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Gestión del riesgo de desastres

  • Los pobres y vulnerables son los más perjudicados por los desastres. Entre 1998 y 2018, el 91 % de las muertes relacionadas con tormentas se registraron en países de ingreso bajo y mediano, pese a que solo el 32 % de estas perturbaciones atmosféricas se produjeron en esos países.

    Desde 1980, los desastres ocasionados por peligros naturales han causado la muerte de más de 2 millones de personas y pérdidas por valor de USD 3 billones, con un aumento de los daños totales de más del 600 % (i), de USD 23 000 millones anuales en la década de 1980 a USD 150 000 millones anuales en el último decenio.

    En el informe del Banco Mundial titulado Shock Waves (Ondas de choque) (i) se revela que casi el 75 % de esas pérdidas se puede atribuir a desastres climáticos extremos, y que para 2030 el cambio climático amenaza con empujar a otros 100 millones de personas a la pobreza extrema. Por su parte, en el informe del Banco titulado Unbreakable (Indestructibles) (i) se concluye que los desastres naturales han provocado impactos cuantiosos y duraderos sobre la pobreza.

    El crecimiento de la población y la rápida urbanización están impulsando el aumento de los riesgos de desastres. Naciones Unidas (i) calcula que para 2050 más de dos tercios de la población mundial vivirá en ciudades. En el informe del Banco Mundial Aftershocks (Réplicas) se explica que estas tendencias podrían poner en riesgo, solo considerando las inundaciones fluviales y costeras, a 1300 millones de personas y USD 158 billones en activos.

    Según el informe del Banco Investing in Urban Resilience (Invertir en la resiliencia urbana), en 2030, debido a la falta de inversiones urbanas para mejorar la capacidad de adaptación, los desastres naturales probablemente generarán pérdidas equivalentes a USD 314 000 millones anuales en las ciudades de todo el mundo.

    Por el contrario, el beneficio neto de invertir en infraestructura más resiliente en los países de ingreso bajo y mediano ascendería a USD 4,2 billones, lo que representa un rendimiento de USD 4 por cada dólar invertido, según el reciente informe del Banco Mundial titulado Lifelines (Servicios esenciales). Esas inversiones pueden mejorar la calidad y la resiliencia de servicios básicos —como el transporte o el abastecimiento de agua y electricidad— y contribuir así a crear sociedades más resilientes y prósperas.

    Si en la planificación del desarrollo se integra la gestión del riesgo de desastres, la actual tendencia al aumento de los impactos de las catástrofes naturales se puede revertir. Además, cuando después de los desastres los países se reconstruyen de manera más sólida, rápida e inclusiva (i), se reducen  las consecuencias en los medios de subsistencia y el bienestar de las personas en hasta un 31 %, y posiblemente también las pérdidas medias mundiales.

    Si los países actúan de manera decidida se pueden salvar vidas y bienes. Sin embargo, muchos países en desarrollo no cuentan con los mecanismos, la experiencia ni los instrumentos necesarios para integrar las posibles consecuencias de los fenómenos naturales adversos en sus decisiones de inversión.

    Última actualización: Abr 14,2020

  • Durante la última década, el Banco Mundial se ha convertido en líder mundial en materia de gestión de riesgos de desastres, ayudando a los países clientes a evaluar su exposición a peligros y a abordar los riesgos que les son inherentes. El Grupo Banco Mundial (GBM) proporciona asistencia técnica y financiera para la evaluación y reducción de riesgos, la preparación, la protección financiera, así como para la recuperación y reconstrucción resiliente.

    La inversión anual del Banco Mundial en gestión de riesgos de desastres ha aumentado de manera constante en los últimos seis años: de USD 3500 millones en el ejercicio de 2012 a USD 4600 millones en el ejercicio de 2019. Al brindar apoyo en este ámbito, el GBM promueve un enfoque integral y multisectorial para abordar la gestión del riesgo de desastres. Además, todos sus proyectos se evalúan ahora en función del clima y los riesgos de desastres a fin de velar por el aumento de la capacidad de adaptación de las personas sobre el terreno.

    Los expertos del Banco Mundial en gestión de riesgos de desastres se agrupan en las Prácticas Mundiales de Desarrollo Urbano, Gestión de Riesgos de Desastres, Resiliencia y Tierras (i) y lideran la colaboración con los países clientes en estas materias. El Fondo Mundial para la Reducción de los Desastres y la Recuperación (GFDRR) (i) es una alianza administrada por el Banco Mundial y que cuenta con el apoyo de 33 países y 11 instituciones internacionales. Además, actúa como organismo técnico y de financiamiento que respalda las acciones en materia de gestión de riesgos de desastres en todo el Grupo Banco Mundial.

