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Discursos y transcripciones

Globalización: Hecho en las Américas

Junio 07, 2012


Robert B. Zoellick, Presidente del Grupo del Banco Mundial Cena conmemorativa de los 30 años del Diálogo Interamericano

Texto preparado para la intervención

Introducción
 
Les agradezco el honor de su invitación a conmemorar el 30º aniversario del Diálogo Interamericano.
 
Los orígenes de este Diálogo se remontan a una conversación entre Peter Hall y Abe Lowenthal,  sentados en una banca de un parque.
 
A Peter y a Abe les preocupaba sobremanera la interrupción de los intercambios interamericanos durante la guerra de las Falklands/Malvinas, y la ausencia de lazos con las democracias emergentes de América Latina. Por esa razón, conversaron sobre la posibilidad de reunir a líderes de todo el hemisferio para establecer una nueva agenda interamericana. El Diálogo celebró su primera conferencia especial a fines de 1982. 
 
Hoy, 30 años después, los logros de América Latina brindan una oportunidad para rehacer esa alianza hemisférica en torno a nuevos pilares:

  •  Una política de libre comercio reactivada que favorecerá las reformas estructurales para el crecimiento en todos nuestros países;
  • Una transformación en materia energética, para poner fin a la dependencia energética del hemisferio;
  • Una nueva diplomacia imbuida del pragmatismo del sector privado para solucionar problemas públicos;
  • Una seguridad compartida, y
  •  El primer hemisferio democrático. 

A Estados Unidos, esta nueva agenda le permitiría contar con un activo local muy importante – los estadounidenses hispanos – como la vanguardia de la conectividad del país en una nueva economía del hemisferio occidental.
 
El Diálogo Interamericano puede ayudar a impulsar este cambio– y yo pienso que lo hará: “Globalización: Hecho en las Américas”.
 
Gracias a la dinámica dirección de Peter Hakim y, en la actualidad, de Michael Shifter, el Diálogo Interamericano se ha convertido en el principal centro de Estados Unidos para el análisis de políticas, el intercambio y la comunicación en el hemisferio occidental.
 
La idea fundamental del Diálogo sigue siendo básicamente la misma que la de aquella conversación en el parque: a través del diálogo y con una visión común, los ciudadanos interesados de todo el hemisferio pueden sembrar juntos las semillas de nuevas ideas sobre políticas y propuestas prácticas para el progreso en el conteniente americano.
 
Entonces, esta noche, pongamos en práctica esa idea.
 
Un punto de vista diferente
 
Hace tan sólo dos meses, los líderes del hemisferio occidental se reunieron en Cartagena con ocasión de la Cumbre de las Américas. Colombia fue un excelente anfitrión, y en la Cumbre se pudieron observar los numerosos logros de ese país, conseguidos con tanto esfuerzo.
 
Sin embargo, los informes de prensa fueron, francamente, desalentadores. Aparte del comportamiento de algunos agentes del Servicio Secreto, la cobertura de las informaciones se centró en los desacuerdos acerca de Cuba y el tema de las drogas. Hubo incluso algunos que sugirieron que esa sería la última Cumbre de las Américas. Su agenda parecía estar estancada en el tiempo. 
 
Por eso, cuando Carla Hills me preguntó si podría acompañarlos a ustedes esta noche, pensé que la mejor manera de celebrar el aniversario del Diálogo Interamericano sería exponiendo nuevas posibilidades para el continente americano en una economía mundial que cambia aceleradamente.
 
Mi punto de vista con respecto a nuestro hemisferio es distinto del de muchos estadounidenses que contribuyen a este Diálogo. Yo no soy un especialista en América Latina.
 
Como muchos de mis colegas connacionales en el ámbito de las políticas externas y en materia de seguridad, gran parte de mi energía se ha concentrado en los asuntos de las regiones de Europa y Asia y el Pacífico, Oriente Medio y Asia suroccidental.
 
