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ARTÍCULOSeptiembre 22, 2021

Se necesita un sistema alimentario climáticamente inteligente que pueda alimentar a 10 000 millones de personas

TITULARES

  • La agricultura, la ganadería, la silvicultura y el uso de la tierra representan alrededor de la cuarta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero que contribuyen al cambio climático.
  • A más tardar en 2050, los sistemas alimentarios del mundo deberán ser mucho más productivos para alimentar a una población mundial de 10 000 millones de personas y, al mismo tiempo, reducir las emisiones y proteger el medio ambiente.
  • A través del Plan de Acción sobre el Cambio Climático, el Banco Mundial intensificará su apoyo a políticas e innovaciones tecnológicas que promuevan la agricultura climáticamente inteligente.

En las empinadas laderas de Karongi (Rwanda), los agricultores recuerdan cuando los cultivos fracasaron y las personas pasaron hambre. Hoy en día, las frutas y las verduras crecen en las colinas aterrazadas y regadas de Karongi y en otros lugares del país. En las décadas posteriores al genocidio de Rwanda, los esfuerzos por reactivar la agricultura han dado frutos en el país. El control de la erosión, la restauración de los paisajes degradados, la diversificación de los cultivos, el riego de los terrenos montañosos y la capacitación de los agricultores en nuevas técnicas impulsaron la horticultura y el comercio de alto valor, mejoraron los ingresos y las dietas, y ayudaron a hacer de Rwanda uno de los países de más rápido crecimiento del mundo antes de la pandemia de COVID-19.

Sin embargo, al igual que el resto del mundo, Rwanda enfrenta los crecientes impactos del cambio climático: las sequías y los deslizamientos de tierra causados por precipitaciones intensas y erráticas han tenido un costo elevado.

El cambio climático es cada vez más visible en todos los continentes. En el futuro, la disminución de la productividad agrícola será un factor clave en la decisión de las personas de migrar dentro de sus propios países, según consta en la nueva edición del informe Groundswell (i) del Banco Mundial, donde se estima que, para 2050, 216 millones de personas en seis regiones del mundo podrían convertirse en migrantes internos por razones climáticas.

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Los programas en Rwanda tienen como objetivo aumentar los ingresos de los productores agropecuarios, la resiliencia climática y la nutrición de los hogares. Fotografía: Esdras Byiringiro/Banco Mundial.

 

Impacto de la agricultura y la ganadería en las emisiones de gases de efecto invernadero

La agricultura, la ganadería, la silvicultura y el uso de la tierra representan alrededor de la cuarta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero que contribuyen al cambio climático. Las principales fuentes de emisiones vinculadas a la actividad agropecuaria son la conversión de la tierra (como la tala de bosques para usarlos en los establecimientos agropecuarios), el metano derivado de la ganadería y la producción de arroz, y el óxido nitroso proveniente de los fertilizantes sintéticos.

La agricultura y la ganadería son también las actividades que utilizan más agua y tierras, lo que afecta a los bosques, los pastizales, los humedales y la biodiversidad. Los sistemas de producción de alimentos y uso de la tierra generan costos para el medio ambiente, la salud y la pobreza que se calculan en alrededor de USD 12 billones al año (i).

La actividad agropecuaria y la producción de alimentos son fuentes clave de empleo y medios de subsistencia para un gran número de personas de todo el mundo; no obstante, según estimaciones recientes, a 3000 millones de personas no les alcanza el dinero para mantener una dieta saludable. Los bajos ingresos, los altos precios y un sistema que favorece el consumo de alimentos básicos como el trigo, el arroz y el maíz por sobre las frutas y las verduras conspiran para mantener los alimentos frescos y ricos en nutrientes fuera del alcance de muchos.

Las actuales políticas agropecuarias y el apoyo estatal suelen agravar el problema. Cuando los Gobiernos promueven los subsidios a los insumos o a los precios por sobre la inversión en investigación agropecuaria o en servicios ambientales, los resultados pueden ser negativos (i): uso excesivo de fertilizantes, bombeo excesivo de agua subterránea con electricidad barata o gratuita, uso ineficiente de agua subvaluada, o sistemas agrícolas que se centran en un solo cultivo.

“La agricultura, la ganadería, la silvicultura y el uso de la tierra representan alrededor de la cuarta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero que contribuyen al cambio climático”.

 

Sistemas alimentarios: la escala del desafío

A más tardar en 2050, los sistemas alimentarios del mundo deberán ser mucho más productivos para alimentar a una población mundial de casi 10 000 millones de personas y, al mismo tiempo, reducir las emisiones y proteger el medio ambiente. Los estudios estiman que el costo de la transformación de los sistemas alimentarios sería de entre USD 300 000 millones y USD 350 000 millones anuales en los próximos 10 años.