    Tal como se refleja en su Plan de Acción de Adaptación al Cambio Climático y Resiliencia (i), el Grupo Banco Mundial está haciendo de esas actividades una prioridad clave, al mismo nivel que las medidas de mitigación del cambio climático. A través del Plan de Acción, el Banco Mundial se compromete a:

    1. impulsar el financiamiento para la adaptación hasta alcanzar USD 50 000 millones en los ejercicios de 2021 a 2025, más del doble que durante los ejercicios de 2015 a 2018;
    2. promover un enfoque programático generalizado aplicable a todo el Gobierno, y
    3. desarrollar un nuevo sistema de calificación para crear incentivos y mejorar el seguimiento de los avances mundiales en materia de adaptación y resiliencia.

    El enfoque del Banco Mundial consiste en implementar su estrategia organizándola en áreas de trabajo, que apoyan las acciones descritas en el Marco de Sendai y contribuyen al logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y el Acuerdo de París. Estas áreas de trabajo incluyen:

    Ciencia e innovación en la gestión de riesgos de desastres

    Para aumentar la resiliencia frente a los peligros naturales es esencial que las comunidades y los Gobiernos tengan acceso a información sobre el riesgo de desastres que sea comprensible y aplicable. El GFDRR y el Banco Mundial siguen aumentando el acceso a la información sobre el riesgo de desastres (i) mediante el apoyo a los avances científicos, tecnológicos y en materia de innovación que pueden mejorar la comprensión del riesgo de desastres y ayudar a lograr este objetivo.

    La promoción de la infraestructura resiliente

    Los servicios públicos básicos se interrumpen con frecuencia después de un desastre. Por ello, cuando se procede tanto a su restablecimiento como a su mantenimiento, y para que los principios de gestión del riesgo de desastres queden integrados en su diseño, se precisan financiamiento y asesoramiento técnico. El éxito de un programa dedicado a la construcción de escuelas más seguras (i) ha llevado a la creación de programas en otros sectores críticos, como el transporte y el abastecimiento de agua. El informe Servicios esenciales puso de manifiesto que los desastres provocan unos USD 18 000 millones anuales en daños directos a la infraestructura de energía y transporte, y que las alteraciones resultantes en la infraestructura tienen amplios costos socioeconómicos para las empresas y los hogares. Por consiguiente, las inversiones específicas para crear infraestructura resiliente generan un beneficio de USD 4 por cada dólar invertido.

    El cambio climático pone en riesgo billones de dólares de inversiones en transporte, y esta es la razón por la que la resiliencia —y especialmente la resiliencia vial— es también una parte clave del programa del Banco Mundial. El Banco trabaja con los países para aumentar la resiliencia de los sistemas de transporte mediante estrategias como aumentar la redundancia, llevar a cabo esfuerzos de todo el sistema para abordar cuestiones relacionadas con las normas, los métodos y los materiales, y aumentar la eficacia de la preparación y las respuestas a fenómenos climáticos extremos.

    Los sistemas hídricos son otra área fundamental de las estrategias de adaptación al cambio climático. Nueve de cada 10 desastres se relacionan con el agua, y esos riesgos producen un efecto dominó en los sistemas alimentarios, energéticos, urbanos y ambientales. El Banco Mundial promueve las inversiones en soluciones basadas en la naturaleza que aprovechan el poder de la infraestructura ecológica, como los manglares y los humedales, para que desempeñen una función de mayor importancia en la planificación de la infraestructura tradicional. Este esfuerzo puede generar servicios de menor costo y aumentar la resiliencia.

    Aumentar la resiliencia de las ciudades

    La rápida urbanización de los países en desarrollo requiere inversiones sustanciales y bien planificadas en infraestructura para satisfacer las crecientes demandas de recursos, fomentar el crecimiento económico y promover el desarrollo social. También es de esencial importancia garantizar que toda infraestructura se construya hoy sea resiliente frente a los desastres y al cambio climático, mediante el acceso a información sólida y de alta resolución sobre los riesgos y a través de incentivos apropiados para aumentar las especificaciones del diseño que generen resiliencia. En 52 países de todo el mundo se realizan actividades destinadas a aumentar la resiliencia de las ciudades de hoy y de mañana.