Pero debido a mi experiencia en temas económicos, América Latina y Canadá han tenido una gran importancia en mi mapa mundial.
 
En la década de 1980 y principios de los años noventa, trabajando con el Secretario del Tesoro y Secretario de Estado, James Baker, estuvimos sumidos en los asuntos de la deuda latinoamericana y las reformas para promover el crecimiento, los acuerdos de libre comercio con Canadá y de América del Norte, y la seguridad y la democracia en América Central.
 
En 2001, como Representante de Comercio de Estados Unidos, pudimos aprovechar esa experiencia al negociar los acuerdos de libre comercio con Chile, Colombia, Perú, Panamá, los cinco países de América Central y República Dominicana. Junto con el TLCAN, esos acuerdos comprenden el 54% de la economía de nuestro hemisferio, sin incluir a Estados Unidos, y constituyen una red subutilizada de promotores del libre comercio que podría propiciar una mayor integración en el continente americano – e incluso el libre comercio y la democracia hemisféricos.
 
Mis cinco años como Presidente del Grupo del Banco Mundial han reafirmado este punto de vista.
 
¿Por qué hago hincapié en esta perspectiva global acerca de América Latina?  Porque en mi trabajo para abordar los problemas de nuestra región he instado a mis contrapartes latinoamericanas a que también adopten una perspectiva global.
 
Por el contrario, durante muchos años, el diálogo hemisférico parecía restringido a un marco norte-sur. Estados Unidos tenía gran importancia, como potencia hegemónica, fuente de apoyo, mercado, modelo, peligro, o incluso, frustrantemente,  como un  país que no prestaba atención.
 
En lo que respecta al desarrollo, la deuda, las inversiones, la competencia y el comercio, los latinoamericanos deben mirar el horizonte más amplio y tener especialmente a Asia oriental como punto de referencia. Y más allá de Asia oriental, América Latina tiene un nuevo papel que cumplir en la creación de múltiples motores de crecimiento con otros mercados emergentes. Ha llegado la hora de salir del molde norte-sur.
 
Pensemos en la experiencia de Canadá, que combinó la integración regional con una proyección a nivel mundial: evidentemente, el acuerdo de libre comercio de Canadá con Estados Unidos en 1988 intensificó la integración económica de ambos países, pero, además, el ajuste competitivo que impulsó dicho tratado hizo que aumentara la competitividad de las empresas canadienses en todo el mundo.
 
Para crear una nueva alianza hemisférica hay que abandonar las viejas costumbres, los esquemas mentales anticuados y los antiguos modelos de dependencia.
 
La alianza hemisférica requerirá una nueva combinación de asociados, públicos y privados.
 
La alianza hemisférica  debería ser el próximo reto para la Cumbre de las Américas y para el Diálogo Interamericano.
 
 Los avances de América Latina
 
Gracias a sus recientes avances, ahora América Latina está en condiciones de recrear la alianza hemisférica.
 
Las cifras hablan por sí solas.
 
Entre 2003 y 2010, los ingresos de un latinoamericano corriente aumentaron más de 30%. Una revolución silenciosa de la política macroeconómica y financiera ha fortalecido el sistema inmune de la economía de muchos países. Hemos visto los resultados después del colapso de Lehman Brothers: las sólidas políticas adoptadas en América Latina hicieron posible una expansión para contrarrestar la coyuntura negativa sin las repercusiones que hoy amenazan a Europa.
 
Desde 2003, unos 73 millones de latinoamericanos han salido de la pobreza. En la actualidad, casi un tercio de la población de la región se considera de clase media.
 
América Latina está rompiendo el esquema de desigualdad persistente, entre otras formas, a través del aumento de la participación de las mujeres en la economía, particularmente las mujeres de familias pobres. Colombia y Perú han respaldado esta tendencia impulsando las oportunidades para las personas de origen africano e indígena, a fin de eliminar las divisiones que han explotado los populistas.
 