“La magnitud de este desafío supera la capacidad de cualquier institución”, declaró Martien van Nieuwkoop, director de la Práctica Global de Agricultura y Alimentación del Banco Mundial. “Por ese motivo, se necesita colaboración para garantizar que se brinden los incentivos adecuados y se movilice el financiamiento para lograrlo”.

A través del Plan de Acción sobre el Cambio Climático (i) del Grupo Banco Mundial (2021-25), el Banco intensificará su apoyo a políticas e innovaciones tecnológicas que promuevan la agricultura inteligente con respecto al clima, un enfoque de gestión de los paisajes que aumente la productividad, genere resiliencia y reduzca las emisiones evitando la deforestación e identificando formas de absorber carbono de la atmósfera.

“A más tardar en 2050, los sistemas alimentarios del mundo deberán ser mucho más productivos para alimentar a una población mundial de casi 10 000 millones de personas y, al mismo tiempo, reducir las emisiones y proteger el medio ambiente”.

 

Enfoques para la diversificación de cultivos

En Uzbekistán, por ejemplo, el Banco está trabajando con el Gobierno para ayudar en la transición del modelo basado en el algodón y el trigo a un sistema agropecuario más diversificado y resiliente a las conmociones climáticas (i). El algodón y el trigo consumieron el 72 % de las tierras cultivables y el 90 % del agua de riego y el gasto público destinado a la actividad agropecuaria, pero solo generaron el 23 % de la producción agropecuaria total. Mediante una nueva estrategia se busca hacer un uso más eficiente de la tierra y el agua —y crear empleos— desarrollando el sector hortícola y, al mismo tiempo, reduciendo la participación del Estado en la producción de trigo y algodón. La iniciativa permitió eliminar los subsidios a la producción en el caso de los suelos de bajo rendimiento que se han visto más perjudicados por los daños ambientales, y poner fin al trabajo infantil y forzado en la cosecha de algodón. El cultivo de algodón disminuyó de 1,3 millones de hectáreas en 2016 a 900 000 en 2020. Las exportaciones de productos hortícolas de alto valor aumentaron de USD 570 millones en 2017 a USD 1200 millones en 2019. “La mejora de los incentivos a la producción hortícola generan múltiples cobeneficios climáticos tanto para la mitigación como para la adaptación”, afirmó Sergiy Zorya, economista principal especializado en agricultura para la región de Europa y Asia central del Banco Mundial.

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Uzbekistán aumentó las exportaciones de productos hortícolas de alto valor. Fotografía: Mirzobek Ibragimov/Banco Mundial.

Emisiones de gases de efecto invernadero: abordar el desequilibrio de los fertilizantes

En Pakistán (i), el programa Fortalecimiento de los Mercados para la Actividad Agropecuaria y la Transformación Rural en Punjab (SMART Punjab) tiene como objetivo empoderar a los pequeños agricultores para que siembren cultivos más rentables, nutritivos y resilientes al clima que el trigo. En el marco de dicho programa, se brindó a los agricultores la posibilidad de comprar semillas mejoradas (oleaginosas, algodón, arroz) y fertilizantes (fosfáticos y potásicos) a un costo reducido con vales electrónicos que podían canjear a través de operadores bancarios sin sucursales. De ese modo, se logró abordar el desequilibrio que existía en el uso de fertilizantes. Alrededor del 77 % de los fertilizantes vendidos en Punjab es urea, que se produce aplicando métodos que requieren un uso intensivo de energía y genera emisiones de gases de efecto invernadero por unidad mucho más altas que los demás fertilizantes disponibles. El programa SMART subvenciona otros fertilizantes como los fosfatos y la potasa con el objetivo de aumentar su cuota de mercado, que en la actualidad es del 22 % y el 1 %, respectivamente. “Mejorar la gestión de los fertilizantes puede reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. También es probable que conlleve importantes beneficios en términos de desarrollo sostenible, como el aumento del rendimiento y la rentabilidad de los cultivos”, señaló Asad Rehman Gilani, secretario del Departamento de Agricultura y Ganadería de Punjab, Pakistán.

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El programa SMART Punjab en Pakistán tiene múltiples objetivos, entre ellos empoderar a los pequeños agricultores para que siembren cultivos más resilientes al clima. Fotografía: Flore de Preneuf/Banco Mundial.

 

Reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos

Cada año se pierde o se desperdicia entre el 30 % y el 40 % de todos los alimentos que se producen (i). En los países en desarrollo, los alimentos normalmente se pierden durante la cosecha o el almacenamiento, un problema que podría abordarse (i) invirtiendo en infraestructura, transporte y tecnología para el almacenamiento y la refrigeración sostenible (i).