    El Programa de Resiliencia Urbana (CRP) (i) —una alianza entre el Banco Mundial y el GFDRR establecida en junio de 2017— es una iniciativa de múltiples donantes orientada a incrementar el financiamiento que promueve la resiliencia de las ciudades. El CRP tiene como objetivo apoyar la construcción de ciudades resilientes con capacidad para planificar y mitigar los efectos adversos de los desastres y el cambio climático, permitiéndoles así salvar vidas, reducir pérdidas y desarrollar su potencial económico y social. Para ello, el CRP contribuye a que las ciudades dispongan de los conocimientos técnicos y los instrumentos necesarios para planificar eficazmente la resiliencia (Planificación para la resiliencia), acceder a múltiples fuentes de financiamiento que garanticen que las inversiones en resiliencia previstas se hagan realidad (Financiamiento para la resiliencia) y aprovechar las alianzas mundiales en apoyo de sus objetivos de resiliencia (Alianzas para la resiliencia). Desde su creación, el CRP ha dado apoyo a más de 90 ciudades en más de 50 países, donde ayuda a comprender las pautas espaciales de desarrollo, los factores de riesgo ambiental y las futuras trayectorias de crecimiento con el fin de facilitar la planificación de la resiliencia, a la vez que involucra a un ecosistema de instituciones financieras internacionales, donantes y asesores financieros que entregan financiamiento conjunto.

    Fortalecer los servicios hidrometeorológicos y los sistemas de alerta temprana

    Los crecientes costos de los desastres han aumentado la necesidad de tener información precisa, oportuna y utilizable sobre los probables impactos de los peligros meteorológicos, climáticos e hidrológicos. Los servicios hidrometeorológicos (i) proporcionan experiencia técnica y fortalecimiento de la capacidad tanto a los Gobiernos que apoyan el diseño de programas de modernización del sector hidrometeorológico, como a través de la participación en la Iniciativa de Servicios Hidrometeorológicos en África del Banco Mundial y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) (i) y en la Iniciativa de Riesgo Climático y Sistemas de Alerta Temprana (CREWS) (i).

    Aumentar la protección financiera

    Los desastres causados por peligros naturales infligen un promedio de USD 165 000 millones en pérdidas financieras cada año, que superan con creces los fondos para el desarrollo disponibles. El Mecanismo de Financiamiento de Riesgos Mundiales (GRiF) (i), que se puso en marcha en 2018 y es coadministrado por el GFDRR y el Departamento de Prácticas Mundiales de Finanzas, Competitividad e Innovación, contribuye a reforzar la resiliencia financiera de los países vulnerables mediante el establecimiento de nuevos mecanismos de financiamiento de riesgos —o la ampliación de los ya existentes—, incluidos los seguros y otros instrumentos basados en el mercado.

    Crear resiliencia social

    Los grupos marginados a nivel social son particularmente vulnerables a los efectos de los peligros naturales debido a la combinación de diversos factores, como el contexto geográfico; la situación financiera, socioeconómica, cultural y de género, y el acceso a los servicios, la toma de decisiones y la justicia. El programa relacionado con la resiliencia social (i) refuerza la capacidad de resiliencia de estos grupos vulnerables promoviendo enfoques impulsados por la comunidad para enfrentar los riesgos.

    Consolidar las actividades de resiliencia frente al cambio climático

    El Banco Mundial y el GFDRR ayudan a los países a comprender mejor sus riesgos climáticos y proporcionan asistencia en el diseño y la implementación de inversiones para que incluyan medidas de resiliencia frente al clima. Por ejemplo, la Iniciativa para la Resiliencia de los Pequeños Estados Insulares (i) reúne a expertos nacionales que trabajan en el ámbito de la gestión de riesgos de desastres y de la adaptación al clima, y entrega un apoyo más armonizado en materia de resiliencia a los pequeños Estados insulares.