México y Brasil han estado a la vanguardia de los programas de transferencias monetarias condicionadas, correctamente focalizadas, que han revolucionado la asistencia pública. Estos programas combinan subsidios a los ingresos de las familias pobres con incentivos para que estas se sometan a los controles de salud y mantengan a los niños en la escuela. El programa Oportunidades de México probablemente ha hecho más por la salud de las mujeres que cualquier otra iniciativa en toda la historia el país.
 
Estos son programas de protección social que resultan interesantes para cualquier conservador en materia fiscal: su costo apenas alcanza a alrededor del 0,5% del PIB. El Banco Mundial ha ayudado a exportar este modelo a otros 40 países, desde Pakistán hasta Filipinas. 
 
América Latina se está proyectando a nivel mundial. Ante el estancamiento de las negociaciones sobre el comercio mundial, los principales promotores del libre comercio en América Latina han intentado mantener el impulso. México tiene acuerdos de libre comercio con 59 países, y Chile, con 43.
 
Colombia es un ejemplo importante de cómo una democracia puede combinar la seguridad, el desarrollo y el buen gobierno para ganarles la mano a los narcotraficantes, los secuestradores y los terroristas. Perú demuestra cómo una política económica acertada y el compromiso político a lo largo de distintos gobiernos pueden revertir la situación tras años de estancamiento.
 
La influencia de Brasil va en aumento– a través de sus empresas, su experiencia en la agricultura y la minería, las iniciativas a favor en el desarrollo, el mantenimiento de la paz en Haití, y su interés en África. Los dirigentes de izquierda de Brasil también han dado vuelta la página de la historia manteniendo la democracia. Los nuevos líderes de izquierda de otros países latinoamericanos han comprobado los beneficios del ejemplo de Brasil para los pobres, a diferencia de los líderes autoritarios que destruyen instituciones para consolidar el poder personal o de un determinado partido. 

De cara al futuro
 
¿Qué se espera para América Latina?
 
El ingreso per cápita en  la región equivale solamente al 30% del de Estados Unidos.
 
Para continuar avanzando, las economías latinoamericanas deberán superar la denominada trampa del ingreso medio. Muchas economías en desarrollo logran avances iniciales muy rápidos, pero luego, la productividad y el crecimiento tienden a disminuir.
 
Este es un problema a nivel mundial. Según la clasificación del Banco Mundial, en 1960 había 101 economías de ingreso mediano; en 2008, casi medio siglo después, solamente 13 se habían convertido en economías de ingreso alto, y una de ellas era Grecia.
 
Muchos países latinoamericanos deberán convertir el auge de los productos básicos en economías más amplias y diversificadas. Esta región ya ha pasado por períodos de expansión y contracción.
 
El antídoto para la trampa del ingreso mediano es una mayor productividad.
 
Desde la década de 1980, América Latina no ha invertido suficientemente en infraestructura– electricidad, caminos, puentes, puertos, transporte– ni en el mantenimiento y funcionamiento de esos servicios. En la actualidad, América Latina gasta entre el 2% y el 3% del PIB en infraestructura, lo que representa menos de la mitad de la tasa de inversión en Asia oriental.   
 
Las alianzas público-privadas para el desarrollo de la infraestructura no sólo constituyen una fuente de financiamiento, sino que además mejoran el diseño, el mantenimiento y las operaciones para prestar servicios de alta calidad en forma oportuna.
 
Colombia ha utilizado alianzas público-privadas para el abastecimiento de agua y servicios de saneamiento en zonas urbanas. El nuevo programa de concesiones viales de México ha movilizado proyectos de este tipo por un monto de aproximadamente US$11 000 millones, ampliando así en un 25% la red de principales carreteras de peaje del país.
 
América Latina tiene que anticiparse a sus necesidades de capital humano. La región está envejeciendo a un ritmo acelerado: actualmente alrededor del 11% de la población brasileña en edad de trabajar son personas de la tercera edad; en 2050, esa proporción será de casi 50%.
 
