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Discursos y transcripciones

Intervención de Hasan Tuluy en el Foro Nacional de Competitividad, Panamá

Hasan Tuluy, Vicepresidente del Banco Mundial para América Latina y el Caribe

Foro Nacional de Competitividad, Panamá

Panamá, Panamá

Octubre 22, 2013

Alocución inicial

Imaginen que les digo que sabemos lo que tienen que hacer para que el salario de los panameños aumente en un tercio en seis meses, y con ello… las empresas sean más productivas.

Seguro que están pensando: “¿qué querrá vendernos este turco?  Demasiado bueno para ser cierto”, ¿verdad? Y, sin embargo, un aumento del sueldo en un tercio en apenas seis meses, fue el impacto que tuvo el programa Jóvenes en Acción, que se implementó en Colombia, con fondos del Banco Mundial.

Jóvenes en Acción es un programa dirigido a mejorar las habilidades para el trabajo de la población joven vulnerable. Los jóvenes no solo reciben capacitación en las aulas sino también en el puesto de trabajo, como aprendices. Traigo este ejemplo aquí no porque sea una panacea, sino porque muestra que se puede mejorar la capacitación para el trabajo, incluso de los más pobres y vulnerables.

Y además porque es un ejemplo sobre el importante papel del sector privado en la formación profesional, algo que considero esencial para Panamá y sobre lo que volveré a hablar más adelante.

Excelentísimo Señor Presidente Martinelli, Autoridades del Gobierno, Representantes del Sector Privado, Señoras y Señores, es un verdadero placer volver a Panamá. Este Foro Nacional de Competitividad es en sí mismo una buena muestra de los éxitos de Panamá: aquí hay representación del sector público y privado, de diversos sectores de la sociedad panameña, unidos por un compromiso para seguir avanzando en el progreso nacional.

Si nos preguntamos: ¿se ha progresado en Panamá?

La respuesta es evidente. Todos ustedes lo saben, pero no deja de llamar la atención cómo Panamá sigue teniendo las tasas de crecimiento económico más altas de la Región.

Tan altas que se suele decir que son “asiáticas”. Panamá ha mostrado un manejo macroeconómico prudente, lo que le ha permitido mejorar sus calificaciones de riesgo, y así ahorrar cuando emite bonos en los mercados: el pasado mes de abril, Panamá emitió un bono global por 750 millones de dólares, con plazo de vencimiento a 40 años, y con una tasa de rendimiento del 4,30 por ciento anual, es decir, solamente 140 puntos por encima del bono del Tesoro de los Estados Unidos.

Panamá también ha mejorado su ambiente de negocios, como se demuestra en su ascenso en los ránkings internacionales, como en el de Doing Business del Banco Mundial, o en el Índice Global de Competitividad, que sitúan a Panamá entre las cinco economías a la cabeza de Latinoamérica.

Todo ello ha contribuido a que Panamá también se compare favorablemente con Asia en el nivel de inversión, que es una de las bases del crecimiento presente y futuro. Esta es una de las conclusiones más tradicionales de los economistas, pero no por ello menos cierta.

Hace unos años el Banco Mundial convocó a una comisión de expertos, la Comisión del Crecimiento, que  nuevamente llegó a la conclusión de que una alta inversión, tanto pública como privada, tanto en capital físico como en capital humano, y alrededor del 25 por ciento del PIB, es una de las condiciones necesarias, para que los países crezcan rápida y sostenidamente.

Panamá sobrepasa ese nivel de inversión desde el 2006 e incluso supera a países como Corea del Sur, Tailandia o Malasia. Y es clave no solo la cantidad de la inversión sino también su calidad.

En Panamá la ampliación del Canal y otros mega-proyectos como el Metro, van a transformar el sistema de transporte en la ciudad y favorecer la inclusión social, y al mismo tiempo dinamizar la economía.

Y además, como mencionó el Presidente Martinelli en la cumbre Iberoamericana, tendrá un impacto en otros países de la región, que deberán adaptar sus puertos y logística para beneficiarse de esta expansión.

Las inversiones en infraestructura están ampliando las oportunidades de negocio. Se ve claramente al llegar a la propia ciudad de Panamá en la actividad que se ha generado en el corredor entre la ciudad y el aeropuerto, un aeropuerto cuya expansión supone un paso adelante para convertirse en centro logístico de clase mundial. [Un aeropuerto que conozco muy bien después de pasar 10 horas el sábado esperando mi vuelo.]        

Los esfuerzos de Panamá para convertirse en un "buen ciudadano global" también merecen mención. El país ha firmado acuerdos de doble imposición y de intercambio de información fiscal, entre otros. Esto no solo aumenta la transparencia sino que atrae más inversión extranjera directa.

El crecimiento además está siendo compartido por la mayoría de la población. El crecimiento del ingreso de los hogares que se sitúan dentro del 40 por ciento más pobre del país ha sido mayor que el crecimiento del ingreso promedio en el país. En la última década, además, la clase media se duplicó [de un 23 por ciento en el 2000 a un 35 por ciento en 2010].

