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ARTÍCULO Septiembre 13, 2018

Chocolate “hecho en Haití”


Como cada mañana, Ernise deja a sus hijos en la escuela y se va directo al taller de la Asociación de Mujeres Valientes de Limonade (RAFAVAL), pequeño pueblo del departamento Norte de Haití. Va a encontrarse con las otras integrantes de la agrupación para convertir cacao local en chocolate. La organización opera en el sector agroindustrial, ofreciendo una gran diversidad de productos derivados del cacao que se cultiva en esa zona.

Para las mujeres que integran RAFAVAL, el día comienza a las cuatro de la mañana en sus respectivos hogares. Luego se encuentran al taller de la asociación para comenzar a realizar las primeras ventas del día. A partir de las seis de la mañana, instaladas afuera de la Universidad de Limonade, ellas venden tazas de chocolate caliente y otros productos fabricados con chocolate a trabajadores, estudiantes universitarios, escolares, obreros y dueños de negocios.

Para cosechar el cacao, Ernise y otras compañeras van a la zona agrícola en los alrededores del pueblo de Limonade, una región especialmente fértil del país. Cultivos como maíz, frijoles, plátanos, tubérculos y cacao constituyen una importante fuente de ingresos en una parte del país donde la población está aumentando rápidamente. Sin embargo, el escaso acceso a mercados y las dificultades de añadir valor a los productos agrícolas continúan afectando seriamente el desarrollo de las cadenas de valor de la agricultura.

“Esto fue lo que nos motivó a crear la organización RAFAVAL”, recuerda Ernise Petigny, fundadora de la asociación. Y agrega: “Cuando iniciamos este emprendimiento en 2002, fue muy difícil para nosotras. Teníamos muy pocos recursos, pero paso a paso fuimos reinvirtiendo de manera metódica las ganancias hasta que finalmente pudimos comprar nuestro terreno y construir nuestro primer almacén”.

Con la asistencia del proyecto de Fortalecimiento de los Servicios Públicos para la Agricultura, financiado por el Banco Mundial e implementado por el Ministerio de Agricultura, Recursos Naturales y Desarrollo Rural, esta organización de entusiastas mujeres experimenta un nuevo auge.

“Desde 2015, hemos recibido apoyo del Ministerio de Agricultura, que nos permitió restaurar nuestras instalaciones y comprar los equipos y materiales necesarios para el procesamiento del cacao. Esto luego nos dio acceso a otros mercados para una amplia gama de productos, entre ellos chocolate, cacao en polvo, mantequilla de cacao, así como bocadillos y batidos de chocolate. También nos beneficiamos con sesiones de capacitación sobre mejores prácticas de higiene y técnicas de gestión y comercialización para microempresas”, afirma Ernise.

De la finca al consumidor

En 2015, casi la mitad de los habitantes del país vivía en zonas rurales, y para alrededor del 78 % de ellos la agricultura era la principal actividad económica. Sin embargo, el 70 % de las familias en las zonas rurales vive por debajo de la línea de pobreza, es decir con menos de 2 dólares al día.

Pese a todo esto, el sector agrícola haitiano representa un enorme potencial económico para las familias rurales, y en particular para los hogares encabezados por mujeres, cuyas condiciones de vida son habitualmente más difíciles. Tradicionalmente en Haití, las mujeres trabajan en las fases finales de la cadena de valor agrícola, especializándose en actividades de procesamiento y comercialización, sectores que hasta hace poco recibían menos apoyo que el sector de la producción primaria.

Este proyecto se enfoca en el fortalecimiento de servicios agrícolas de los grupos que trabajan principalmente con leche, café, maíz, mandioca y el procesamiento de frutas, o en los relacionados con mecanización agrícola y producción de insumos, además de ofrecer apoyo a las asociaciones de agricultores desde el inicio hasta el final de las cadenas de valor. Hasta la fecha, esta iniciativa ha beneficiado a 70 organizaciones, asociaciones y cooperativas rurales, como RAFAVAL, ubicadas en los departamentos Norte, Noreste y Sur, con especial énfasis en el fomento de la participación de las mujeres. De los 30 000 productores que han recibido apoyo, el 40 % son mujeres agricultoras establecidas en la región del extremo norte (Grand Nord) y los departamentos Centro y Sur de Haití.

“Cuando aumentan las cosechas, los precios de los productos tienden a desplomarse a causa de una oferta que sobrepasa la capacidad de absorción inmediata del mercado. Este desequilibrio ha estancado el dinamismo de los agricultores, conduciendo a la adopción de estrategias de adaptación que en ocasiones dañan el medio ambiente. Por eso tomamos la iniciativa de fortalecer las entidades asociadas con el procesamiento de las materias primas y los productos agrícolas para promover su conservación y aumentar el valor del trabajo de los agricultores”, dice Hermann Yves Augustin, coordinador general del proyecto.


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