ARTÍCULO

En Mozambique, ayudan a los niños a comenzar bien su vida

Junio 25, 2014


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TITULARES
  • Un programa piloto de desarrollo en la primera infancia en zonas rurales de Mozambique ayuda a fortalecer habilidades cognitivas, lingüísticas, socioemocionales y físicas de los niños.
  • Actualmente, el Gobierno está ampliando la iniciativa para llegar a 84 000 menores en 600 comunidades.
  • La inversión en el desarrollo en la primera infancia es fundamental para garantizar la preparación para la escuela y, en consecuencia, aliviar la pobreza.

Provincia de Gaza, Mozambique. Bajo la sombra de un frondoso árbol nativo, la maestra de educación preescolar Carmelina Alberto Makuite coloca tres tapas de botella en la arena y pide a los 30 alumnos de su clase que cuenten. “¡Um! ¡Dois! ¡Três!”, gritan los niños de entre 3 y 5 años, demostrando no solo sus incipientes  habilidades matemáticas sino también sus conocimientos recién adquiridos de portugués, la lengua de enseñanza en Mozambique, que es diferente del dialecto changana que hablan en casa.

En la remota aldea de Mahuntsane —en el noreste de la capital, Maputo, a la cual se puede llegar por automóvil en cuatro horas— los niños en edad preescolar pasan la mañana aprendiendo los números, los días de la semana y las partes del cuerpo, así como respondiendo preguntas después de que la maestra les lee un cuento en portugués acerca de una araña y un perro. Las habilidades —cognitivas, lingüísticas, socioemocionales y físicas— que los niños adquieren aquí son esenciales para el desarrollo saludable a largo plazo y los preparan bien para cuando lleguen a primer grado.

“Los profesores de escuela primaria están muy contentos con los alumnos procedentes de la escholinha [centro preescolar]”, dice Makuite, que ha estado enseñando en este nivel desde 2008. “Los niños conocen el alfabeto y pueden escribir sus nombres. Siguen las instrucciones del maestro. Son líderes en la clase”. 

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Ampliación a comunidades en cinco provincias

El centro preescolar de Mahuntsane forma parte de un programa piloto, iniciado en 2008, para fortalecer el desarrollo en la primera infancia en 30 aldeas rurales de la provincia de Gaza. El éxito de la iniciativa, impulsada por la organización no gubernamental Save the Children, quedó demostrado por una rigurosa evaluación de impacto y  atrajo el interés del Ministerio de Educación, el cual está ampliando el programa a 600 comunidades en cinco provincias, para llegar a 84 000 niños de corta edad con servicios destinados a estimular su crecimiento y desarrollo. La Asociación Internacional de Fomento (AIF), el fondo del Banco Mundial para los más pobres, está respaldando esta extensión a través de un préstamo para políticas educativas de US$40 millones, que también financia actividades de desarrollo de capacidades y conocimientos que serán realizadas por organismos gubernamentales y las principales partes interesadas con el fin de garantizar la sostenibilidad de la iniciativa.

“El Gobierno consideró importante invertir en la educación en la primera infancia porque nuestros niños, en primer grado, tienen grandes dificultades para aprender a leer y escribir. Esto nos llevó a diseñar una estrategia nacional con la participación de diversos ministerios, como asuntos sociales, salud, seguridad alimentaria y nutrición”, señala Ines Tembe Magode, directora del área de  Enseñanza Preescolar del Ministerio de Educación. “Todo este movimiento fue como un despertar para nuestro Gobierno”.

El Gobierno inició el proyecto de ampliación a comienzos de este año, y las comunidades participantes ya han sido identificadas, agrega. “Ahora estamos trabajando para sensibilizar a los padres y cuidadores para que estén conscientes de la importancia de llevar a sus hijos a los centros preescolares”.

La importancia de invertir en los primeros años de vida

Las brechas iniciales en las habilidades cognitivas y el desarrollo general pueden poner en peligro la capacidad y motivación de un niño para aprender al ingresar en la escuela primaria, dice Sophie Naudeau, especialista superior en Educación del Banco Mundial, quien reside en Maputo  codirigió la evaluación de impacto del programa piloto y actualmente administra el nuevo préstamo de la AIF. “Los niveles bajos de preparación escolar pueden conducir a ineficiencias en el sistema educativo. Los niños que carecen de apoyo a temprana edad son más propensos a tener un bajo rendimiento académico, repetir grados y abandonar la escuela antes de completar el ciclo primario”, agrega.

Para abordar estos tipos de obstáculos, entre 2001 y 2013, el Banco invirtió más de US$3300 millones (US$1900 millones de respaldo para los países más pobres a través de la AIF) en actividades de desarrollo en la primera infancia en todo el mundo, incluidas iniciativas de educación, salud y  protección social, que tienen como destinatarios a mujeres embarazadas y niños pequeños y sus familias.

