ARTÍCULO Junio 11, 2019

En los pequeños Estados insulares, el transporte resiliente está proporcionando un salvavidas contra los desastres

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Conor Ashleigh/Banco Mundial


TITULARES

  • Debido a su tamaño y localización, los pequeños Estados insulares en desarrollo (PEID) son particularmente vulnerables a los desastres naturales. El cambio climático está exacerbando la situación, provocando eventos climáticos más intensos y frecuentes.
  • Los sistemas de transporte vulnerables pueden empeorar significativamente el impacto del riesgo climático en los PEID: los daños al transporte suelen representar una gran parte de las pérdidas totales causadas por los desastres, frenan la vida económica, impiden el acceso a servicios esenciales y obstaculizan los esfuerzos de recuperación.
  • El Banco Mundial está respondiendo a la urgencia con un apoyo sin precedentes al sector de transporte en los pequeños Estados insulares. Un total de ocho proyectos de transporte han sido aprobados en los PEID durante el último año, todos los cuales incluyen un componente de resiliencia.

Fiyi, las Maldivas, Santa Lucía… Para mucha gente, estos nombres evocan imágenes de vacaciones exóticas en la playa, vegetación exuberante y aguas turquesas. Pero más allá de su sorprendente belleza natural, estos países también están luchando su parte justa de problemas económicos y ambientales, muchos de ellos directamente relacionados con su condición de pequeños Estados insulares en desarrollo (PEID).

Reconocidos por primera vez por las Naciones Unidas en 1992, los PEID son un grupo de 38 países aparentemente dispares (i) ubicados principalmente a través del Pacífico, el océano Índico, el Atlántico y el Caribe. Aunque dispersos por todo el mundo —a veces a miles de kilómetros de distancia—, estos países insulares tienen mucho en común y enfrentan muchos desafíos similares.

En particular, la mayoría de ellos tiene un potencial económico limitado debido a su tamaño modesto, población pequeña y falta de recursos naturales. La distancia plantea un desafío importante también, ya que

Otro factor común es su exposición y vulnerabilidad a desastres naturales como ciclones, inundaciones, marejadas y deslizamientos de tierra que tienden a afectar a los PEID con mucha más frecuencia que a otros países. Como la mayor parte de la población y los activos están concentrados a lo largo de la costa a baja altura, cualquiera de esos acontecimientos puede amenazar rápidamente las vidas humanas y causar estragos en su economía. Cuando el ciclón tropical Pam golpeó a Vanuatu, nación insular del Pacífico, en 2015, el daño y las pérdidas resultantes ascendieron a más del 64 % de PIB (i) del país.

El cambio climático está exacerbando la situación, provocando fenómenos meteorológicos más frecuentes y más intensos, temperaturas más altas, y el aumento del nivel del mar, un fenómeno que pone en peligro la existencia misma de varios PEID.

Si bien el riesgo climático afecta a casi todos los aspectos de la vida en los PEID, el transporte se ve afectado de manera desproporcionada (i), en parte porque la infraestructura en muchos lugares se encuentra en áreas propensas a los desastres justo al lado del mar. En el caso de un desastre, el daño a la infraestructura de transporte puede representar una gran parte de las pérdidas totales del desastre, debido a que los caminos, los puertos y las pistas de aterrizaje suelen estar entre los activos más valiosos de un país. En Dominica, por ejemplo, la infraestructura de transporte está valorada en el 82 % del PIB.


"Las interrupciones en el transporte tienen un efecto dominó en toda la economía; pueden interrumpir el acceso a servicios esenciales y obstaculizar seriamente los esfuerzos de recuperación en casos de desastres. Esto es especialmente cierto en el caso de los PEID, que tienen muy pocas carreteras alternativas u otras opciones de transporte"
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Guangzhe Chen
Director senior de Transporte del Banco Mundial.

, centrándose claramente en la adaptación al cambio climático. De hecho, durante el último año se han puesto en marcha un récord de ocho proyectos de transporte en los PEID, todos ellos teniendo en cuenta el riesgo climático.

“El cambio climático está ejerciendo una enorme presión sobre nuestros países clientes y sus sistemas de transporte. Es una realidad que simplemente no podemos ignorar. Por eso, si mira nuestra cartera de transporte en el Pacífico, no hay un proyecto que no incluya un componente de resiliencia”, dijo Almud Weitz, gerenta de la práctica de transporte del Banco Mundial para el Sudeste Asiático y el Pacífico.

Apoyo para los PEID del Pacífico

Aunque, en muchos casos, las disposiciones sobre resiliencia son un componente de proyectos de transporte de mayor alcance, ha habido un número creciente de proyectos dedicados exclusivamente al riesgo climático, lo que refleja la importancia estratégica de la agenda de transporte para la resiliencia. Un buen ejemplo es el Programa de Transporte Resistente al Clima del Pacífico, una serie de proyectos que actualmente abarca un total de cuatro países: Samoa, Tonga, Tuvalu y Vanuatu. Se espera que más países se unan al programa en una segunda fase.

“A pesar de muchas vulnerabilidades comunes, los PEID del Pacífico tienen diferentes perfiles y prioridades de resiliencia de la infraestructura. El Programa de Transporte Resistente al Clima del Pacífico se basa en un enfoque común, pero se puede adaptar para resolver las necesidades específicas de cada país”, observó el especialista senior en infraestructura Sean Michaels, quien ha estado liderando el programa desde su inicio. “En todos los países incluidos en el programa, las intervenciones incluyen una combinación de inversiones de infraestructura ‘dura’ y de actividades ‘blandas’ de fortalecimiento de la capacidad, con el fin de ayudar a nuestros clientes a administrar de manera eficaz una infraestructura más resiliente”.

Los trabajos de infraestructura pueden implicar la construcción de carreteras complementarias para que los corredores clave puedan seguir funcionando incluso si la carretera principal está dañada, mejorando el drenaje, colocando muros de contención, instalando redes para contener el desprendimiento de rocas y un sinfín de otras medidas dictadas por las circunstancias locales.

Los esfuerzos de asistencia técnica son igualmente críticos. Al fortalecer las instituciones, incorporar la resiliencia a las normas y políticas de diseño de infraestructura, y al desarrollar herramientas de planificación sectorial y espacial, el programa está proporcionando un importante impulso de la capacidad que ayudará a los países a administrar el transporte de manera mucho más eficiente frente a las crecientes amenazas climáticas.

Por su naturaleza, los desastres son impredecibles y, aunque la preparación es crucial, también lo es la capacidad para responder rápidamente a las necesidades de emergencia y reconstrucción. El programa permite que los países reasignen los fondos del proyecto para apoyar las operaciones de recuperación. Conocido como un “componente contingente de respuesta de emergencia”, este mecanismo les brinda a los Gobiernos un margen financiero muy necesario después de una catástrofe.

Confiar en un marco común en varios países ha hecho que la ejecución de los proyectos sea más rápida y más barata, y les ha permitido a los países aprovechar sus limitados recursos de la manera más eficiente posible. Los PEID en todo el mundo están buscando cada vez más trabajar juntos —después de todo, cuando eres pequeño, lo mejor es encontrar fuerza en los números— y el modelo es adecuado para replicarlo en distintos países y sectores.

El impulso para una acción ambiciosa y coordinada está creciendo claramente. En terreno, los PEID están decididos a superar las dificultades. Como lo plantearon los líderes del clima en el Pacífico, “los pequeños Estados insulares no se están ahogando; están luchando”.

Las actividades descritas son parte de un esfuerzo más amplio a través de todo el Banco Mundial para apoyar la resiliencia climática en los pequeños Estados insulares en desarrollo:



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