Desarrollo impulsado por la comunidad: Panorama general

Los programas de desarrollo impulsado por la comunidad (CDD, por sus siglas en inglés) funcionan sobre la base de los principios de la transparencia, la participación, el empoderamiento local, la atención de la demanda, una mayor rendición de cuentas en sentido descendente y una mayor capacidad local.

La experiencia ha mostrado que cuando se establecen reglas claras y transparentes, acceso a la información, capacidad apropiada y ayuda financiera, los hombres y las mujeres pobres se pueden organizar de manera eficaz para identificar prioridades de la comunidad y abordar problemas locales trabajando en asociación con los Gobiernos locales y otras instituciones de apoyo.

El Banco Mundial reconoce que los enfoques y medidas de CDD son elementos importantes de una reducción eficaz de la pobreza y de una estrategia de desarrollo sostenible. En la década pasada, el Banco se centró cada vez más en otorgar financiamiento para los programas de CDD de manera de llegar directamente a comunidades locales en las regiones más pobres. El Banco ha utilizado el enfoque de CDD en una diversidad de países de ingreso bajo a mediano y afectados por conflictos para apoyar una serie de necesidades urgentes, tales como suministro de agua y servicios de saneamiento, construcción de escuelas e instalaciones de salud, programas de nutrición materna e infantil, caminos de acceso rurales y asistencia para microempresas.

Última actualización: Abr 06, 2015

En la última década, en parte como respuesta a los desafíos institucionales locales que enfrentaban varios países que salían de crisis financieras o políticas a fines de los años noventa, el desarrollo impulsado por la comunidad se ha convertido en una estrategia operacional clave para muchos Gobiernos nacionales. El enfoque de fomentar la toma de decisiones a nivel local y entregar el control directo de los recursos a los grupos comunitarios ha llevado a una prestación eficiente de los servicios básicos y, cuando ha sido sostenible en el tiempo, ha permitido reducciones cuantificables de la pobreza, especialmente entre los más pobres. Hasta la fecha, aproximadamente 110 países miembros del Banco Mundial han emprendido proyectos con un enfoque de CDD. Durante los últimos 10 años, el Banco ha aprobado más de 600 operaciones de este tipo por un valor de más de US$28 000 millones.

La vinculación del desarrollo local y el CDD requiere una estrategia que combine múltiples disciplinas y sectores, junto con mejoras en la descentralización de los recursos hacia las autoridades locales, en la buena gestión y en los sistemas de rendición de cuentas. El Banco Mundial, con su experiencia en una amplia gama de sectores, ha proporcionado asistencia técnica y otras formas de apoyo a través del desarrollo periódico de productos de conocimiento, investigaciones, y directrices operacionales y estándares para las adquisiciones comunitarias, la inversión, la creación de capacidades, la inclusión en materia de género, el seguimiento y la evaluación, y los sistemas de información y comunicaciones que se pueden utilizar para mejorar la calidad de las operaciones de CDD en los países miembros del Banco Mundial.

En los programas se identifica la necesidad cada vez mayor de adaptarse a grandes diferencias en los contextos locales, fortaleciendo las instituciones locales y fomentando una mayor participación y el apoyo basado en la comunidad para lograr el desarrollo. Si bien en general se reconocen el potencial y las ventajas de los enfoques de CDD, existen también varios desafíos y limitaciones, los cuales necesitan ser abordados cuidadosamente en el diseño y la ejecución de los futuros proyectos de CDD:

  • Se necesitan nuevos modelos de apoyo a la ejecución a medida que se amplían los programas de CDD. Mientras la primera generación de proyectos de CDD comprendió a menudo operaciones pequeñas que se implementaron fuera de los sistemas de gobierno formales, las generaciones posteriores de estos programas se están ampliando a nivel regional o nacional. Es necesario revisar y adaptar los marcos jurídicos y los sistemas con el fin de llevar a cabo estos esfuerzos de expansión e integración y así garantizar la calidad y la sostenibilidad.

  • La necesidad de convergencia con los programas del sector y con las reformas de descentralización formal va en aumento. Cuando funcionan bien, los programas de CDD pueden ofrecer una plataforma eficaz de desarrollo local capaz de ayudar a mejorar la focalización, la eficacia en función de los costos, la calidad de los servicios y la rendición de cuentas general de los programas sectoriales. La  incorporación de los principios de transparencia, rendición de cuentas y participación, en todo el sistema de gobierno subnacional, puede ayudar pero esto puede requerir ambientes propicios y reformas normativas, como las que se necesitan en materia de descentralización fiscal.