 América Latina también debe mejorar los resultados de sus inversiones en educación. A los 15 años de edad, el nivel de aprendizaje del común de los estudiantes latinoamericanos tiene dos años de retraso con respecto a sus contrapartes de los países desarrollados.
 
América Latina se está dando cuenta de que la igualdad de género tiene sentido desde el punto de vista económico. Hoy día en América Latina las mujeres superan en número a los hombres en la escuela y la universidad. Las mujeres en edad de trabajar representan aproximadamente el 40% de toda la fuerza laboral de la región.
 
Para seguir creciendo, la región deberá aumentar la competencia y la innovación en el sector de servicios. Los servicios competitivos aumentan la productividad. Suministran el “software” de la integración: el transporte, donde los atrasos y pérdidas pueden imponer costos considerables; la tecnología de la información, porque la exactitud de los datos y las comunicaciones eficaces son vitales; los servicios financieros, para establecer condiciones propicias para los negocios, y los servicios logísticos, que contribuyen a impulsar la competitividad de las empresas.
 
Un nuevo programa
 
¿Qué significan estos desafíos para la nueva alianza hemisférica? ¿Qué noticias deberían haber surgido de Cartagena?
 
He de exponer cinco ideas.
 
Primero, el Hemisferio Occidental debe reactivar una política dinámica de libre comercio y reforma económica a nivel mundial y regional. Necesitamos planteamientos nuevos.
 
Estados Unidos reducirá las subvenciones agrícolas, especialmente teniendo en cuenta los elevados precios, y eliminará la protección otorgada al etanol. ¿Por qué esto no ha de servir de estímulo para otros?
 
La liberalización del sector de servicios puede aumentar la productividad, abrir nuevas empresas, crear puestos de trabajo y reducir el “costo latino” que muchos países imponen a sus propias empresas. ¿Por qué no usar esta necesidad económica para reactivar el interés mutuo en las negociaciones?
 
Un marcado interés propio puede impulsar este renovado llamamiento a favor de la liberalización. Las economías de América Latina aun necesitan muchas inversiones y mercados más sólidos de capital, especialmente en monedas nacionales, que puedan ayudar a los empresarios y a las empresas familiares de América Latina a ampliarse.
 
Las inversiones en infraestructura requieren bienes y servicios de capital, como lo está demostrando el proyecto del canal de Panamá del siglo XXI. ¿Por qué no eliminar los obstáculos a fin de bajar el costo de la ampliación de la infraestructura?
 
Una mejor logística torna a las economías más competitivas. Por el índice de desempeño logístico 2012 del Banco Mundial se estimó que el costo de la logística de América Latina es de entre el 16% y el 26% del PIB, que equivale a entre dos y cuatro veces el promedio de Europa o Asia oriental.
 
El Banco Mundial ha ayudado a Colombia y Perú a aplicar un planteamiento de “unificación de trámites” para el despacho de aduana y la gestión de fronteras. En Brasil y Perú, el Banco ha trabajado con expedidores de carga internacionales para poner en contacto a poblados rurales remotos y pequeñas empresas a fin de realizar exportaciones a través de los servicios postales nacionales; en los primeros seis meses más de 300 pequeñas empresas de Perú se convirtieron, la mayoría de ellas por primera vez, en exportadores.
 
Aunque la Organización Mundial del Comercio despliega esfuerzos por concretar un acuerdo de facilitación del comercio, el continente americano podría preparar un acuerdo que enseñe el camino.
 
Los funcionarios de Brasil se centran en el tipo de cambio. Empero, a fin de promover realmente el crecimiento, el objetivo debe ser la productividad. La mejor infraestructura, al igual que los servicios públicos más eficientes y eficaces, pueden ser de ayuda al efecto. El Grupo del Banco Mundial ha puesto en marcha una alianza más profunda con los gobernadores de los estados del nordeste de Brasil a fin de superar estos impedimentos. Sin embargo, con el tiempo, Estados Unidos y los países con los que mantiene relaciones de libre comercio deben trabajar con Brasil para reconstruir las bases para una iniciativa hemisférica a fin de aprovechar los beneficios de la liberación del comercio y las reformas económicas.
 
