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ARTÍCULO

Lucha contra el ébola:Trabajadores de la salud prestan servicio a los países arriesgando sus propias vidas

Abril 07, 2015


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Sidie, técnico de laboratorio de Sierra Leona, se infectó con ébola cuando extraía una muestra de sangre a un niño de 4 años.

Dominic Chavez / World Bank

TITULARES
  • Casi 900 trabajadores de la salud han contraído el ébola en Guinea, Liberia y Sierra Leona desde que comenzó la epidemia.
  • El Grupo Banco Mundial, a través de la AIF, entrega equipos de protección personal y pagos por condiciones de trabajo peligrosas a trabajadores sanitarios de la región.
  • Los trabajadores de la salud están a la vanguardia de la crisis del ébola, ayudando a sus países a alcanzar la meta de cero casos y comenzar la recuperación.

7 de abril de 2015. Sidie, un técnico de laboratorio de Sierra Leona, se cubrió de la cabeza a los pies con un equipo de protección que no dejaba ninguna parte de su piel al descubierto. Con las jeringas en la mano, le pidió a una madre una vez, dos veces, cinco veces que sostuviera a su hijo de 4 años para poder sacarle sangre. Pero se dio cuenta de que ella, que yacía cerca de su hija de 8 años, ya había contraído el ébola. Su hija también moriría pronto.

Tomó al niño y comenzó a extraerle sangre. Tres mililitros llenaron la jeringa, y salió un poco más. Entonces el menor se apartó con la aguja todavía en su brazo y la sangre salpicó hacia arriba, cayendo una gota en la frente de Sidie, donde su mascarilla se había movido debido al sudor.

“Ya me infecté”, pensó en ese momento. Había tomado muestras de sangre de manera segura a unos 100 posibles pacientes de ébola, pero, esta vez, solo hizo falta una gota.

Una semana después, Sidie, de 49 años, comenzó a sufrir dolores. Luego perdió el apetito, y tuvo dolores de cabeza, ataques de hipo y sed extrema. Una prueba de laboratorio —como las que había realizado tantas veces— confirmó que tenía el virus del Ébola.

Sidie es uno de los 891 trabajadores sanitarios que se han contagiado con el virus del Ébola en Guinea, Liberia y Sierra Leona desde el inicio del brote, que ha provocado más de 10 000 muertos y ha infectado a más de 25 000 personas. A lo largo de la crisis, los trabajadores de la salud como Sidie han estado a la vanguardia, arriesgando sus vidas y medios de subsistencia para poner fin al ébola y restaurar los servicios médicos esenciales en los países más afectados.

En el Día Mundial de la Salud de este año (el 7 de abril) y durante la Semana Mundial del Personal Sanitario (del 6 al 10 de abril), muchos están rindiendo homenaje a su heroica labor, así como a los equipos médicos extranjeros que llegaron a Guinea, Liberia y Sierra Leona para brindar ayuda.

Las primeras pérdidas

Antes del ébola, los tres países más afectados ya tenían una grave escasez de personal sanitario. Liberia, Sierra Leona y Guinea ocupan el segundo, quinto y vigésimo octavo puesto empezando por el final entre 193 países en términos de médicos por cada 1000 habitantes, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). En Liberia, por ejemplo, solo había unos 117 doctores para todo el país, que tiene una población de 4,3 millones de habitantes.

Al comenzar la crisis del ébola, los trabajadores de la salud fueron algunas de las primeras personas que perdieron la vida. Muchos de ellos trataron a los pacientes sin usar equipos de protección y sin saber que estaban ayudando a personas que tenían el virus. Algunos de los síntomas de la enfermedad son similares a los de otros males, como el paludismo, pero el ébola se transmite por contacto directo con sangre o fluidos corporales.

El Hospital Redemption de Monrovia en Liberia, donde fue admitido el primer caso de la ciudad capital, fue uno de los primeros centros de salud que perdió a trabajadores de este sector. Un médico, una enfermera, un asistente de médico y un conocido cirujano ugandés murieron allí tras contraer el virus del Ébola, alguno de ellos por tratar a compañeros de trabajo.


