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El fuerte apego de las diásporas del mundo árabe a sus países de origen podría ayudar al desarrollo regional

Marzo 28, 2017


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Brandon Bourdages | Shutterstock.com

TITULARES
  • Veinte millones de personas de Oriente Medio y Norte de África (MENA) viven en el extranjero; este grupo constituye la mayor diáspora en términos proporcionales entre la mayoría de las regiones.
  • Las comunidades de las diásporas no solo pueden enviar remesas, sino también transferir conocimientos o ayudar al “rescate de cerebros”, realizar inversiones directas y crear redes de contactos.
  • En un nuevo informe del Grupo Banco Mundial se proporciona asesoramiento sobre políticas de cómo aprovechar el potencial de las diásporas, haciendo hincapié en que los Gobiernos deben involucrar más a los ciudadanos que viven en el extranjero.

Con una diáspora equivalente a por lo menos el 5 % de su población total, o 20 millones de personas, La movilización de la diáspora de MENA permitiría aprovechar la experiencia y las redes de sus profesionales en todo el mundo, ampliando su papel más allá del envío de remesas a sus países.

Las remesas son valiosas como fuente de divisas, especialmente en tiempos difíciles. En 2014, los emigrantes de MENA y sus descendientes enviaron unos USD 53 000 millones en remesas a sus familiares y amigos en sus países de origen. En el Líbano y Jordania, el valor de las remesas representa alrededor del 15 % del PIB nacional.

En un nuevo informe del Grupo Banco Mundial titulado Mobilizing the Middle East and North Africa Diaspora for Economic Integration and Entrepreneurship (Movilizar a la diáspora de Oriente Medio y Norte de África para fomentar la integración económica y la iniciativa empresarial), se sostiene que los Gobiernos de MENA deberían reconocer de manera más formal el papel mucho más amplio que desempeñan sus diásporas en la transferencia de otros fondos, como la inversión directa, así como en el “rescate de cerebros”, las competencias y las redes profesionales.

Proyectarse más allá de las remesas

Ya existen algunos ejemplos al respecto en la región de MENA. Se dijo que una gran inversión de los fabricantes de aviones Bombardier de Canadá para producir piezas de aeronaves en Marruecos se debió en gran medida a los contactos establecidos por un expatriado marroquí que trabajaba en Boeing, ya que estos originaron el contrato negociado por el Gobierno de Marruecos.

En el informe se plantea que “los lazos personales pueden facilitar los negocios en el mundo”.

“Para mí, lo clave es que no se trata solo de las remesas o de los Gobiernos de MENA pensando en las diásporas de manera ocasional, o solo cuando las necesitan”, dijo Mariem Malouche, autora principal del informe. “Se trata de que los Gobiernos realmente lleguen a las personas y las incentiven a participar. Hay millones de personas que son parte de las diásporas y pueden desempeñar un papel mucho más importante en el desarrollo”.

Según Malouche, lo más sorprendente durante la investigación fue “el alto grado de compromiso de los ciudadanos que viven en las diásporas y cuán involucrados y comprometidos están, no solo con sus países de origen sino también con sus ciudades de origen”.

Los resultados de una encuesta realizada en el marco del informe, y en la que se entrevistó a miembros de la diáspora de MENA, mostraron exactamente esto; el factor más importante para ellos era el sentido de pertenencia. Y la reforma que aumentaría más su participación sería que los respectivos Gobiernos les hicieran sentirse relevantes, que les consideraran como socios activos y actores capaces de contribuir de una manera más amplia al desarrollo de la economía local.

El Líbano es un ejemplo de esto: su diáspora está formada por millones de personas en todo el mundo. Los miembros de la diáspora de este país dijeron que marcaría una gran diferencia que las madres libanesas casadas con ciudadanos no libaneses pudieran traspasar su ciudadanía libanesa a sus hijos. Otros libaneses que viven en el extranjero señalaron que les gustaría poder votar en las elecciones de su país.

Por su parte, Filipinas es un ejemplo de buenas prácticas. La diáspora filipina, conformada por cerca de 10 millones de ciudadanos que viven y trabajan en el extranjero, equivale al 10 % de la población, y las autoridades reconocen el papel positivo que pueden desempeñar estos ciudadanos.

El Gobierno de Filipinas maneja las relaciones con su diáspora a nivel ministerial, permitiendo a sus ciudadanos en el extranjero tener doble ciudadanía y votar en el extranjero. El país reconoce lo que la diáspora aporta a la sociedad en su conjunto, pero también lo que esta necesita: para que las diásporas funcionen bien, en el informe se plantea que los Gobiernos de acogida deben comprometerse a tratar bien a las poblaciones migrantes y de las diásporas. Filipinas aboga por los derechos de sus ciudadanos en el extranjero. Lo más importante para los migrantes filipinos son los beneficios que reciben, como la asistencia jurídica internacional, la portabilidad de sus pensiones y la ayuda para retornar al país y reintegrarse en la sociedad filipina en el futuro.