    Garantizar una capacidad de respuesta resiliente y eficaz para hacer frente a los riesgos existentes y emergentes

    Ante la amenaza inminente de un desastre, o después de ocurrido este, los equipos de primeros auxilios (bomberos, ambulancias, policía) y los organismos de protección civil son fundamentales para dar una respuesta oportuna, adecuada, eficaz y eficiente con la que limitar los efectos ulteriores del desastre —como los incendios tras un terremoto—, salvar vidas, reducir al mínimo los daños, y tranquilizar a la ciudadanía afectada. Sin embargo, muchos de los edificios que albergan estos servicios de primeros auxilios y de protección civil son en sí mismos vulnerables a los daños en caso de desastre, y sus sistemas de comunicaciones, energía y agua corren un alto riesgo de sufrir averías. Además, los riesgos están modificándose en las ciudades: por un lado, el cambio climático trae consigo lluvias más intensas y la necesidad de realizar rescates rápidos en medios acuáticos y ahora hay edificios de mayor altura que requieren diferentes tipos de equipos de rescate, y por otro, sencillamente, hay poblaciones en crecimiento que no están cubiertas de manera suficiente por servicios de emergencia limitados. El Banco Mundial y el GFDRR brindan apoyo a los países para que identifiquen los desafíos y diseñen estrategias prácticas y planes de inversión dirigidos a asegurar que los equipos de primeros auxilios y las autoridades de protección civil están preparados para los riesgos que se avecinan.

    Facilitar la recuperación resiliente

    El Banco Mundial y el GFDRR ayudan a los países a realizar evaluaciones de los daños y las necesidades posteriores a un desastre, así como de los programas de recuperación y reconstrucción, sobre la base del principio de reconstruir mejor (i). Se hace hincapié en la elaboración y distribución de productos de conocimientos (i) para fortalecer la capacidad de las principales partes interesadas en la planificación para la recuperación y la preparación rápidas frente a futuros desastres.

    Promover la resiliencia al cambio climático e impulsar la igualdad de género son aspectos centrales en estas áreas de trabajo, y estos dos temas se encuentran incorporados en todas las actividades relacionadas con la gestión de riesgos de desastres que realiza el Banco Mundial.

    Última actualización: Abr 14,2020

  • Los resultados incluyen:

