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MINKA: Producción rural para el consumidor extranjero

 

Norma Velásquez Traverso

 

La difusión de nuevas tecnologías en la agricultura, particularmente después de la Segunda Guerra Mundial, incrementó enormemente la producción agrícola.  Los mayores beneficiarios de este proceso han sido quienes adoptaron primero estas nuevas tecnologías – los agricultores ricos del primer mundo.  A medida que la producción se eleva y los precios bajan, aquellos que las adoptaron tarde no obtienen beneficios.  Aquellos cuya tierra es marginal o muy pequeña quiebran, salen del proceso.  Esta es la desventaja comparativa del campesinado andino.

 

Otro problema serio es el de políticas de precios.  Los agricultores del Tercer Mundo reciben la mitad del precio que reciben los agricultores de los países del norte (en relación al precio promedio mundial)  por los subsidios que reciben de sus gobiernos.

 

En respuesta a esta situación se promovió una política de exportaciones hacia el mercado mundial.  Una vez más el campesino no fue el beneficiado, sino el gran productor capitalizado.  Ninguno de estos desarrollos de políticas jamás prestó atención a la realidad del mercado local o al ecosistema, por el contrario, en todo el mundo se promovió una política de industrialización para sustitución de importaciones, utilizando aranceles de importación.  Esta política no duró ni tuvo éxito, salvo quizá en la India.  Esto ha sido visto como un reflejo del pequeño tamaño de los mercados nacionales y de la producción orientada hacia las necesidades de una élite consumidora más pequeña todavía.

 

Con la crisis económica de los años setenta estas políticas sucumbieron – era mucho más barato importar vehículos directamente de la Toyota o Nissan.  La nueva política pasó a ser una de industrialización hacia la exportación.  Los problemas en la implementación de este enfoque para la mayoría de países fueron:  su desarticulación con los mercados nacionales, la exigencia de trabajo barato y disciplinado y la necesidad de grandes volúmenes de capital.

 

Mientras tanto la posición del campesinado mundial continuó deteriorándose y esto condujo a una sola ola de cooperación de ayuda internacional basada en el slogan “atención de necesidades básicas”.  Con el tiempo quedó claro que este enfoque no cambió nada dado que el modo de producción campesino está siendo subsidiado, dentro de un enfoque básicamente “asistencialista”.

 

A partir de esta óptica ha surgido un segundo enfoque el “desarrollo sostenible”.  Este enfoque subraya la necesidad de resolver las carencias de la generación presente sin comprometer las generaciones futuras.  Esto implica la autoadministración y control de los recursos locales por la población local.  La economía local que funciona y deberá seguir funcionando dentro de un mercado mundial que se vuelve mucho más integrado día a día.  Dentro de este arco podemos hablar de “transición”.  La transición de una economía “tradicional” (de subsistencia)  hacia su integración en la economía mundial, de la economía simple de subsistencia a la economía compleja del mercado, de relaciones pre-capitalistas de producción hacia la economía post-capitalista mundial.  Transición no solamente económica, sino que involucra la totalidad de la cosmovisión de la sociedad.  Tradicionalmente, esta cosmovisión comprendía al hombre como parte de la naturaleza, una parte intermediada a través de la comunidad. 

 

La visión del modo de producción dominante es, en cambio, aquella donde la naturaleza es externa al hombre, algo que puede ser controlado, sometido, subyugado.  Una visión que le permite al capital ignorar las leyes de la física.  Esta relación es intermediada a través del individuo y no de la comunidad, y ha sido reducida a un ejercicio costo – beneficio.

 

La mayor parte de los enfoques sobre el desarrollo comparten una visión en la que el control es sobre la naturaleza.  Un tipo de enfoque parcial, unidireccional, que requiera un alto nivel de inversión de capital en un producto específico orientado hacia un mercado específico.  Esto contrasta con el enfoque de tipo múltiple uso y resultan de allí problemas serios, dado que los proyectos de desarrollo se orientan hacia el mercado externo y no hacia las necesidades locales.  El conocimiento tradicional, las habilidades y formas de organización, y por lo tanto el control de la gente sobre sus propias vidas son devaluados, depreciados y empiezan a desvanecerse, al comienzo lentamente y después cada vez más rápido, sobreviene la descomposición social.