El desarrollo en la primera infancia ocupa un lugar destacado en la Estrategia de Educación 2020 del Banco, que establece el objetivo de “Aprendizaje para Todos” sobre la base de tres pilares: invertir temprano, invertir con inteligencia e invertir para todos. Este tema es también un importante componente en las estrategias del Banco en materia de salud y nutrición, y de protección social.


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" He visto muchos cambios en estos niños. Son muy comunicativos con sus compañeros, padres y maestros. "

Ilidio Nhatuve

Gerente del área de Educación, Save the Children, provincia de Gaza en Mozambique.


Gestión basada en la comunidad

En Mozambique, el programa piloto de Save the Children ayuda a los niños pequeños de comunidades pobres —algunos de ellos huérfanos a causa del sida y muchos con padres que trabajan en minas de Sudáfrica— a superar las brechas de desarrollo asociadas a menudo con la pobreza. Además de los centros preescolares, se llevan a cabo clases de educación para los  padres, en las cuales se proporciona información sobre higiene, salud, nutrición adecuada y estimulación temprana de los niños menores de 3 años.

El programa es único, ya que requiere una inversión de la comunidad en los centros preescolares. De hecho, los padres y miembros de la comunidad acuerdan ofrecer espacio, mano de obra y, en algunos casos, materiales para construir aulas, y los comités comunitarios seleccionan a profesores locales y administran las escuelas.

Save the Children diseñó el plan de estudios preescolar y ofrece formación continua a los maestros. En los dos primeros años del programa, la organización pagó a los maestros un pequeño estipendio de US$10 al mes; el costo total de ejecución fue de US$2,47 mensuales por niño. Muchas comunidades, finalmente, se hicieron cargo por sí mismas de los honorarios de los profesores y el mantenimiento de las escuelas, contribuyendo cada hogar con unos US$0,50 a US$0,80 al mes.

Algunos de estos establecimientos han cerrado en los últimos dos años debido a que los padres no pueden pagar a los maestros, pero los miembros de la comunidad dicen que planean reiniciar las escuelas tan pronto como el Gobierno pueda costear los estipendios de estos profesionales, una medida que forma parte de la extensión del programa.

El modelo sigue siendo una historia exitosa. Una evaluación del programa piloto, financiada en parte por el Fondo Estratégico para la Evaluación de Impacto del Banco Mundial, observó que los niños participantes presentaban una mejoría del 12 % en la realización de tareas relacionadas con la memoria, la capacidad de ordenar y clasificar objetos, y la capacidad de contar hasta 20 en comparación con un grupo de control. Además, la cantidad de niños con educación preescolar que comenzaban la enseñanza primaria a los 6 años era más alta, y era más probable que sus hermanos mayores también asistieran a la escuela.

La evaluación fue clave para garantizar que el Ministerio de Educación apoyara la ampliación, dice Ilidio Nhatuve, gerente del área de Educación de Save the Children en la provincia de Gaza, y sus resultados se ajustan a lo que él ve en las visitas a los centros preescolares.

“He visto muchos cambios en estos niños”, cuenta. “Son muy comunicativos con sus compañeros, padres y maestros. También han ayudado a cambiar la dinámica de la escuela primaria. Cuando llegan a esta, pueden reconocer letras y palabras simples, y saben contar, lo cual motiva  a los otros niños y alienta a los maestros”.

Un “salvavidas” para la aldea

La educación preescolar ha demostrado ser un “salvavidas” para aldeas como Mahuntsane, donde los padres pasan sus días en el campo, cosechando maíz, arroz y mandioca, y a menudo dejan a los niños pequeños sin supervisión o al cuidado de un hermano mayor. Son pocos los menores de los países de ingreso bajo que tienen la oportunidad de asistir a centros preescolares. Los Gobiernos quizás no invierten en el desarrollo en la primera infancia, las escuelas privadas pueden ser demasiado caras, y los papás tal vez no ven los beneficios. Solo el 4 % de los niños de Mozambique están matriculados actualmente en centros preescolares y la mayoría de ellos pertenece a familias urbanas más ricas.

Los menores con acceso a educación preescolar tienen más probabilidades de obtener beneficios a largo plazo. De hecho, un estudio publicado en 2011 en la revista The Lancet mostró que, por ejemplo, aumentar la matrícula preescolar al 50 % de la cantidad total de niños en los países de ingreso bajo y mediano podía dar lugar a ingresos a lo largo de todas sus vidas de entre US$14 000 millones y US$34 000 millones.

“Los encargados de formular políticas y los expertos en desarrollo saben que educar a los niños es fundamental para reducir la pobreza”, dice Naudeau. “Los establecimientos preescolares son una forma efectiva de ayudarlos a prepararse para la escuela primaria y mejorar el bienestar de sus familias. En un país como Mozambique, la educación preescolar con un costo de menos de US$3 al mes por niño, también es asequible a gran escala”.


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