Se necesita un mayor esfuerzo de los Gobiernos

El Gobierno de Marruecos informa que 2,8 millones de sus ciudadanos viven en la diáspora, y Túnez, tiene 1,2 millones de ciudadanos que viven en el extranjero. Ambos países cuentan con oficinas gubernamentales para las comunidades de sus diásporas, y permiten la doble ciudadanía y el voto en el extranjero. Argelia también realiza algunos esfuerzos para comprometer a su diáspora de alrededor de 1,7 millones de ciudadanos, aunque las personas que se consideran a sí mismas franco-argelinos a veces eligen no votar en Argelia. Pero se necesita algo más para que las diásporas superen su profunda desconfianza hacia los Gobiernos de MENA. El reconocimiento formal de ellas tranquilizaría a estas comunidades, y esto es algo particularmente importante para las “élites de las diásporas”.

Por el momento, los miembros de las diásporas citan las actividades de “tutoría” y la “colaboración conjunta” como las formas más comunes de interacción con las personas en sus países de origen. Muchos están preparados para regresar con alguna cantidad de dinero. En MENA, incluso montos de hasta USD 10 000 pueden ser suficientes para iniciar emprendimientos.

El desempleo es alto en muchas naciones de MENA, sobre todo entre los jóvenes graduados universitarios y las mujeres. Estos son grupos de personas con quienes los ciudadanos de MENA que viven en el extranjero pueden identificarse fácilmente, en parte porque la mayoría de los integrantes de las diásporas son profesionales jóvenes. Si tan solo el 1 % de la diáspora de la región de MENA tuviera una participación más plena en el desarrollo de sus países de origen, eso movilizaría a 200 000 profesionales, y como se plantea en el informe, las acciones de unos pocos marcarían una gran diferencia.

 

A pesar de tener reservas, los miembros de la diáspora de MENA encustados se sienten fuertemente conectados con sus países de origen

  • El 85% de los encuestados dijo que regresar a su país de origen es importante para ellos.
  • El 86% dijo que les gustaría estar más conectados con su país de origen.
  • El 68% dijo que estarían dispuestos a invertir capital y comerciar con su país de origen. 
  • Alrededor de una cuarta parte dijo que estaría dispuesta a invertir entre USD 10 000 y USD 50 000
  • Aproximadamente la mitad dijo que el principal obstáculo es el entorno poco propicio para los negocios en su país de origen.
Fuente: Informe “Mobilizing the Middle East and North Africa Diaspora for Economic Integration and Entrepreneurship”.

En medio del debate sobre la inmigración en el mundo, se corre el riesgo de olvidar los numerosos beneficios que las diásporas aportan a sus países de origen y de acogida. Los Gobiernos de la mayoría de los países de Oriente Medio y Norte de África (MENA) que tienen  un gran número de ciudadanos dispersos en el extranjeroel Estado de Palestina, Marruecos, Iraq, Egipto y Argelia no hacen mucho para cosechar los beneficios económicos de los lazos de parentesco.

Con una diáspora equivalente a por lo menos el 5 % de su población total, o 20 millones de personas, la región de MENA tiene una proporción mucho mayor de ciudadanos en el extranjero que el promedio mundial. La movilización de la diáspora de MENA permitiría aprovechar la experiencia y las redes de sus profesionales en todo el mundo, ampliando su papel más allá del envío de remesas a sus países.

Las remesas son valiosas como fuente de divisas, especialmente en tiempos difíciles. En 2014, los emigrantes de MENA y sus descendientes enviaron unos USD 53 000 millones en remesas a sus familiares y amigos en sus países de origen. En el Líbano y Jordania, el valor de las remesas representa alrededor del 15 % del PIB nacional.

En un nuevo informe del Grupo Banco Mundial titulado Mobilizing the Middle East and North Africa Diaspora for Economic Integration and Entrepreneurship (Movilizar a la diáspora de Oriente Medio y Norte de África para fomentar la integración económica y la iniciativa empresarial), se sostiene que los Gobiernos de MENA deberían reconocer de manera más formal el papel mucho más amplio que desempeñan sus diásporas en la transferencia de otros fondos, como la inversión directa, así como en el “rescate de cerebros”, las competencias y las redes profesionales.

Proyectarse más allá de las remesas

Ya existen algunos ejemplos al respecto en la región de MENA. Se dijo que una gran inversión de los fabricantes de aviones Bombardier de Canadá para producir piezas de aeronaves en Marruecos se debió en gran medida a los contactos establecidos por un expatriado marroquí que trabajaba en Boeing, ya que estos originaron el contrato negociado por el Gobierno de Marruecos.

