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ARTÍCULO

Eficiencia energética se perfila como motor de crecimiento para América Latina

Septiembre 29, 2010


CIUDAD DE MÉXICO, 29 de septiembre de 2010 - La "eficiencia energética", un concepto tan simple como cambiar un bombillo de luz, podría convertirse en el nuevo motor de crecimiento de América Latina a medida que la región se expande a tasas de 5-6 por ciento y consolida su rápida recuperación tras la crisis financiera mundial.

La capacidad de generación de energía de América Latina tal vez tenga que duplicarse en los próximos veinte años para satisfacer la creciente demanda de electricidad –un esfuerzo que costaría US$20 mil millones en inversiones adicionales por año, según dijeron expertos del Banco Mundial durante el Foro de Eficiencia Energética y Acceso que tuvo lugar esta semana en México.

Dado que inversiones de esta magnitud en capacidad adicional no son fácilmente asequibles para economía regional alguna, tendría mayor sentido utilizar la infraestructura energética ya existente, señaló la Directora Gerente del Banco Mundial, Sri Mulyani Indrawati.

"Satisfacer el crecimiento de la demanda energética dependiendo exclusivamente de la construcción de más infraestructura, en particular centrales térmicas y de otros tipos, es a la vez poco prudente e insostenible", dijo Indrawati ante cientos de expertos, líderes políticos y diseñadores de política que asistieron al Foro de Eficiencia Energética y Acceso organizado de manera conjunta entre el gobierno mexicano, el BID y el BM, con financiamiento del Fondo Español de América Latina y el Caribe.

La eficiencia energética no sólo es rentable, sino que también está orientada hacia el futuro. El potencial ahorro financiero, el costo energético que se evitará, de la eficiencia energética en todo el mundo podría alcanzar entre US$250 y US$325 mil millones anuales para el año 2030, indican los expertos.

En total, las iniciativas de eficiencia energética pueden tener un impacto positivo sobre los bolsillos públicos y también de los hogares. A la larga, podrían reducir la carga fiscal mediante ahorros en el costo de la energía, permitiendo que se reinviertan fondos adicionales en otros sectores, como la educación y la salud. Además, las familias podrían experimentar una reducción de sus facturas de servicios públicos mediante sistemas de enfriamiento más eficientes, lamparillas de luz eficientes y vehículos de bajo consumo.

Por último, y no menos importante, todos estos esfuerzos fortalecen la seguridad energética, reduciendo la incertidumbre en torno al precio del petróleo, la mayor fuente de generación de energía en muchos países latinoamericanos.

La buena noticia es que existe un consenso cada vez más grande entre líderes políticos y diseñadores de políticas de la región en torno a la idea de que la eficiencia energética representa una herramienta de desarrollo importante.

Se están adoptando programas de ahorro energético en toda la región y a todo nivel, incluyendo iniciativas de reducción de pérdidas y cambio de bombillas de luz, tal como el Proyecto para la Rehabilitación de la Distribución de Eletrobras en Brasil (US$495 millones) (i), el Proyecto de Iluminación y Electrodomésticos Eficientes en México (US$350 millones), y la iniciativa uruguaya Proyecto para la Eficiencia Energética (US$7 millones), en donde los alumnos de escuela alientan a sus padres a no derrochar la energía.

La pérdida de electricidad a causa de una distribución ineficiente es un problema significativo en la región. Las pérdidas energéticas registradas durante la distribución eléctrica en 2005 equivalían al consumo combinado de energía de Argentina, Chile y Colombia. Hoy en día, las pérdidas promedio están en torno al 16 por ciento de la generación total de la región.

"Si se pudieran reducir en un período de 20 años, los ahorros en energía podrían evitar un 6% de la generación de energía eléctrica adicional en dichos años", dijo el experto en energía del Banco Mundial Philippe Benoit.

A pesar de la creciente concientización respecto a la importancia de una política energética inteligente, Benoit piensa que se debería poner mayor énfasis en herramientas innovadoras y marcos institucionales más fuertes, que ayudarían a implementar alternativas de eficiencia energética más asequibles y de manera más rápida.

Éstas incluyen políticas normativas como códigos de construcción energéticamente eficientes, normas de eficiencia energética para los electrodomésticos, sistemas de etiquetado, y auditorías energéticas obligatorias para la industria. Esto también incluye enfoques basados en incentivos financieros como programas de gestión de la demanda, y mecanismos de mercado como Compañías de Servicios de Energía que presten servicios de evaluación energética.

Los expertos reconocen que la "eficiencia energética" muchas veces puede ser difícil de vender a un público que puede no ver el beneficio inmediato. También enfrenta una serie de barreras técnicas, institucionales, normativas y financieras.

"La experiencia muestra que los países deben superar varios obstáculos –incluyendo los altos costos iniciales de las inversiones y barreras institucionales para la implementación de programas– para poder realizar los programas de eficiencia energética de forma rápida y en mayor escala", dijo la vicepresidenta del Banco Mundial, Pamela Cox.

Cox indicó que la desinformación por parte de los financiadores es también una realidad. "Por ejemplo, no es una práctica común que la banca comercial otorgue créditos para inversiones que se repaguen a partir del ahorro de energía", indicó.

Pero la eficiencia energética incluye tantas dimensiones que es difícil no ver los beneficios de una adopción sin reservas. Una de esas dimensiones es el cambio climático.

Los beneficios "verdes" de adoptar y poner en práctica la eficiencia son múltiples: desde una menor dependencia de los combustibles generadores de gases de efecto invernadero hasta la adopción de sistemas de energía limpia, el medio ambiente sufre menos y los países se vuelven mejores a la hora de mitigar y adaptarse al cambio climático. Se calcula que el costo para los países en desarrollo de abordar el cambio climático es de US$100 mil millones por año. La ayuda para financiar estos esfuerzos y el establecimiento de topes para las emisiones de efecto invernadero estarán en el centro de las discusiones de la reunión COP16 de Cancún en noviembre.

"En años más recientes, desde La Hoja de Ruta de Bali hacia el Acuerdo de Copenhague, y en vísperas de la Conferencia de la ONU COP16, el cambio climático se convirtió en una parte integral del desarrollo del sector energético y la eficiencia energética, de a poco pero de manera segura, se está convirtiendo en un tema con un gran potencial para el ahorro de energía, tanto en términos financieros como en términos de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero", indicó la Directora Gerente Indrawati.

El foro también abordó el acceso a la energía en América Latina, en donde 35 millones de personas carecen de servicio eléctrico.

Mejorar el acceso a un servicio eléctrico moderno que sea fiable, barato y limpio es un tema crítico para el crecimiento económico, la reducción de la pobreza, y ampliar el acceso a mejores oportunidades de vida, de acuerdo al Índice de Oportunidad Humana del Banco Mundial. Particularmente en áreas rurales, el acceso redunda en grandes beneficios, en términos de una mejor prestación de la salud, educación y servicios de comunicación, lo que su vez mejora la vida de las personas.

"Brindarles acceso a la electricidad a estas familias normalmente pobres sigue siendo uno de los desafíos para el desarrollo más importantes que enfrenta la región", dijo Indrawati.

El Banco Mundial es uno de los principales donantes en ALC para acceso a la energía y programas de política energética. El Banco Mundial está llevando a cabo proyectos de inversión para promover la electrificación en varios países de la región, como Bolivia, Perú y Honduras.

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