  • Aplicaciones urbanas. En la medida que el mundo se urbaniza rápidamente, un desafío para la comunidad que trabaja en el área del CDD es cómo aplicar mejor las lecciones aprendidas a partir de una estrategia que fundamentalmente se ha dirigido al desarrollo rural a los desafíos que existen en los contextos urbanos. Los primeros indicios señalan que aunque algunos principios del CDD tienen aplicación inmediata, otros procedimientos operacionales estándar se deben adaptar a este contexto diferente. No obstante, se reconoce el valor de la participación y del seguimiento de la comunidad, especialmente en la actualización de los asentamientos informales, y se están aplicando modelos operacionales. Es necesario evaluar con cuidado estos enfoques y ampliarlos si se demuestra que tienen éxito.

Sacar lecciones de manera conjunta de las diferentes regiones y prácticas mundiales. La cartera de operaciones de CDD ha aumentado en las seis regiones geográficas y de manera extensa en por lo menos cuatro prácticas mundiales. Las variaciones regionales y sectoriales demuestran la flexibilidad del modelo y del enfoque, conduciendo a importantes innovaciones en la implementación de los proyectos. Sin embargo, hay un imperativo importante: se debe aprender y compartir las enseñanzas obtenidas por las regiones y las prácticas mundiales para mejorar la eficacia del enfoque y optimizar el uso de los recursos para el desarrollo.

Última actualización: Abr 06, 2015

En los últimos años, el Banco Mundial se ha centrado cada vez más en otorgar préstamos a los programas de desarrollo impulsado por la comunidad (CDD). Muchas de las pequeñas operaciones que se implementaron de manera independiente han ampliado gradualmente su cobertura (con frecuencia a nivel nacional), llegando a ser parte de las estrategias de descentralización oficiales.

Indonesia: el Programa Nacional Indonesio de Empoderamiento Comunitario, (i) conocido como PNPM Mandiri, es la iniciativa de desarrollo impulsado por la comunidad más grande de Indonesia por un valor de aproximadamente US$1200 millones anuales. El PNPM, que el Banco ayudó a crear y ha apoyado durante los últimos 15 años, ahora cubre 72 000 aldeas y ciudades en el país, beneficiando a cerca de 45 millones de personas pobres. Los resultados de una evaluación de impacto (2012) muestran que el consumo per cápita aumentó más de 9 % entre los hogares beneficiarios del PNPM (y casi 12 % entre los hogares más pobres).

Bolivia: el Proyecto de Inversión Comunitaria en Áreas Rurales es una iniciativa de US$40 millones cuyo objetivo general es combatir la pobreza extrema entre los pequeños propietarios de tierras bolivianos, especialmente entre las poblaciones indígenas. Desde fines de 2011, el proyecto ha traspasado responsabilidad y recursos a 551 comunidades (10 % por sobre la meta) y ha dado un mejor acceso a infraestructura básica y productiva para 14 633 hogares rurales. Además, ha entregado financiamiento a 612 subproyectos, el 40 % de los cuales fueron identificados y ejecutados por mujeres. Ha habido una mejora en el índice de capital social en el 94 % de las comunidades participantes. El proyecto complementa la “agenda patriótica” del Gobierno que busca erradicar la pobreza extrema y traducir la prosperidad en principios de bienestar local, y se alinea perfectamente con los dos objetivos del Banco. El Gobierno está solicitando actualmente un crédito de US$60 millones en financiamiento adicional para ampliar y profundizar el éxito del proyecto hasta la fecha.

Azerbaiyán: el Segundo Proyecto de Inversión Rural de Azerbaiyán apoya la rehabilitación de infraestructura esencial y el financiamiento de actividades de medios de sustento. A través de financiamiento adicional, se espera que el proyecto alcance a más de 3,5 millones de beneficiarios en 1800 comunidades rurales pobres de todo el país. Los resultados de la primera fase indican que la movilidad ha mejorado como resultado de la rehabilitación de los caminos rurales, y que el tiempo de recorrido a las escuelas y mercados se redujo en 47 % y 26 %, respectivamente, y la tasa de matrícula en la escuela primaria aumentó en 25 % después de la restauración de los edificios.