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El hospital donde trabaja el Dr. Mohammed Sankoh en Monrovia, Liberia, admitió el primer caso de ébola de la ciudad. Varios trabajadores de la salud murieron posteriormente, debido a la enfermedad.

Dominic Chavez / World Bank


El Dr. Mohammed Sankoh es el director del Hospital Redemption. Durante el apogeo de la crisis del ébola, este centro enfrentó una escasez de trabajadores sanitarios ya que algunos permanecieron en sus casas por temor a perder la vida como sus colegas. Debido a la afluencia de pacientes infectados, el hospital cerró por varias semanas los servicios no ambulatorios, incluyendo las áreas de salud materna e infantil, cirugía y traumatología.

“Todo el lugar estaba infectado y se podía contraer el virus”, dijo el Dr. Sankoh.

Medidas de control de infecciones y pagos por condiciones de trabajo peligrosas

Acciones como poner a disposición de los trabajadores de la salud equipos de protección personal y capacitarlos en cómo usar la indumentaria, los cascos y las gafas protectoras, así como adoptar medidas de prevención y control de las infecciones, ha ayudado a reducir el número de infecciones de ébola entre lostrabajadores de la salud de los países afectados. El Grupo Banco Mundial (GBM), a través de la Asociación Internacional de Fomento (AIF) —el fondo para los países más pobres del mundo—, ha ayudado a proporcionar materiales de protección personal y capacitación, equipos esenciales, medicamentos y suministros, además de pagos por condiciones de trabajo peligrosas, lo que ha motivado a los trabajadores a volver a los establecimientos sanitarios.

La asistencia del GBM y del Banco Africano de Desarrollo ha financiado los pagos por condiciones de trabajo peligrosas para 6100 trabajadores de la salud en Guinea, 9500 en Liberia y 23 500 en Sierra Leona.

“En la fase inicial [de la crisis del ébola], muchos trabajadores de la salud huyeron”, contó el Dr. Toure Salematou, director municipal de Salud de Matam en Guinea. “Ahora, con el pago adicional, están regresando. Fue muy eficaz para motivar a nuestro personal”.

El GBM también está financiando beneficios por fallecimiento para las familias de los trabajadores de la salud que han muerto. Cuando Sylla, de 58 años, de Conakry en Guinea, perdió a su sobrino de 27 años por causa del ébola, los padres y las hermanas del joven quedaron devastados.

“Su muerte fue un desastre”, dijo Sylla. “Era un gran apoyo para la familia. Todos dependían de él”.

Su sobrino conducía ambulancias en del Hospital Nacional Donka de Conakry. El joven aportaba la mayor parte de los recursos financieros de la familia, incluyendo el pago del desayuno diario de su hermana, una estudiante de farmacia.

Los familiares, con el pago por fallecimiento de US$10 000, compraron un arado y comenzaron a construir una casa, inversiones que esperan que los ayuden a mantenerse en el largo plazo.

Aumento de trabajadores de la salud extranjeros

A los trabajadores de la salud locales de los países afectados se han sumado profesionales extranjeros, que han ayudado a tratar y cuidar a los pacientes, aumentar la capacidad de atención de los aspectos de salud locales, gestionar unidades de tratamiento del ébola, y reanudar los servicios esenciales para tratar otras enfermedades.

Los asociados internacionales, incluido el GBM, han apoyado el aumento de trabajadores de la salud extranjeros Más de 1300 profesionales extranjeros han llegado a los tres países, incluyendo 835 profesionales del Grupo de Apoyo ante el Brote de Ébola en África Occidental de la Unión Africana (ASEOWA), y un equipo cubano de personal médico, integrado por 230 profesionales.

El Dr. Jonas Tewelde, de Mekelle en Etiopía, es uno de estos trabajadores médicos extranjeros. Tewelde vio el impacto que el ébola estaba teniendo en África occidental y respondió al llamado de la Unión Africana, solicitando voluntarios. Este médico generalista ha estado trabajando en el Hospital Redemption de Liberia desde febrero de 2015.

“Es nuestra responsabilidad ayudar a nuestros hermanos de África”, dijo.

Muchos de estos trabajadores extranjeros han estado desempeñándose en unidades de tratamiento del ébola, dijo Charles Branch, coordinador del equipo de médicos extranjeros de la OMS en Sierra Leona.