Hacen falta dos para bailar el tango, y este programa exige cambios por parte de Estados Unidos también. Estados Unidos ya no lidera el programa de régimen abierto de comercio, puesto que recurre cada vez más a medidas defensivas. Estados Unidos tiene sus propios costos elevados de comercio: puertos antiguos y leyes de protección de intereses particulares.
 
Estados Unidos debería colaborar con los países del continente americano con los que actualmente mantiene relaciones de libre comercio para profundizar los lazos de desarrollo, reforma e inversiones.
 
La arquitectura actual de los acuerdos de libre comercio celebrados por Estados Unidos en el hemisferio brinda un sólido marco legal, pero debe evolucionar para convertirse en foro de un diálogo continuo entre países y con empresas, círculos académicos, la sociedad civil y los que se ocupan del medio ambiente, para ver qué más se puede hacer para reducir los costos y los obstáculos y para crear oportunidades.
 
Estados Unidos y los países con los que mantiene relaciones comerciales podrían estudiar la integración progresiva de los acuerdos de libre comercio, por ejemplo, ampliando las disposiciones para acumular insumos entre los países que mantienen relaciones comerciales y reunir al mismo tiempo las condiciones de libre comercio.
 
Estados Unidos debe dinamizar su red de acuerdos hemisféricos de libre comercio, con nexos con las políticas comerciales y de inversiones y la mejora de la gestión de gobierno.
 
Una nueva idea de red de acuerdos de libre comercio en el continente americano también podría servir de respaldo al desarrollo con inclusión y sostenible como fundamento de sociedades y fronteras abiertas.
 
Segundo, la innovación en el sector de la energía, dirigida por Estados Unidos, podría transformar la seguridad energética de América del Norte, el hemisferio y el mundo.
 
En 2008, con importaciones se satisfizo el 70% de la demanda de petróleo de Estados Unidos. Para 2020, PFC Energy estima que las importaciones podrían llegar a cubrir el 40% de la demanda de petróleo de Estados Unidos, o aun el 20% si se cuenta al petróleo canadiense como parte del mercado interno. Si se agrega el gas natural para Canadá y Estados Unidos, las importaciones netas de energía de Estados Unidos provenientes del resto del mundo podrían bajar y llegar a satisfacer el 5% de la demanda de Estados Unidos. Se trata de un cambio asombroso de las reglas de juego en materia de energía.
 
Si México abre PEMEX a las inversiones externas reales, las perspectivas son aun mejores. Con el descubrimiento de los gigantescos yacimientos PRESAL de petróleo y de gas de ultramar, Brasil puede cumplir un papel importante de suministro de petróleo y gas en la región.
 
Aun así es preciso conectar a estas fuentes de energía, a través de la infraestructura, con países de América central y el Caribe en los que se han registrado elevados precios y un acceso limitado. El aumento de la eficiencia y las fuentes alternativas también podrían ayudar a los pobres en materia energética. Ya es hora de contar con una política energética para el hemisferio, en la que se conjuguen consideraciones relativas al crecimiento con inclusión, el medio ambiente y los intereses de las comunidades indígenas.
 
Tercero, esta nueva alianza hemisférica debe romper con la vieja estructura de la diplomacia. Ahora hay sectores privados pujantes en todo el hemisferio. Los desafíos que plantean superar la trampa del ingreso medio y las reformas estructurales a fin de aumentar la productividad precisan del asesoramiento y las soluciones del sector privado. En todo el mundo en desarrollo, el Banco Mundial está enfrentando un nuevo pragmatismo en torno a la incorporación del sector privado en las esferas que solían ser de monopolio público, a saber: infraestructura; educación; atención de salud; capacitación, y prestación de servicios públicos sociales. Las economías adelantadas como Estados Unidos también deberían tomar nota.
 
