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ARTÍCULO

Ventajas del desarrollo en la primera infancia de los niños romaníes: Inclusión en el presente, prosperidad en el futuro

Agosto 26, 2015


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TITULARES
  • El desarrollo en la primera infancia (DPI) permite ayudar a los niños a desarrollar las habilidades necesarias para tener éxito en todos los ámbitos de la vida.
  • El acceso a la educación, especialmente a la enseñanza preescolar, sigue siendo un problema para los niños romaníes marginados.
  • Las intervenciones anticipadas que promueven el DPI de calidad —tanto a través de más y mejor educación preescolar como de programas dirigidos a los padres y de desarrollo de habilidades— pueden compensar las posibles desigualdades que enfrenta la mayoría de los romaníes desde su nacimiento.

La foto muestra un breve momento de alegría: un papá orgulloso sostiene a su pequeño hijo frente a la cámara fotográfica mientras su propio padre sonríe y se estira para acariciar al bebé. El niño —enfundado en un “mameluco” azul con un gorrito blanco— mira confuso a la cámara, intentando comprender el mundo que lo rodea.

Se trata de tres generaciones de romaníes capturadas en un instante de felicidad.

Lo que esta imagen no puede enseñar, por supuesto, son los momentos que vendrán. Aunque es tan solo un bebé, el pequeño ya está enfrentando un ciclo ininterrumpido de pobreza y exclusión que comienza en el nacimiento para la mayoría de los romaníes y que continúa a través de toda su vida.

Para cuando tenga 3 años —la edad previa a la escuela—, sus oportunidades de obtener una educación ya habrán comenzado a disminuir. El acceso a la enseñanza, especialmente a la educación preescolar, sigue siendo un problema para los niños romaníes marginados.

El desarrollo en la primera infancia (DPI) sienta las bases para ayudar a los niños a desarrollar las habilidades que son necesarias para tener éxito en todos los ámbitos de la vida: en la escuela, en el trabajo, en el hogar y otros. Los niños que se benefician de los programas de desarrollo en la primera infancia aprenden mejor cuando ingresan a la escuela primaria y, en definitiva, ganan mejores salarios como adultos; sin embargo, muchos niños romaníes menores de 5 años no cuentan con estas oportunidades de aprendizaje.

Aunque casi el 75 % de todos los niños en la región de Europa y Asia central es matriculado en la educación preescolar, menos de la mitad de los niños romaníes de entre 3 y 6 años lo hace. En Serbia, por ejemplo, solamente el 6 % de todos los niños romaníes de entre 3 y 5 años y que viven en asentamientos informales es inscrito en este tipo de programas.

Además, es mucho más probable que un niño romaní crezca en un hogar pobre, lo cual a menudo significa poco acceso a agua potable, electricidad o retretes dentro de las viviendas.

Los programas de desarrollo en la primera infancia son especialmente beneficiosos para los niños que proceden de entornos desfavorecidos, (PDF, en inglés) lo que hace que sea incluso más importante incluir a los romaníes marginados en los programas e iniciativas de DPI.

Abordar las brechas del desarrollo en la primera infancia promoviendo habilidades parentales constantes y mejorando la disponibilidad o la asequibilidad de los servicios de calidad en los primeros 1000 días de vida podría contribuir considerablemente a aumentar las oportunidades para los niños romaníes cuando lleguen a ser adultos.

Con el objetivo de encarar estas diferencias, el Grupo Banco Mundial continúa colaborando con los romaníes en una serie de áreas, entre ellas el aprendizaje normativo sobre la inclusión, la ampliación de las mejores prácticas y el desarrollo de alianzas. Las intervenciones anticipadas que promueven el DPI de calidad —tanto a través de más y mejor educación preescolar como de programas dirigidos a los padres y de desarrollo de habilidades— pueden ayudar a compensar las posibles desigualdades que enfrenta la mayoría de los romaníes desde su nacimiento.

Además de ser matriculados en la educación preescolar, los niños romaníes desfavorecidos se podrían beneficiar de una mayor estimulación cognitiva en su hogar. Al crecer en familias que viven en graves condiciones de pobreza y con escasa educación, muchos niños romaníes están en riesgo de desnutrición y tienen una exposición limitada a prácticas parentales eficaces.

Estas brechas de desarrollo en la primera infancia resultan en un acceso desigual a la educación primaria de calidad.

El origen de esta disparidad está en condiciones fundamentalmente injustas, que comienzan en el nacimiento y que continúan a través de toda la vida de la mayoría de los romaníes. Si un niño nace con escaso acceso a la educación preescolar o a viviendas y servicios de saneamiento dignos, es más difícil que él crezca sano, llegue a ser un estudiante exitoso y consiga un buen empleo.

Al introducir una serie de iniciativas de desarrollo complementarias que comienzan con la educación preescolar, el Grupo Banco Mundial y sus asociados están trabajando para romper este círculo vicioso de desigualdad de oportunidades, discriminación étnica y falta de aspiraciones, ayudando a garantizar de que a medida de que este niño crezca, él siga teniendo razones para sonreír frente a la cámara fotográfica.


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