Es decir, la prosperidad está siendo compartida, Ese es precisamente  uno de los dos nuevos objetivos que el Banco Mundial se ha fijado. El otro objetivo es la erradicación de la pobreza extrema a nivel global para 2030.

En este aspecto Panamá también está obteniendo resultados positivos ya que la pobreza extrema ha caído a la mitad en la última década [de 21 por ciento a 11 por ciento entre 2002 y 2011].

¿Son estos logros un golpe de suerte?

Hay quienes dicen que estos logros se atribuyen a los vientos externos a favor que beneficiaron a la región. 

Pero esa es una explicación muy simple. Los fundamentos macroeconómicos sólidos combinados con un nuevo enfoque social, explican en buena parte los resultados. Por ello, cuando los vientos cambian de dirección, los fundamentos macro económicos, marcan la diferencia entre los países. 

Estas diferencias se evidenciaron claramente con el anuncio del Tesoro de Estados Unidos, de que acabaría con su programa de estímulo. El anuncio tuvo un efecto inmediato en las monedas de los países emergentes, y en el flujo de capitales.

Pero el impacto fue menor para aquellos países con fundamentos macroeconómicos sólidos.  Este anuncio es una alerta de lo que se avecina en un futuro próximo, y de la necesidad de prepararse desde ahora.

Por otro lado, las protestas de los últimos meses en algunos países de América Latina, que paradójicamente se han dado en países con grandes logros sociales y económicos como Brasil, Chile, y Peru, nos recuerdan que las nuevas clases medias tienen expectativas legítimas, de recibir servicios públicos de calidad, desde carreteras y salud, hasta aire sano y seguridad ciudadana; que los avances sociales conllevan nuevos retos, y que superarlos requiere un esfuerzo continuo.

Esto nos demuestra que no es momento para la complacencia.

El progreso ha sido mayor que en el pasado, y probablemente Panamá ha avanzado más rápido que muchos países vecinos,  sin embargo el resto del mundo también mejoró, y en ciertas áreas a mayor velocidad, aumentando así la distancia para converger.

Latinoamérica continúa siendo la región más desigual del mundo. Incluso en Panamá, donde los avances han sido significativos, la desigualdad se mantiene relativamente alta, y persisten los desafíos en la provisión pública de servicios sociales de calidad.

Por ejemplo, niñas y niños en comunidades indígenas tienen menor acceso a servicios básicos de educación, electricidad y saneamiento que otros niños y niñas en zonas rurales o urbanas.

En el caso de Panamá, el éxito no será completo hasta que las mejoras en el nivel de vida y el acceso a oportunidades lleguen a todas y todos los panameños.

Pese a los desafíos, Panamá está demostrando que solidez macroeconómica y vocación social pueden ir de la mano. Mas equidad favorece la economía nacional y genera un círculo virtuoso.

¿Cuál es entonces el reto inmediato de Panamá?

El gran reto de Panamá es cómo sostener el crecimiento alto e incluyente, pasando del impulso de la inversión, al impulso de la productividad.

Algunos de ustedes quizás me hayan escuchado hablar sobre esto cuando estuve aquí en junio. En aquella ocasión decía que si queremos que la región siga por un camino de prosperidad compartida, es necesario mantener y aumentar la competitividad. Sigo pensando que un desafío clave para toda Latinoamérica es lo que yo he llamado la “batalla de la productividad”.

¿Pero cómo se impulsa la productividad?

Fundamentalmente la productividad se impulsa generando un ambiente propicio  para que los empresarios emerjan, compitan e innoven. Se trata de construir una clase empresarial innovadora. 

Las soluciones hay que adaptarlas al contexto específico de cada país.

Aunque hay algunos factores comunes. 

Me gustaría resaltar cuatro desafíos críticos para ganar esta batalla de la productividad y sugerir algunas acciones de políticas públicas y privadas:

1.      Primero: Mejorar la logística e infraestructura.

En Latinoamérica, y Panamá no es una excepción, hay cuellos de botella que limitan la productividad.

Permítanme darles un dato: cuando un camión en Panamá llega a su destino, en la mitad de las ocasiones vuelve a su punto de origen sin carga debido a barreras regulatorias en la región.

Esto hace aumentar los costos del transporte notablemente. En Centroamérica los costos de logística y transporte representan el 40 por ciento del valor del producto final, cuatro veces más que en los países más avanzados.

En parte, estos altos costos se deben a retrasos aduaneros pero también a una limitada competencia en mercados de servicios y de insumos.

La inversión en investigación y desarrollo todavía es limitada, el costo de la energía todavía es elevado y, como lo ilustran las largas esperas en puntos fronterizos, la integración regional todavía tiene un gran camino por recorrer.

[¿Cómo enfrentar estos desafíos?]: Modernizar puertos, transporte y aduanas podría mejorar las ventajas competitivas regionales. El déficit de infraestructura debe abordarse si se quiere mejorar el potencial de crecimiento de la región.