Con todo, los diálogos entre los gobiernos y las empresas pueden ser eventos estrictamente formales. La Cumbre de las Américas, y tal vez el Diálogo, deben analizar qué planteamientos dan mejor resultado y por qué. Con algunas orientaciones, las empresas pueden establecer un mejor vínculo entre las posibilidades y las políticas. Los gobiernos pueden comprometerse a dar respuestas, asumir compromisos, proceder a la apertura y producir resultados.
 
Cuarto, el nuevo programa hemisférico debería ayudar al total de los 35 países a superar las amenazas de seguridad para el crecimiento y la oportunidad.
 
Los gobiernos frágiles de América central corren el riesgo de verse abrumados por la delincuencia y la violencia vinculadas con el tráfico de drogas, la delincuencia organizada, las pandillas y la potencia de fuego. En España, país que tiene aproximadamente la misma cantidad de población que América central, se registran alrededor de 400 asesinatos por año; en 2010, en América central se registraron más de 18 000.
 
La región paga un precio económico elevado por esta inseguridad, de hasta el 8% del PIB. Se está deteriorando la legitimidad básica de los gobiernos y las instituciones. Alrededor de la mitad de los habitantes de América central afirma que podría justificarse un golpe militar cuando los niveles de delincuencia son elevados.
 
Las experiencias de Medellín y Río de Janeiro han demostrado que la mejor manera de combatir la inseguridad provocada por la delincuencia es a través de un planteamiento integrado, a saber: combinando la intensificación de la vigilancia, la prevención y las inversiones en la comunidad. Es posible lograr cambios profundos con rapidez. Es indispensable la sólida cooperación regional.
 
Lamentablemente en Estados Unidos existe la tendencia a ignorar los peligros de América central hasta que explotan. Esta vez, la diplomacia de Estados Unidos debería colaborar con México, Colombia y Panamá para formular una estrategia coherente y no soluciones de parche. Al igual que en Colombia, el sector privado de América central también debe ser parte de la solución. Y Estados Unidos también debe asumir la responsabilidad de los hábitos tóxicos de sus habitantes que impulsan la demanda de estupefacientes provenientes del sur.
 
La fragilidad del Caribe es otro punto débil. Sin embargo las pequeñas economías pueden ser competitivas en muchos sectores. La aceleración de la integración en el Caribe puede redundar en el intercambio de servicios, el aumento de la resistencia y la mejora de las perspectivas económicas.
 
América Latina también debería aspirar a cumplir un papel más importante en la seguridad mundial, a través de pasos prácticos, no de las políticas del pasado del antiguo Grupo de los Setenta y Siete (G-77). Mi amigo y ex colega, Bernie Aronson ha propuesto, por ejemplo, que Brasil podría encabezar el esfuerzo poniendo voluntariamente fin a su programa de enriquecimiento de uranio y exhortando después a otras naciones, como Irán, a seguir su ejemplo. Si Brasil quiere ayudar a configurar el siglo XXI, su liderazgo –en las ideas y la acción- para impedir la proliferación de armas nucleares enviaría una señal contundente.
 
Quinto, el debate acerca de Cuba que tuvo lugar en Cartagena sonó como un eco de tiempos pasados. Hay que mirar hacia delante, no hacia atrás.
 
Los días de Chávez están contados. Si se eliminan los subsidios que otorga a Cuba y Nicaragua, los regímenes de estos países encararán problemas. Los demócratas de América Latina, de izquierda, centro y derecha, deberían prepararse. Los llamamientos en favor de la democracia, para terminar con la intimidación de los matones y velar por el cumplimiento de los derechos humanos, las elecciones justas y el imperio de la ley, deben venir de todas las ciudades capitales del continente.
 

Pronto surgirá la oportunidad de convertir al hemisferio occidental en el primer hemisferio democrático. Ya no será un lugar de golpes de Estado, caudillos y cocaína, sino de democracia, desarrollo y dignidad.
 