    • Cuando comenzó en enero la crisis provocada por la COVID-19, las autoridades de Gobierno responsables de la respuesta a desastres tuvieron que hacerse presente en la primera línea contra la pandemia. En la actualidad, organismos gubernamentales de todo el mundo están aplicando las habilidades, los conocimientos y los sistemas operacionales diseñados para catástrofes con el fin de contener y gestionar el brote. Como ejemplos cabe citar al Departamento para Situaciones de Emergencia de Rumania (i), la Dirección General de Protección Civil de Italia (i) y el Organismo Nacional de Gestión de Desastres de Indonesia (i).
    • El Proyecto de Ciudades y Cambio Climático de Mozambique (i), financiado con un crédito de USD 120 millones de la Asociación Internacional de Fomento (AIF), incluye un sistema de drenaje de aguas pluviales cuyos 11 kilómetros de canales y sistemas de control de inundaciones evitan que la ciudad se inunde, reforzando su resiliencia frente a los peligros relacionados con el clima. Poco después de los ciclones Idai y Kenneth, que afectaron a millones de personas, el puerto de Beira volvió a funcionar y la ciudad se limpió, en parte gracias a este proyecto. El proyecto también incluye alumbrado público alimentado por energía solar, que en un momento dado fue la única fuente de luz eléctrica en la ciudad.
    • Para contribuir a la recuperación de los efectos de los ciclones, el Banco Mundial anunció un apoyo de casi USD 700 millones para Mozambique, Malawi y Zimbabwe. Por su parte, Mozambique recibió USD 350 millones del Servicio de Respuesta ante las Crisis de la AIF para restablecer el suministro de agua y reconstruir la infraestructura pública y los cultivos dañados. Este financiamiento apoya la prevención de enfermedades, la seguridad alimentaria, la protección social y los sistemas de alerta temprana en las comunidades afectadas.
    • Como parte de la respuesta del Banco Mundial al terremoto y el tsunami de 2018 (i) en Indonesia, en Sulawesi central se realizó un estudio de las zonas afectadas por los daños utilizando una evaluación rápida de los daños después de un desastre (GRADE) (i), un método a distancia basado en investigación documental que se aplica a pedido poco después de un desastre.
    • Las soluciones basadas en la naturaleza ayudan a los países a utilizar sus propios ecosistemas para crear resiliencia, evitar la mala adaptación y proteger su biodiversidad. Desde 2012, el Banco Mundial ha financiado 76 inversiones y actividades que utilizan esas soluciones para reducir las inundaciones, la erosión costera, los deslizamientos de tierra y las sequías. En colaboración con el Instituto de Recursos Mundiales, el Banco Mundial publicó un informe (i) en que se muestra cómo al entrelazar el poder de los sistemas naturales “verdes” —como llanuras aluviales y bosques— con el de los sistemas tradicionales “grises” de infraestructura se pueden reducir los costos y aumentar la resiliencia.
    • A través del proyecto Ciudades Abiertas de África (i), el Banco Mundial y el GFDRR se han asociado con Gobiernos y comunidades locales de 12 ciudades de la región para recopilar e intercambiar información sobre los riesgos. Entre 2018 y 2019, equipos locales mapearon más de medio millón de accidentes geográficos y más de 30 000 kilómetros de carreteras, capacitaron a aproximadamente 500 personas en cartografía digital (con una tasa de participación femenina del 41 %) y captaron cientos de kilómetros cuadrados de imágenes desde aeronaves teledirigidas que ayudarán a configurar el diseño de soluciones para la gestión del riesgo de desastres. 
    • El Banco Mundial reconoce el papel esencial de la cultura en la planificación y el financiamiento de proyectos para ciudades que han sufrido los efectos de desastres y guerras. El Banco y la UNESCO propusieron un marco conjunto de trabajo en el documento expositivo titulado Culture in City Reconstruction and Recovery (CURE) (La cultura en la reconstrucción y recuperación urbana) (i). El marco es un enfoque basado en la cultura para la reconstrucción y la recuperación de las ciudades en situaciones de posconflicto, posteriores a desastres y de emergencia urbana, que tiene en cuenta las necesidades, los valores y las prioridades de las personas.
    • En el contexto del principio de “reconstruir mejor” (i) aplicado por el Banco Mundial para reducir las pérdidas anuales relacionadas con los desastres, el Programa Mundial de Vivienda Resiliente tiene por objeto ayudar a los países, las ciudades y las comunidades a “construir mejor antes” del próximo desastre, haciendo que las viviendas sean más seguras y resilientes a los peligros naturales y al cambio climático.
    • En el marco del Desafío de Diseño de Hogares Resilientes, organizado por el Banco Mundial, Build Academy, el GFDRR y ONU-Hábitat, se pidió a arquitectos, ingenieros, diseñadores y estudiantes que formularan diseños de viviendas asequibles, resilientes frente a los desastres y sostenibles para las personas que viven en zonas afectadas o vulnerables a los desastres naturales. En diciembre de 2018 se anunciaron los ganadores de entre más de 300 propuestas grupales enviadas por más de 3000 profesionales de más de 120 países.
    • En el Líbano, la segunda fase del Plan Maestro Integral de Resiliencia Urbana para la Ciudad de Beirut (i) se diseñó para mejorar la comprensión técnica de los principales riesgos sísmicos, de inundación y costeros que enfrenta la ciudad, beneficiándose a más de 500 000 personas. El proyecto establece un sistema centralizado de gestión de riesgos a nivel municipal y una estrategia de resiliencia urbana, que ayudará a movilizar las inversiones de la ciudad para reducir los riesgos. 
    • Mediante el Proyecto de Mejora de la Resiliencia de Kirguistán (i), el Banco Mundial y el GFDRR están ayudando a la República Kirguisa a aplicar su programa estatal de seguridad en las escuelas y los centros preescolares, que tiene por objeto mejorar la seguridad, para el año 2024, de los 3228 centros educativos del país, que abarcan a 1,5 millones de estudiantes kirguises. En Turquía, un nuevo proyecto (i) tiene por objeto proporcionar escuelas seguras y resilientes a 280 000 alumnos y docentes para el año 2025. Estos proyectos se basan en la experiencia adquirida en proyectos similares emprendidos en otros países a través del Programa Mundial para la Seguridad de las Escuelas (i).
    • Tras los devastadores desprendimientos de tierras ocurridos en 2017 en Sierra Leona, el Grupo Banco Mundial y el GFDRR apoyaron el Marco de Evaluación y Recuperación Rápida de Daños y Pérdidas tras los Deslizamientos de Tierras y las Inundaciones (i). La evaluación ayudó a orientar el diseño del Proyecto de Recuperación de Emergencia de Freetown (i) en apoyo del programa de recuperación resiliente del Gobierno, para 1) rehabilitar y reconstruir la infraestructura dañada, 2) recuperar la zona afectada por los deslizamientos de tierras, y 3) fortalecer la capacidad de gestión del riesgo de desastres y de alerta temprana.
    • Con el apoyo de la Unión Europea (UE), el GFDRR está gestionando dos nuevos programas que brindarán apoyo a los países del Caribe (i) en la planificación de estrategias de resiliencia a largo plazo y de crecimiento respetuoso con el clima, así como en el diseño y la aplicación de innovadoras políticas e iniciativas de inversión. El Servicio Regional de Fortalecimiento de la Resiliencia del Caribe ayudará a 15 países de la región a incorporar la resiliencia, reducir la vulnerabilidad y ampliar la protección financiera contra los desastres. El Programa de Asistencia Técnica para el Financiamiento y el Seguro contra Riesgos de Desastre en los Países y Territorios de Ultramar del Caribe (OCT) ayudará a estos países y territorios a comprender su exposición financiera a los desastres y sus opciones de protección financiera, y contribuirá al intercambio de conocimientos entre ellos.
    • También en el Caribe, un nuevo programa denominado Servicio de Resiliencia del Caribe y Canadá (i) ayudará a mejorar la preparación, las intervenciones de recuperación y las prácticas de gestión de las finanzas públicas en Antigua y Barbuda, Belice, Dominica, Granada, Guyana, Jamaica, Santa Lucía, Suriname, y San Vicente y las Granadinas.
    • El Grupo Banco Mundial, en colaboración con las personas que viven a lo largo de la costa de África occidental, elaboraron el Programa de Ordenación de las Zonas Costeras de África Occidental (WACA) (i). Su objetivo es mejorar la gestión de los riesgos naturales y antropogénicos comunes que afectan a las comunidades costeras. El programa WACA proporciona a los países acceso a conocimientos técnicos y financiamiento para apoyar el desarrollo sostenible en el litoral, utilizando como punto de partida la gestión de la erosión costera y de las inundaciones peligrosas.
    • Tras las inundaciones de 2018 en Kerala, India, que causaron la muerte de más de 480 personas y afectaron a casi 5,4 millones de habitantes, el Gobierno de Kerala, el Banco Mundial y el Banco Asiático de Desarrollo realizaron una evaluación rápida conjunta para cuantificar los daños y evaluar las necesidades de recuperación a largo plazo. El estudio sirve de base para un marco de recuperación y resiliencia (i), con el que el Banco Mundial ayudará a Kerala a financiar y construir instituciones, sistemas e infraestructuras resilientes para lograr la visión del Gobierno estatal de reconstruir mejor.