Los procesos de integración regional son especialmente importantes en Centroamérica, para mejorar su capacidad y peso negociador en el exterior.

Acabo de llegar de Nicaragua, donde el potencial de energía renovable, sobrepasa las necesidades de consumo nacional. Esto es una potencial oportunidad de aumentar la oferta de energía limpia y de bajos costo a nivel regional.

 2. El segundo desafío es desarrollar el capital humano.

Panamá enfrenta un cuello de botella importante en su mano de obra. El crecimiento económico ha generado una gran demanda de técnicos pero falta personal cualificado en determinados sectores como la construcción, los puertos o la logística.

Como era de esperar, este aumento de la demanda de personal técnico ha contribuido a subir los salarios, lo cual es muy bienvenido pero hay que tener presente que, en un mundo globalizado con gran competencia, esos aumentos de salarios  solo serán sostenibles en el tiempo si se ven acompañados de un aumento de la productividad.

Como muestra el programa del que les hablé al principio, la solución requiere esfuerzos dentro y fuera de las aulas. Panamá ha mejorado sustancialmente el acceso a la educación de su población pero todavía hay muchos jóvenes que abandonan los estudios. Igualmente, se puede mejorar la calidad de la enseñanza y las oportunidades para los niños pobres de acceder a educación de calidad.

Hay una brecha importante entre la demanda de profesionales por el sector privado y las habilidades y destrezas que resultan del modelo educativo.

Eliminar el estigma asociado a la formación profesional y mejorar la calidad de los cursos son desafíos que hay que afrontar. Otra lección que derivamos del programa Jóvenes en acción en Colombia es la importancia de organizar períodos de prácticas en empresas, retomando la idea de los aprendices que tan buen resultado ha dado a países como Corea del Sur, Alemania o Austria.

[Pero cómo lograrlo?] Las autoridades panameñas están haciendo frente a estos desafíos, por ejemplo con el programa Beca Universal, pero queda claro que el sector privado también tiene un papel que jugar sobre todo en lo que respecta a programas de aprendices y también en el diseño de los planes de estudios de la formación profesional. El desafío de elevar la calidad de la enseñanza persiste, pero va mucho más allá de los resultados de las pruebas estandarizadas.

Por ejemplo, América Latina tiene un déficit histórico de ingenieros, que existe desde principios del siglo veinte.

3. Un tercer desafío es estimular la competencia.

Si bien la región se ha globalizado, muchas industrias siguen estando resguardadas de la competencia.

Esto tiene un doble efecto negativo: reduce la productividad en estos sectores y obstaculiza al sector exportador que depende de sus servicios y bienes intermedios. 

Las reformas legales de estímulo a la competencia son relativamente fáciles -podemos compartir algunas buenas prácticas– el problema es con la economía política y la aplicación de las leyes.

Esto se puede superar fomentando "Políticas de Estado", como lo fue la estabilización macroeconómica en décadas pasadas.

4. Un cuarto desafío es Promover la innovación y mejorar el entorno contractual.  

Un clima de negocios eficiente con reglas del juego predecibles para todos los actores, internos y externos, es fundamental para la actividad de innovación empresarial.  Hay numerosos ejemplos de acciones que sabemos pueden mejorar la productividad de las empresas.

Por ejemplo, sabemos, por evaluaciones de impacto en la India, que la provisión de capacitación en gerencia empresarial para las PYME, ayuda a aumentar la productividad en el corto plazo y a estimular la innovación.

Con esto llego a mi conclusión.

Panamá tiene una oportunidad histórica para avanzar en la reducción de la pobreza, para que la prosperidad sea compartida, y para que mayores oportunidades lleguen a todas y todos los panameños.

Con programas como Red de Oportunidades, 100 a los 70, o Beca Universal, Panamá está demostrando que se puede combinar crecimiento económico con vocación social. Para sostener el crecimiento alto e inclusivo, Panamá está pasando del impulso de la inversión al impulso de la productividad.

Esta es una agenda que llevará su tiempo pero precisamente por eso no puede esperar.

Señor Presidente, colegas y amigos, recientemente un periodista me acusó de ser un optimista incorregible, y tal vez por ello quiero despedirme con este mensaje: La productividad es central para la creación de empleos de alta calidad.  Con el aumento de la productividad, los ingresos privados van a subir, y con ellos los ingresos públicos y la capacidad del Estado para invertir en la prestación de servicios de calidad y responder a las necesidades de todos los ciudadanos, de las nuevas clases medias, y sobre todo de los más pobres y vulnerables.

Creo firmemente que la región, y Panamá en particular,  puede ganar la batalla de la productividad,

Trabajando conjuntamente el gobierno central, los  gobiernos locales, el sector privado, y otros actores económicos, Haciendo de la productividad, una política de Estado, estaremos más cerca del éxito.

Muchas gracias.