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ARTÍCULO

Filipinas: Aprender tras las rejas

Junio 23, 2014


Las enseñanzas de los maestros ambulantes en Filipinas, van más allá de las de lectura y escritura elemental.

World Bank Group

TITULARES
  • Aún hay muchos filipinos que no saben leer ni escribir, a pesar de la alta tasa de alfabetización en Filipinas, la cual llegaba a 86,4 % en 2008.
  • Maestros itinerantes enseñan a personas desfavorecidas, incluso en zonas remotas.
  • El Sistema de Aprendizaje Alternativo (ALS, por sus siglas en inglés), implementado por el Gobierno con el respaldo del Banco Mundial, proporciona tanto educación como adquisición de habilidades para la subsistencia.

Butuan, Filipinas. “Gracias Señor por todas las bendiciones que recibo cada día”, se lee en la primera línea de una breve carta escrita a mano en filipino. El texto que está en un cuaderno escolar parece ser a primera vista de un estudiante de educación primaria.

Sin embargo, una lectura rápida del resto de la nota brinda una mejor idea de quien la escribió. La carta es concisa y directa, no está dirigida a nadie en particular, pero da reconocimiento a una maestra que ha tocado vidas en la cárcel de la ciudad de Butuan.

El autor es un hombre pequeño y tímido, de unos 30 años. Es uno de los 25 presos a los cuales una profesora itinerante asignada a este lugar dio clases de alfabetización básica durante cuatro años.

“Me gustaría agradecer mucho a mi maestra de ALS, la señora Buenafe Leop, por enseñarme a leer y escribir”, continúa la carta. ALS, que significa Sistema de Aprendizaje Alternativo, es un programa del Departamento de Educación que proporciona habilidades básicas de lectura y escritura y para medios de subsistencia a jóvenes, adultos y personas con capacidades diferentes que no están escolarizadas de todo el país, especialmente en lugares remotos.

Marco (no es su nombre real), quien completó solo el segundo grado, cuenta que no desperdicia su tiempo en la cárcel, gracias a las lecciones que recibe una vez a la semana. En dicha ocasión, la zona de visitas de 30 metros cuadrados se transforma en un salón de clases. Se monta una pizarra junto a una mesa de forma rectangular donde los internos se convierten en alumnos que escuchan la lección del día y completan hojas de actividades.

En el marco del programa, los alumnos reciben el nombre de “aprendices” y, en la mayoría de los casos, se les enseñan habilidades básicas de lectura y matemáticas. ALS está dirigido principalmente a jóvenes que no asisten a la escuela, pero también proporciona habilidades para desarrollar oficios como la fabricación de pan, la producción de jabón y la realización de masajes terapéuticos, de acuerdo a los requerimientos de las comunidades que tienen muchos alumnos adultos.

Los funcionarios de la cárcel dicen que el programa es bueno para los presos, cuyos casos, en su mayoría, aún están siendo vistos en los tribunales. Se espera que cuando salgan de la cárcel tengan dominio de  las destrezas que han aprendido para que las puedan usar cuando se reintegren a la sociedad.

Más allá de la lectura y la escritura, Marco escribe que el programa también le ha enseñado “cómo relacionarse, hacer amigos y ayudar a mis compañeros de prisión”.

La señora Buenafe, quien ahora está enseñando en otra comunidad, recuerda a Marco como uno de los más aplicados de la clase, y no está sorprendida de los progresos que hizo en el programa. Dice que Marco siempre le pedía ayuda para asegurarse de poder continuar con su educación.

“Quería estar seguro de poder seguir con las clases, incluso cuando lo transfieran a otro centro de detención en una ciudad diferente a medida que avance su juicio”, cuenta.

Marco había sido víctima de acoso, y fue acusado de homicidio, pero conserva la esperanza a pesar de su situación. Dice que escribe a su familia con frecuencia, y que se sorprendieron cuando supieron de él a través de sus cartas.

Asegura que incluso ve un lado positivo al hecho de estar en la cárcel, porque de lo contrario no habría aprendido a leer y escribir. Para él, es un peldaño seguro para un nuevo comienzo. 

“Ahora estoy tratando de hacer realidad mis sueños mediante el programa ALS, aunque estoy en la cárcel”, concluye Marco.




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