 

No se conoce aún la viabilidad de estos programas en el largo lazo (tanto en lo relacionado a sus costos sobre el medio ambiente como a sus costos económicos). Esto refleja la visión que la economía del mercado tiene sobre la naturaleza, donde ésta es vista como una externalidad, una externalidad inmutable; cuando en realidad la naturaleza es producida y reproducida por el hombre mismo.  Nuestro medio ambiente es en realidad el producto directo de un modo específico de producción.

 

Los actuales países del tercer mundo se originan de sociedades pre-capitalista con una alta proporción de población rural, de una economía natural (autoabastecimiento y reproducción simple).

 

La expansión de la economía de mercado y el modo de producción capitalista a nivel mundial ha ido incorporando a esta sociedades una posición subalterna dando nacimiento a ese curioso fenómeno que es el subdesarrollo (desarrollo subalterno, anómalo o inorgánico, y no desarrollo incipiente).

 

Parte de ese desarrollo anómalo es la forma como penetra la economía de mercado hasta las comunidades más aisladas.  Una serie de ventajas comparativas más o menos reales, valoraciones ideológicas, hegemonías, desajustes y presiones diversos lleva al abandono de recursos tradicionales, a la adquisición de nuevas necesidades y a la dependencia creciente de los intercambios con el mundo industrializado (nacional o ultramarino).

 

Cada vez más el poblador de las zonas rurales necesita comprar productos industriales y tiene que vender su trabajo, o su producción, fuera de su comunidad.

 

Pero en este comprar y vender se enfrenta con términos de intercambio desfavorables.  Frente a los bienes industriales, el poder adquisitivo de su trabajo, o sus productos, es mínimo.

 

Lamentablemente, no es posible para organismos públicos o privados de manera individual, anular este proceso.  Las fuerzas que lo impulsan escapan a su alcance.  Es ineludible y sólo queda sumirlo como contexto de su trabajo.

 

El reto que enfrentan los programas de desarrollo que trabajan con el campesinado es el de cómo mantener la viabilidad y productividad de los sistemas más tradicionales de producción y reproducción, en particular de aquellos que pueden mejorar la productividad del medio ambiente a la vez que incorporan los modos de producción de la época.

 

Hacia este fin concurren dos factores clave: TECNOLOGÍA Y ORGANIZACIÓN.

 

La tecnología es una relación y no un objeto, es la mediación entre el hombre y su entorno.  No podemos quedarnos con la “tecnología adecuada” (aún cuando podemos comenzar con ella) porque esta limita la producción masiva, con lo cual se excluye entonces el consumo masivo, sin el cual los productores no podrían escapar de su pobreza.  Al mismo tiempo la tecnología tiene que ser contextualizada; esto es, posible de ser manejada por el grupo dentro de sus estructuras existentes.  Se entiende que los cambios serán necesarios, pero éstos deberían sobrevenir a una velocidad tal que pueda ser absorbida por los grupos mismos.  Sus condiciones, por lo tanto su medio ambiente, y por lo tanto ellos mismos, no deben ser cambiados sino mejorados apoyados.

 

Es aquí que el rol de las ONG’s se hace importante.  El bajo nivel de escolaridad en aquellos que conforman la economía de subsistencia significa que sus capacidades de conceptualización son limitadas, haciendo así difícil que entren en diálogo con el conocimiento “moderno”.  Ellos tienden a percibir la forma y no el contenido.  Ellos necesitan desarrollar su capacidad de evaluar lo nuevo desde su conocimiento tradicional, de modo de poder rechazar, aceptar, o, lo que es más probable, adaptarse a crear una nueva síntesis que en por si misma contenga una renovación en sus métodos de organización y administración.

 

De allí la necesidad de un intermediario que pueda interpretar la externalidad para ellos (el mercado mundial que, les guste o no, está a la fuerza reestructurando sus vidas).  De allí la importancia de que este intermediario no traiga lo nuevo, lo externo, como una dádiva sino que actúe como un agente que facilite la introducción de las habilidades necesarias para que se valoricen tanto las tecnologías internas como las externas, y se construya una nueva cosmovisión que posibilite una inserción en el mercado mundial cuyos términos sean comprendidos para el campesino y su comunidad.

