yale, Recursos para el Futuro y otros, se reconoce el riesgo de catástrofes mundiales inducidas por el clima a raíz del derretimiento de las capas de hielo de Groenlandia y el sector occidental de la Antártida, o por la alteración de las corrientes oceánicas.

Aunque los desencadenantes de estos acontecimientos son inciertos, “evaluaciones científicas recientes indican que, en general, los peligros del cambio climático parecen haber empeorado en comparación con algunos años atrás”, dice el libro. En él se propone una cartera flexible de medidas para enfrentar estas amenazas, entre ellas la rápida reducción de las emisiones de carbono para estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero e iniciativas de adaptación a gran escala en el mediano plazo.

*GFDRR es una asociación de 32 países y seis organismos internacionales, incluido el Banco Mundial, la cual ayuda a las naciones en desarrollo a reducir su vulnerabilidad frente a los peligros naturales y adaptarse al cambio climático.


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