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Los desastres perjudican sobre todo a las personas pobres y vulnerables. De todas las muertes causadas por peligros relacionados con fenómenos atmosféricos, el clima y el agua, el 91 % se produjo en economías en desarrollo, según la clasificación de los países establecida por las Naciones Unidas, que abarca desde 1970 hasta 2019. La proporción es similar a la que se registra en la clasificación de los países del Banco Mundial, donde el 82 % de las muertes ocurrieron en países de ingreso bajo y mediano bajo.

Asimismo, en el informe del Banco Mundial titulado Gender Dimensions of Disaster Risk and Resilience (2021) (i) (Las dimensiones de género del riesgo de desastres y la resiliencia) se revela que las mujeres, en particular, enfrentan obstáculos a la hora de obtener información y recursos necesarios para prepararse, responder y afrontar adecuadamente los desastres.

Desde 1980, los desastres ocasionados por peligros naturales han causado la muerte de más de 2,4 millones de personas y pérdidas por valor de USD 3,7 billones en todo el mundo, con un aumento de los daños totales de más del 800 % (i), de USD 18 000 millones anuales en la década de 1980 a USD 167 000 millones anuales en el último decenio.

En el informe del Banco Mundial titulado Shock Waves (2016) (i) (Ondas de choque), se indica que casi el 75 % de las pérdidas se puede atribuir a fenómenos atmosféricos extremos, y que para 2030 el cambio climático amenaza con empujar a otros 100 millones de personas a la pobreza extrema. Por su parte, en el informe del Banco titulado Unbreakable (2017) (i) (Indestructibles) se señala que los desastres naturales han causado impactos cuantiosos y perdurables en términos de pobreza.

El crecimiento de la población y la rápida urbanización están impulsando el aumento de los riesgos de desastres. Según las Naciones Unidas (PDF, en inglés), para 2050, más de dos terceras partes de la población mundial vivirá en ciudades. En el informe del Banco Mundial titulado Aftershocks (2018) (Réplicas) se explica que esta tendencia podría poner en riesgo, solo considerando las inundaciones fluviales y costeras, a 1300 millones de personas y USD 158 billones en activos.

Según el informe del Banco titulado Investing in Urban Resilience (2016) (Invertir en la resiliencia urbana), si, para 2030, no se realizan inversiones significativas para lograr que las ciudades sean más resilientes, los peligros naturales probablemente generarán pérdidas equivalentes a USD 314 000 millones anuales en las ciudades de todo el mundo.

Por el contrario, el beneficio neto de invertir en infraestructura más resiliente en los países de ingreso bajo y mediano ascendería a USD 4,2 billones, lo que representa un rendimiento de USD 4 por cada dólar invertido, según el reciente informe del Banco Mundial titulado Lifelines (2019) (Servicios esenciales). Esas inversiones pueden mejorar la calidad y la resiliencia de servicios básicos, como el transporte o el abastecimiento de agua y electricidad, y contribuir así a crear sociedades más resilientes y prósperas.

Si en la planificación del desarrollo se integra la gestión del riesgo de desastres, la actual tendencia al aumento de los impactos de las catástrofes naturales se puede revertir. Además, cuando después de los desastres los países se reconstruyen de manera más sólida, rápida e inclusiva (i), se reducen las consecuencias en los medios de subsistencia y el bienestar de las personas en hasta un 31 %, y posiblemente también las pérdidas medias mundiales.

Es sabido, también, que los sistemas sanitarios están en la primera línea de la prestación de servicios médicos críticos durante las emergencias, y la pandemia de COVID-19 hizo tomar mayor conciencia de esta cuestión. El informe del Banco titulado Frontline (2021) (Primera línea) contiene recomendaciones sobre cómo preparar mejor los sistemas sanitarios para responder a las crisis, que abarcan desde los aumentos estacionales de la demanda hasta las pandemias, el cambio climático y los desastres. Dichas recomendaciones se basan en las lecciones aprendidas a partir de las prácticas de gestión del riesgo de desastres y las emergencias y se proponen cinco áreas de acciones prioritarias para lograr servicios de salud más confiables y resistentes a las crisis.

The World Bank

Si los países actúan de manera decidida, se pueden salvar vidas y bienes. Sin embargo, muchos países de ingreso bajo y mediano no cuentan con los mecanismos, la experiencia ni los instrumentos necesarios para integrar las posibles consecuencias de los desastres en sus decisiones de inversión. La función del Banco Mundial consiste en respaldar las medidas que adopten las comunidades y los países para reducir los riesgos, prepararse para desastres y recuperarse tras ellos, integrando la gestión del riesgo de desastres y la adaptación al cambio climático en las estrategias y los programas de desarrollo.

Última actualización: Oct 19,2021

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