“Todo este personal está haciendo enormes sacrificios personales”, señaló. “La mayoría de ellos están trabajando dentro de la zona roja en el día a día, y eso es lo que proporciona la capacidad clínica para apoyar al sistema de salud. Esto ha sido fundamental para dar al público y a aquellos en los países afectados la confianza necesaria para reconocer que pueden tener síntomas de ébola y buscar tratamiento, sabiendo que hay instalaciones seguras y eficaces para ellos”.

Mientras los países trabajan para alcanzar la meta de cero nuevos casos de ébola y siguen reconstruyendo sus sistemas de salud, estos equipos médicos extranjeros están proporcionando asesoramiento y capacitación al personal local. Además, posteriormente, ellos llevarán las nuevas habilidades adquiridas a sus países de origen, lo que ayudará a desarrollar capacidad de respuesta a las emergencias de salud pública en dichas naciones.

Los tres países enfrentan enormes desafíos para reconstruir sus sistemas de salud e impulsar la recuperación económica, y deberán tomar decisiones difíciles en términos de prioridades y compensaciones. Una de las áreas de posibles inversiones es el desarrollo de una fuerza de trabajo sanitaria nacional como parte de un sistema de salud con mayor capacidad de adaptación.

"Un frente de guerra"

Antes del envío de equipos médicos extranjeros a Liberia, el Hospital C.H. Rennie del condado de Margibi tenía solo tres doctores. Cuando se desató la crisis del ébola, pronto perdieron a uno de ellos —y otros 13 miembros del personal— por el virus, incluyendo enfermeras, un asistente de médico, un oficial de seguridad, y muchos otros. De la noche a la mañana, el hospital se vio rebasado de pacientes con ébola y muchos de ellos eran parte del personal.

El hospital era un "frente de guerra", dijo Oretha Puway, de 37 años, una partera certificada y enfermera del recinto hospitalario.

Relató que sus compañeros de trabajo “comenzaron a morir uno a uno”.

Finalmente, el hospital, que era el único centro de derivación de la zona, se cerró durante más de un mes en agosto de 2014. Como resultado de esto, algunas embarazadas dieron a luz en sus casas. Oretha recordó a una mujer de 18 años que acudió al hospital para todas sus visitas prenatales y tenía programado el parto cerca de la fecha en que se cerró el hospital. La joven murió en su casa mientras daba a luz. La muerte de esa mujer persigue a Oretha.

Hoy en día, el Hospital C.H. Rennie, al igual que el Hospital Redemption, atraen poco a poco a los pacientes para que vuelvan a dichos centros. Debido a la contaminación provocada por el ébola, en el Hospital C.H. Rennie se tuvieron que quemar muchas de las camas y colchones. La organización no gubernamental Save the Children suministró decenas de camas para ayudar a restaurar y mejorar los servicios de salud en el condado, y 20 integrantes del personal del equipo médico extranjero de la Unión Africana han sustituido a algunos de los trabajadores sanitarios del hospital fallecidos a causa del ébola.

"Un trabajo por hacer"

Sidie, el técnico de laboratorio de Sierra Leona, dijo que se siente afortunado de ser uno de los trabajadores de la salud que se salvó del ébola, aunque sigue enfrentando el estigma de ser un sobreviviente. Muchas personas de su comunidad vieron la ambulancia que lo recogió en su casa cuando estaba enfermo. Su esposa lloraba en la calle y le preguntaba quién se haría cargo de la familia si él moría.

“Cuando pienso en eso, lloro”, relató mientras las lágrimas corrían por sus mejillas.

Después de regresar a su casa del centro de tratamiento el 10 de noviembre de 2014, el dueño de la propiedad trató de desalojarlo. También perdió a muchos de sus amigos debido al estigma.

Y a pesar de que sigue enfrentando problemas médicos posteriores al ébola, Sidie, como muchos otros trabajadores de la salud de África occidental, insistió en regresar a trabajar. Volvió a su puesto el 15 de enero porque dijo que tenía una labor que hacer por su país.

“Esta es una guerra que ha llegado a nuestro país”, dijo. “No se puede esperar que un carpintero le saque sangre a un niño enfermo”.


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