Benin: el Proyecto Nacional de Desarrollo Impulsado por la Comunidad, que terminó en 2012, apoyó a 1518 comunidades (el 40 % de las existentes en Benin) para que llevaron a cabo subproyectos de infraestructura, lo que trajo como resultado la construcción o rehabilitación de 3170 aulas, 144 centros de salud y 101 sistemas de agua y saneamiento. Unos 158 500 estudiantes se matricularon en las escuelas respaldadas por el proyecto, lo que representa el 10 % de la inscripción total en educación primaria del país. Más de 23 000 personas obtuvieron acceso a una fuente de agua mejorada, lo que corresponde a alrededor del 8 % de la expansión anual observada entre las poblaciones rurales más pobres. Una cantidad adicional de 38 000 habitantes (77 % de ellos mujeres) en 512 comunidades previamente desatendidas obtuvieron servicios de microfinanciamiento. El Gobierno continúa utilizando el mismo enfoque en el Proyecto de Servicios Descentralizados Impulsados por la Comunidad, actualmente en curso.

Marruecos: la primera Iniciativa Nacional sobre Desarrollo Humano (INDH) financió más de 22 000 subproyectos impulsados por la comunidad, dando a más de 5 millones de beneficiarios acceso a servicios de infraestructura básica social y económica, y capacitación. Se informó que el acceso a los servicios aumentó en un promedio de 78 % en el caso de los hombres, 70 % en el de las mujeres y 53 % en el caso de los jóvenes (todas cifras superiores a las metas iniciales del proyecto). Los Gobiernos nacionales y locales más que duplicaron el financiamiento externo para el programa, lo que mostró los altos niveles de apoyo, y más de 50 % de los beneficiarios participó en la planificación y la ejecución de los subproyectos, lo que indicó el grado con que se acogieron los principios del programa. Una segunda fase del proyecto, que comenzó en 2012, ha ampliado la población objetivo, el alcance geográfico y la asignación de recursos.

Mongolia: el Proyecto de Medios de Sustento Sostenibles tiene como objetivo mejorar la seguridad y la sostenibilidad de los medios de subsistencia (i) mediante la ampliación de los mecanismos institucionales que reducen la vulnerabilidad de las comunidades en toda Mongolia. El proyecto ha beneficiado a más de dos tercios de la población, es decir 1,7 millones de personas. Más de 36 000 pastores mejoraron sus habilidades en cuanto a la gestión de riesgos. Se modernizaron más de 1000 hospitales de zonas rurales y la proporción de niños que alojan en residencias de estudiantes (algo esencial en una sociedad nómada) se incrementó en 169 %. Se entregaron más de 39 000 microcréditos, que beneficiaron a más de 180 000 personas. Un Tercer Proyecto de Medios de Subsistencia Sostenibles, aprobado en 2014, apunta a aumentar la institucionalización de los enfoques del programa vinculándolos con la “Ley de Presupuesto” de transferencia fiscal subnacional.

El CDD también ha probado ser útil como respuesta a los desastres naturales. Las comunidades son generalmente las primeras que responden durante estas catástrofes y su participación y compromiso activos en la planificación y la ejecución de proyectos han sido factores clave en el éxito de muchos proyectos de gestión de desastres financiados por el Banco Mundial. A raíz del terremoto de Haití de 2010, el Proyecto de Desarrollo Urbano Impulsado por la Comunidad apoyó la restauración de servicios básicos y está creando las oportunidades económicas para los barrios desfavorecidos, a medida que el país continúa el proceso de reconstrucción.

Más recientemente, se adoptó un enfoque similar en Filipinas después del tifón Haiyan (llamado localmente “Yolanda”), ocurrido a fines de 2013. El Proyecto Nacional de Desarrollo Impulsado por la Comunidad, que intentaba tener una cobertura nacional para que todos los municipios “pobres” aumentaran el acceso a los servicios básicos y redujeran la pobreza, fue adaptado para responder también a aquellas localidades más acomodadas que habían sido víctimas del tifón. Se realizaron nuevos ajustes para aumentar el nivel de los recursos asignados a esos municipios afectados y simplificar los procedimientos para agilizar la capacidad de respuesta del proyecto a las comunidades afectadas.

Última actualización: Abr 06, 2015


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