Esta transformación no se logrará con la doctrina Calvo. Con populistas que promuevan la división. Con corrupción. Con conformismo. Con silencio.
 
Ustedes saben bien que si los latinoamericanos dejan la tarea en manos de Washington y Ottawa, los que se oponen a la libertad y los derechos humanos jugarán la carta del avance "gringo" y el neoimperialismo. Gánenles de mano.
 
Conclusión
 
Para Estados Unidos, la conformación de una nueva alianza en el hemisferio occidental ofrece también oportunidades para encarar una renovación interna.
 
Cuando se debate sobre las cuestiones macroeconómicas, que sin duda son importantes (políticas fiscales y monetarias), se corre el riesgo de pasar por alto los incentivos microeconómicos y las reformas estructurales en Estados Unidos.
 
Energía. Infraestructura. Educación. Capital humano. Competencia. Medio ambiente. Innovación. Estados Unidos también debe eliminar las antiguas rigideces que afectan la perspectiva sobre estas nuevas áreas fundamentales.
 
Debe asimismo sacar provecho de la energía, la inteligencia y la iniciativa de todos sus ciudadanos.
 
Como ha señalado mi amigo Luis Alberto Moreno, del Banco Interamericano de Desarrollo, los 50 millones de personas que integran la comunidad hispana en Estados Unidos constituyen un mercado creciente, una fuente de emprendimientos y un recurso valioso para la estrategia económica del hemisferio. El poder adquisitivo de la población latina en Estados Unidos supera el US$1 billón y excede el de las economías de todos los países de América Latina con excepción de Brasil.
 
Según la Oficina de Censos de Estados Unidos, en el país hay entre dos y tres millones de empresas cuyos propietarios integran la comunidad hispana. Muchas de ellas son pequeñas, pero generan puestos de trabajo, perciben ingresos y pagan impuestos.
 
En vista del crecimiento de América Latina, las empresas hispanas de Estados Unidos constituyen un activo sumamente valioso. Los hispanos de Estados Unidos podrían ubicarse en la vanguardia de la nueva economía del hemisferio occidental.
 
Estas pequeñas y medianas empresas hispanas necesitarán ayuda para ampliar sus actividades: información sobre los mercados, financiamiento y servicios de gestión de riesgos. Para lograr mayor eficacia, esta ayuda debería suministrarse a través de canales descentralizados; quizá podría recurrirse a las cámaras de comercio de las ciudades y los Estados donde se ubica la mayor parte de las empresas hispanas. La Agencia Federal para el Desarrollo de la Pequeña Empresa, la Corporación de Inversiones Privadas en el Extranjero (OPIC), el Banco de Exportación e Importación (Ex-Im Bank), el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial podrían colaborar aportando sus recursos.
 
La economía mundial aún lucha para recuperarse del fuerte golpe que sufrió, el más grave desde la década de 1930. Europa está en zona de peligro. El liderazgo de Estados Unidos sigue siendo fundamental para atravesar la tormenta y llegar a una economía mundial con múltiples polos de crecimiento.
 
Por este motivo, las noticias provenientes de la Cumbre de Cartagena fueron desalentadoras.
 
No es momento de divagaciones, de antiguos debates sobre el norte y el sur, de retiradas hacia las fronteras, de viejas mentalidades ni dependencias obsoletas.
 
Es el momento de que el Nuevo Mundo vuelva a inspirar ideas innovadoras sobre desarrollo, crecimiento, reformas estructurales, imperio de la ley y derechos humanos, democracia y seguridad.
 
Este Diálogo debería imponerse metas ambiciosas: lograr que el hemisferio occidental moldee la etapa de la globalización que está por iniciarse, de modo que en el futuro los historiadores no titulen este próximo capítulo como "La decadencia del Nuevo Mundo", sino "Globalización: Hecho en las Américas".

 

 


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