Redes de protección social: Panorama general

Un número creciente de países en desarrollo invierte en redes de protección social para mejorar las condiciones de vida y los medios de subsistencia de miles de millones de personas pobres y vulnerables. Los programas de redes de protección social incluyen transferencias monetarias y en especie dirigidas a hogares pobres y vulnerables con el fin de proteger a las familias de los impactos de las crisis económicas, los desastres naturales y otras situaciones difíciles.

Sin embargo, alrededor del 55 % de los pobres en el mundo (o 773 millones de personas con necesidades urgentes) aún carecen de una cobertura de redes de protección social, (PDF, en inglés) en particular en los países de ingreso bajo y en las zonas urbanas.

A nivel mundial, los países de ingreso bajo enfrentan la mayor falta de cobertura para llegar a las personas más pobres:

  • En los países de ingreso bajo y de ingreso mediano bajo, las redes de protección social solo cubren al 25 % de las personas extremadamente pobres, en comparación con el 64 % en los países de ingreso mediano alto.
  • En África al sur del Sahara y Asia meridional, donde vive la mayoría de los pobres del mundo, las redes de protección social cubren, respectivamente, solo a un décimo y a un quinto del 20 % más pobre de la población.
  • Otro desafío pendiente es llegar a los más pobres en las zonas urbanas, donde se estima que 863 millones de personas viven en asentamientos precarios.

De acuerdo a la base de datos Aspire (i) del Banco Mundial, los programas de protección social ayudan a sacar a 69 millones de personas de la pobreza absoluta, es decir habitantes que viven con menos de USD 1,25 al día. Al mismo tiempo, 97 millones de personas salen de la situación de pobreza relativa (habitantes que están en el 20 % inferior de la distribución de ingresos o del consumo); esto muestra que las redes de protección social constituyen una herramienta importante para combatir la pobreza.

Los datos (PDF, en inglés) ahora disponibles indican que las transferencias monetarias no solo ayudan a los países a invertir en capital humano, sino que también sirven como fuente de ingresos para los pobres, mejorando su nivel de vida. En la actualidad, más de 1900 millones de personas en unos 130 países de ingreso bajo y mediano se benefician con programas de redes de protección social.

 

El Banco Mundial respalda programas de este tipo sostenibles y asequibles que protegen a las familias frente a crisis; ayudan a lograr que los niños crezcan sanos y estén bien alimentados, permanezcan en la escuela y aprendan; empoderan a las mujeres y a las niñas, y generan empleo. Implementar redes de protección social sostenibles y asequibles en todos los países en desarrollo es un componente clave de la estrategia de protección social y trabajo para el decenio 2012-2022 del Banco Mundial, que procura ayudar a los países a dejar de aplicar programas fragmentados, reemplazándolos por sistemas de protección social económicamente asequibles; hacer posible que las personas administren el riesgo, y aumentar la resiliencia mediante inversiones en capital humano y un mayor desarrollo de la capacidad de las personas para obtener empleo.

El Banco Mundial trabaja con los países para desarrollar herramientas y enfoques adaptados a los países; fortalecer la capacidad de estos para focalizar, integrar, administrar y evaluar los programas de protección social; invertir en conocimientos, datos y análisis, y proporcionar asesoría normativa oportuna y asistencia técnica y formación de capacidades continuas.

El Banco Mundial respalda diversas intervenciones en este ámbito, desde transferencias monetarias hasta obras públicas y programas de alimentación escolar. En los países de ingreso bajo, el Programa de Respuesta Social Rápida (i) es fundamental para abordar las restricciones en materia de capacidades, desarrollar sistemas de prestación eficaces y comunicar resultados.

 

Las redes de protección social tienen impactos importantes y positivos en educación, salud y seguridad alimentaria, y también promueven la capacidad de los hogares de generar ingresos, los que pueden tener efectos positivos en las economías locales.

  • Para responder a la sequía extrema en la región de África meridional, (i) las transferencias monetarias se han convertido en la principal respuesta para apoyar la recuperación de la población afectada por desastres en Lesotho, Madagascar, Malawi y Mozambique.
  • El Programa de Red de Protección Social Productiva de Etiopía (i) llega a alrededor de 9 millones de personas pobres y hogares que sufren inseguridad alimentaria crónica en el país. El programa incluye ahora un plan de acción de género que apoya y beneficia a las mujeres participantes.
  • En Brasil, el programa Bolsa Familia (i) respaldado por el Banco Mundial cubrió a 12 millones de hogares pobres (alrededor del 25 % de la población), proporcionándoles pagos mensuales a las familias que envían a sus hijos a la escuela, cumplen con requisitos de vacunación y usan los servicios de salud. El programa también es fundamental para proteger y prevenir (i) que más brasileños caigan en la pobreza en vista de la actual crisis económica del país.
  • En Filipinas, (PDF, en inglés) el programa de transferencias monetarias condicionadas ha beneficiado a 4,4 millones de familias, cubriendo el 21 % de la población. La iniciativa ha logrado mantener a los niños en la escuela, y ayudó a reducir en 10 % el retraso en el crecimiento de los niños que participan en el programa.

 

 

 

 

 

 

 


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