En Filipinas, donde los fenómenos meteorológicos destructivos afectan desproporcionadamente a los pobres, a través del Proyecto de Desarrollo Rural de Filipinas (i) se construyeron más de 1200 kilómetros (la cifra va en aumento) de caminos que conectan las explotaciones agrícolas con los mercados, así como otras obras de infraestructura rural esenciales, como puentes y sistemas de riego comunitarios, e inversiones a lo largo de las cadenas de valor, incluidas las plantas de almacenamiento y procesamiento.

Durante la pandemia de COVID-19, el Gobierno de Kenya colaboró con Twiga Foods, cliente de la Corporación Financiera Internacional, y otras empresas que utilizan plataformas de comercio digital basadas en dispositivos móviles para mejorar el acceso de los agricultores al transporte y a las plantas de almacenamiento. El Banco está analizando las opciones normativas y las concesiones (i) que implica abordar la pérdida y el desperdicio de alimentos, e implementará un diagnóstico del sistema alimentario que abarque desde la producción hasta el consumo para identificar medidas prioritarias de mitigación y adaptación climática eficaces en función de los costos en toda la cadena de valor.

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En Filipinas se construyeron caminos que conectan a los establecimientos agrícolas con los mercados y se respaldó la creación de empresas rurales. Fotografía: Proyecto de Desarrollo Rural en Filipinas/Departamento de Agricultura y Ganadería de Filipinas.

 

Soluciones basadas en la naturaleza y sumideros de carbono

Las soluciones basadas en la naturaleza para los desafíos ambientales podrían generar el 37 % de la mitigación del cambio climático (i) necesaria para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París. La conservación de grandes volúmenes de carbono almacenados en bosques, pastizales y humedales naturales es importante para la adaptación al cambio climático y la mitigación de sus efectos, y resulta esencial para aumentar la resiliencia de los ecosistemas. Los suelos constituyen, además, las mayores reservas de carbono del planeta. Las soluciones basadas en la naturaleza también se pueden aplicar en las zonas costeras para estabilizar las costas y reducir las inundaciones y la erosión, lo que ayuda a mantener los recursos pesqueros, una fuente clave de seguridad alimentaria y nutrición para unos 3200 millones de personas.

“Las soluciones basadas en la naturaleza para los desafíos ambientales podrían generar el 37 % de la mitigación del cambio climático necesaria para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París”.

 

Las soluciones basadas en la naturaleza pueden optimizar las funciones ecosistémicas en paisajes afectados por las prácticas agropecuarias y la degradación de la tierra mejorando la disponibilidad y calidad del agua, la productividad de los sistemas de cultivo y la salud del ganado. En Colombia, varios productores agropecuarios plantaron 3,1 millones de árboles y adoptaron técnicas silvopastoriles que combinan árboles o arbustos con pasturas: estas técnicas aumentaron el secuestro de carbono y mejoraron la disponibilidad y diversidad de fuentes alimentarias, lo que generó un incremento de la productividad y la resiliencia.

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En Colombia, varios productores agrícolas adoptaron técnicas que mejoraron las fuentes de alimento del ganado e incrementaron la productividad. Fotografía: Flore de Preneuf/Banco Mundial.

El Proyecto de Gestión Integrada del Paisaje e Infraestructura Resiliente en Turquía (i) combinará soluciones basadas en la naturaleza con infraestructura resiliente para abordar las inundaciones estacionales, las sequías, la erosión del suelo y los desprendimientos de tierra en las cuencas de los ríos Bolaman y Cekerek, dos zonas marcadas por las altas tasas de pobreza y la vulnerabilidad a los impactos del cambio climático. En el marco del proyecto, se restaurarán los paisajes forestales, se brindará capacitación en agricultura sostenible a los productores agropecuarios, se construirá infraestructura para el riego y el abastecimiento de agua, y se promoverán las oportunidades de los hogares rurales pobres para procurarse el sustento. El proyecto también tiene como objetivo ayudar a sentar las bases de una estrategia nacional orientada a generar resiliencia en las regiones rurales vulnerables como parte de la recuperación sostenible de Turquía tras la COVID-19 y la transición verde.

Retrasar las medidas “ya no es una opción”

La demora en la adopción de medidas relacionadas con los sistemas alimentarios “ya no es una opción”, afirmó Geeta Sethi, asesora y experta mundial en sistemas alimentarios del Banco Mundial. “Es imprescindible transformar nuestros sistemas alimentarios para mejorar la salud de las personas, la salud del planeta y la salud de nuestras economías”.

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