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ARTÍCULO Septiembre 10, 2020

Granjas autosostenibles, una opción para impulsar zonas pobres de Panamá

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Mujer en terreno agrícola en Panamá. Foto: MIDES


Familias rurales reciben capacitación y capital para potenciar su producción agrícola y de sus animales en sus granjas.

Para mejorar la calidad de vida es necesario promover la generación de ingresos económicos y asegurar que las poblaciones más vulnerables tengan acceso diario a alimentos. Aquí entran proyectos como el Programa de Redes Territoriales que ejecuta el Ministerio de Desarrollo Social (MIDES) en Panamá.

A través de la inclusión productiva se fortalece la seguridad alimentaria para sectores de bajos recursos, donde las familias reciben capacitación para que incrementen y mejoren su producción, ya sea agrícola o de animales, e incluso con el excedente pueden llegar a generar un dinero extra para sus hogares.

Gaston Blanco, especialista senior en protección social del Banco Mundial, nos cuenta con más detalle sobre este proyecto piloto que se acaba de lanzar, en el cual el organismo participa con asesoramiento técnico y financiamiento para su implementación.    

Pregunta: ¿Cuáles son los principales objetivos del Programa Redes Territoriales y porqué fue necesario crear este programa?

GB: Panamá es uno de los países de América Latina con mayor crecimiento económico en la última década. Sin embargo, presenta una amplia brecha social entre las áreas urbanas, rurales y las comarcas indígenas. Del total de la población que se encontraba en situación de pobreza al 2016, la pobreza urbana alcanza al 11.1% de la población, mientras que en las áreas rurales se encontraba en situación de pobreza el 45.2% de sus habitantes. El Programa Redes Territoriales (RT) se focaliza en áreas rurales y urbanas marginales, con índices de pobreza superiores al 40%, donde se apoya a personas que viven en condición de pobreza o pobreza extrema y que ya son parte de programas de transferencias monetarias condicionadas del MIDES (Red de Oportunidades y otros).  RT provee acompañamiento técnico y la transferencia de activos productivos agrícolas y avícolas para aumentar los conocimientos y prácticas productivas y ofrecer de esa manera una oportunidad para incrementar la generación de ingresos autónomos, especialmente entre las mujeres. El programa ha probado ser muy efectivo en la entrega de semillas variadas, técnicas de siembra, bombas de agua o vitaminas para los animales.

P: ¿Por qué fue clave incluir la perspectiva de género en esta iniciativa?  

GB: Las mujeres rurales representan cerca del 50% de la fuerza de producción de alimentos en el mundo, según datos de la Organización de las Naciones Unidad para la Alimentación y Agricultura (FAO). Ocupan un rol importante en la preservación de la biodiversidad y la recuperación de prácticas agroecológicas; además, son pieza clave para la seguridad alimentaria y nutricional de sus familias. Sin embargo, viven en una situación de desigualdad social, política y económica con apenas el 30% de titularidad de la tierra, del 10% de los créditos y del 5% de la asistencia técnica. Redes Territoriales busca visibilizar el rol que cumple la mujer rural en la economía familiar y nacional de Panamá con base en capacitaciones productivas, financieras y transferencias de activos con tecnologías mejoradas. En el marco de la crisis generada por la COVID-19, es prioritario que aumente el empoderamiento con enfoque de género para que haya más mujeres líderes con visión emprendedora y, así, también se logre una recuperación económica con mayor inclusión.

P: Precisamente, ¿cómo se contextualiza este proyecto en un escenario pospandemia?

GB: Las medidas de contención de la COVID-19 han afectado los motores del crecimiento económico de Panamá con importante impacto, especialmente para los pueblos indígenas, las mujeres y los afrodescendientes. Con la caída en la demanda de bienes y servicios, las comunidades rurales han visto afectados sus ingresos con lo que aumenta la severidad de la pobreza.  Para impulsar la reactivación económica, se pueden aprovechar los programas como Redes Territoriales, ya que garantizan a sectores vulnerables el acceso a alimentos en casa y la posibilidad de aumentar los ingresos al vender los excedentes de su producción agrícola o avícola. El proyecto cumple dos fines vitales, mitigar el impacto económico de la crisis y sentar las bases de un mayor desarrollo social y económico en las zonas rurales y más alejadas del país.

P: ¿Qué tan replicable podría ser este proyecto en otros países de la región?

GB: Países como Perú y Colombia han sido ejemplo para el programa Redes Territoriales de Panamá, al demostrar la efectividad de establecer vínculos entre la protección social y las intervenciones de tipo productivo y de empleo. El número de programas de inclusión productiva y empleo focalizados en los beneficiarios de programas de protección social, principalmente de transferencias monetarias, ha aumentado en la región con programas como Haku Winay, en Perú; IRACA y Familias en su Tierra de Colombia; Tenonderã en Paraguay; y los Centros de Capacitación y Producción del programa Progresando con Solidaridad en República Dominicana. Estas referencias nos permiten confiar en que en Panamá podamos pasar del piloto a la práctica sostenida con este tipo de programas.

 


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Mujeres durante capacitación. Foto: MIDES


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