En el informe se plantea que “los lazos personales pueden facilitar los negocios en el mundo”.

“Para mí, lo clave es que no se trata solo de las remesas o de los Gobiernos de MENA pensando en las diásporas de manera ocasional, o solo cuando las necesitan”, dijo Mariem Malouche, autora principal del informe. “Se trata de que los Gobiernos realmente lleguen a las personas y las incentiven a participar. Hay millones de personas que son parte de las diásporas y pueden desempeñar un papel mucho más importante en el desarrollo”.

Según Malouche, lo más sorprendente durante la investigación fue “el alto grado de compromiso de los ciudadanos que viven en las diásporas y cuán involucrados y comprometidos están, no solo con sus países de origen sino también con sus ciudades de origen”.

Los resultados de una encuesta realizada en el marco del informe, y en la que se entrevistó a miembros de la diáspora de MENA, mostraron exactamente esto; el factor más importante para ellos era el sentido de pertenencia. Y la reforma que aumentaría más su participación sería que los respectivos Gobiernos les hicieran sentirse relevantes, que les consideraran como socios activos y actores capaces de contribuir de una manera más amplia al desarrollo de la economía local.

El Líbano es un ejemplo de esto: su diáspora está formada por millones de personas en todo el mundo. Los miembros de la diáspora de este país dijeron que marcaría una gran diferencia que las madres libanesas casadas con ciudadanos no libaneses pudieran traspasar su ciudadanía libanesa a sus hijos. Otros libaneses que viven en el extranjero señalaron que les gustaría poder votar en las elecciones de su país.

Por su parte, Filipinas es un ejemplo de buenas prácticas. La diáspora filipina, conformada por cerca de 10 millones de ciudadanos que viven y trabajan en el extranjero, equivale al 10 % de la población, y las autoridades reconocen el papel positivo que pueden desempeñar estos ciudadanos.

El Gobierno de Filipinas maneja las relaciones con su diáspora a nivel ministerial, permitiendo a sus ciudadanos en el extranjero tener doble ciudadanía y votar en el extranjero. El país reconoce lo que la diáspora aporta a la sociedad en su conjunto, pero también lo que esta necesita: para que las diásporas funcionen bien, en el informe se plantea que los Gobiernos de acogida deben comprometerse a tratar bien a las poblaciones migrantes y de las diásporas. Filipinas aboga por los derechos de sus ciudadanos en el extranjero. Lo más importante para los migrantes filipinos son los beneficios que reciben, como la asistencia jurídica internacional, la portabilidad de sus pensiones y la ayuda para retornar al país y reintegrarse en la sociedad filipina en el futuro.

Se necesita un mayor esfuerzo de los Gobiernos

El Gobierno de Marruecos informa que 2,8 millones de sus ciudadanos viven en la diáspora, y Túnez, tiene 1,2 millones de ciudadanos que viven en el extranjero. Ambos países cuentan con oficinas gubernamentales para las comunidades de sus diásporas, y permiten la doble ciudadanía y el voto en el extranjero. Argelia también realiza algunos esfuerzos para comprometer a su diáspora de alrededor de 1,7 millones de ciudadanos, aunque las personas que se consideran a sí mismas franco-argelinos a veces eligen no votar en Argelia. Pero se necesita algo más para que las diásporas superen su profunda desconfianza hacia los Gobiernos de MENA. El reconocimiento formal de ellas tranquilizaría a estas comunidades, y esto es algo particularmente importante para las “élites de las diásporas”.

Por el momento, los miembros de las diásporas citan las actividades de “tutoría” y la “colaboración conjunta” como las formas más comunes de interacción con las personas en sus países de origen. Muchos están preparados para regresar con alguna cantidad de dinero. En MENA, incluso montos de hasta USD 10 000 pueden ser suficientes para iniciar emprendimientos.

El desempleo es alto en muchas naciones de MENA, sobre todo entre los jóvenes graduados universitarios y las mujeres. Estos son grupos de personas con quienes los ciudadanos de MENA que viven en el extranjero pueden identificarse fácilmente, en parte porque la mayoría de los integrantes de las diásporas son profesionales jóvenes. Si tan solo el 1 % de la diáspora de la región de MENA tuviera una participación más plena en el desarrollo de sus países de origen, eso movilizaría a 200 000 profesionales, y como se plantea en el informe, las acciones de unos pocos marcarían una gran diferencia.En medio del debate sobre la inmigración en el mundo, se corre el riesgo de olvidar los numerosos beneficios que las diásporas aportan a sus países de origen y de acogida. Los Gobiernos de la mayoría de los países de Oriente Medio y Norte de África (MENA) que tienen  un gran número de ciudadanos dispersos en el extranjero —el Estado de Palestina, Marruecos, Iraq, Egipto y Argelia— no hacen mucho para cosechar los beneficios económicos de los lazos de parentesco.

 

 

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