    Última actualización: Abr 14,2020

  • El Grupo Banco Mundial y el GFDRR trabajan en el ámbito de la gestión de riesgos de desastres con más de 400 asociados externos, entre ellos destacadas universidades, el sector de los seguros, la industria de modelos de riesgo, organizaciones de la sociedad civil, fundaciones, organismos técnicos y de desarrollo de Gobiernos nacionales, así como las Naciones Unidas y otras instituciones multilaterales.

    El Programa de Desarrollo de Ciudades Resilientes (RECIDE), una iniciativa conjunta del Banco Mundial y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), tiene por objeto empoderar a las ciudades, principalmente de África al sur del Sahara y de las urbes vecinas del sur de la UE, para crear mayor resiliencia al clima y a los riesgos de desastres y atraer más soluciones de financiamiento provenientes del sector privado. RECIDE ha recibido la aprobación para acceder a recursos del Programa de Inversión Externa (PIE) de la Comisión Europea por un monto de hasta 100 millones de euros en garantías respaldadas por la Unión Europea, optimizando el financiamiento y la prestación de servicios en proyectos riesgosos. Estas garantías pueden reducir los riesgos financieros de los proyectos y pueden combinarse en el futuro con otros tipos de inversiones de desarrollo.

    El GFDRR administra programas especiales con Japón y la UE relacionados con la gestión de riesgos de desastres y la reducción de riesgos de desastres naturales. El programa conjunto entre Japón y el Banco Mundial para la incorporación de la gestión del riesgo de desastres en los países en desarrollo (el Centro de Gestión de Riesgos de Desastres) (i), con sede en Tokio, aprovecha las buenas prácticas de Japón y de todo el mundo para apoyar las actividades de asistencia técnica y de gestión de conocimientos. En el marco de su alianza con la UE, el GFDRR administra el Programa de Reducción del Riesgo de Desastres Naturales (i) con el Grupo de Estados de África, el Caribe y el Pacífico (ACP) (i) y la UE, que respalda actividades de gestión de riesgos de desastres y adaptación al cambio climático en países del ACP, ofreciendo asistencia técnica, formación de capacidad, y servicios de asesoramiento y análisis.

    Última actualización: Abr 14,2020


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Washington, D.C.
Shaela Rahman
srahman@worldbank.org