 

Dentro de este contexto las ONG’s tienen algunas debilidades:

-          Amateurismo, en el entendido de que la buena voluntad es suficiente;

-          conceden demasiado a la tendencia de permitir que el conjunto de problemas aturda sus emociones, cayendo en el asistencialismo en lugar de aferrarse a cambiar las causas del problema desde el inicio;

-          un foco restringido, o un trabajo tan centrado en la micro realidad en la que se encuentran, que pierden su perspectiva;

-          la autoreproducción: después de un tiempo los objetivos originales se pierden y son reemplazados por la prioridad de mantener sobreviviendo  a la ONG y a sus miembros.

 

 

 

Artesanía y Mercado

En el Perú la artesanía es, salvo casos muy excepcionales, una actividad de pobres.  Ella representa una forma de organizar la producción que corresponde a una sociedad pre-industrial y es practicada normalmente por miembros de aquellos sectores de población que no alcanza a ser integrados por el desarrollo de la industria y la economía formal.

 

Dentro del caleidoscopio de razas y culturas que es el Perú, y debido a contradicciones históricas que permanecen sin resolver, estos mismos sectores de población corresponden con los herederos más o menos directos de la tradición cultural indígena, la que aunque plena de inmenso potencial creativo, aún no es bien apreciada en el país.

 

Es así que además de las desventajas originadas en la subvaluación que suelen sufrir los productos artesanales en el mercado internacional , en el Perú los artesanos deben sufrir otras más, relacionadas con su propia pobreza (como la falta de capital de trabajo) y con los desencuentros debidos a su diversidad respecto a la cultura dominante.

 

Estas desventajas de los artesanos son las que dan cabida a la aparición de los intermediarios. 

 

La lejanía geográfica, junto con la imposibilidad de movilizarse por falta de recursos económicos, dificultan el contacto directo de los artesanos tanto con los grandes compradores de artesanía (y con mayor razón con los consumidores finales de sus productos) como con los productores de algunos de los insumos y materias primas necesarios para su trabajo.

 

Determinadas barreras de orden socio-económico 8como la concentración en otras manos dela propiedad de ciertos recursos claves como la tierra o el ganado) pueden alejarse incluso de la disponibilidad directa de insumos típicos de su propia zona de residencia.

 

Pero no son éstos los únicos obstáculos que el artesano debe enfrentar regido pro pautas sociales propias (en las que las relaciones mercantiles pueden tener un peso menor que otras formas de intercambio tradicional) y su usual posesión de un idioma materno distingo al castellano le ponen  en desventaja frente al complejo universo de negociaciones, trámites y compromisos que requiere una transacción comercial.  Por otra parte, ignoran por completo los gustos y circunstancias de los consumidores finales de su productos.

 

El intermediario es un personaje que tiene un mayor manejo de todas esas cosas y que cuenta con el capital y los contactos que le permiten cubrir una parte más o menos extensa del proceso de comercialización de artesanía.  En cierto sentido él es necesario para el artesano, en medida que hace posible que sus productos tengan salida.  Pero como todo negociante  busca maximizar sus ganancias reduciendo sus costos:  el pago al artesano.

 

Asimismo, el intermediario es, por definición, el primer interesado en que se reproduzca las desventajas que sufre el artesano; la posibilidad de su propia existencia depende de ello.

 

MINKA se propone un triple objetivo ante esta situación.

 

En primer lugar, maximizar la retribución al trabajo de los productores, proporcionando canales directos de adquisición de materias primas e insumos y de venta de sus productos en el mercado.

 

En segundo lugar, transferir a los productores, mediante capacitación en la práctica misma, los conocimientos sobre procedimientos comerciales, registrales, legales, etc. que les permitan asumir las funciones que vienen ejerciendo los intermediarios.

 

En tercer lugar, acompañándoles en el análisis de su problemas y los de sus comunidades o barrios y en la búsqueda de alternativas autogestionarias para el mejoramiento de sus condiciones de vida.

 

En todo este trabajo, MINKA se relaciona con productores reunidos en grupos organizados.  Y esto porque pensamos que solamente reuniendo sus recursos alrededor de una voluntad colectiva podrán remontar sus dificultades y contribuir, desde el nivel local, al proceso de desarrollo social.  Es por ello que el respaldo a su lucha organizativa es la clave de nuestro accionar.

 

 

 


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