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COMUNICADO DE PRENSA

Un impulso inmediato al desarrollo con conciencia climática puede mantener a más de 100 millones de personas fuera de la pobreza

Noviembre 08, 2015


Casi 3 millones de personas en riesgo en América Latina y el Caribe

WASHINGTON, 8 de noviembre de 2015 –  El cambio climático está causando ya que muchas personas no puedan salir de la pobreza extrema, y sin un desarrollo rápido, inclusivo y consciente del clima, junto con esfuerzos para reducir las emisiones que protejan a los pobres, es posible que para 2030 haya otros 100 millones de personas en pobreza extrema, según un nuevo informe del Grupo Banco Mundial, emitido antes de la conferencia internacional de París.

En el informe, denominado Shock Waves: Managing the Impacts of Climate Change on Poverty (Grandes cataclismos: Cómo abordar los efectos del cambio climático en la pobreza), se concluye que las personas pobres ya tienen un alto riesgo de sufrir perturbaciones relacionadas con el clima, como, por ejemplo, la pérdida de cosechas debido a menores precipitaciones, alzas en los precios de los alimentos después de fenómenos meteorológicos extremos y una mayor incidencia de enfermedades después de olas de calor e inundaciones. Según dicho informe, esas perturbaciones podrían borrar aquello que tanto costó conseguir y ocasionar pérdidas irreversibles, con lo cual muchas personas volverían a la pobreza, en especial, en África y Asia meridional.

“Este informe expresa con claridad que será imposible acabar la pobreza si no adoptamos medidas firmes para reducir la amenaza del cambio climático y disminuir radicalmente las emisiones nocivas”, expresó Jim Yong Kim, presidente del Grupo Banco Mundial. “Los pobres son quienes más se ven afectados por el cambio climático y nuestro desafío en este momento es proteger a decenas de millones para evitar que caigan en la pobreza extrema debido al cambiante clima”.

Sin desarrollo adecuado y compatible con el cambio climático, 2,6 millones más de personas podrían caer en la pobreza extrema en América Latina y el Caribe en el 2030, en gran parte como resultado de los impactos en la salud y los efectos de las temperaturas más cálidas en la productividad del trabajo. Los desastres naturales también pueden afectar de manera desproporcionada a los pobres en la región. Cuando el huracán Mitch golpeó Honduras en 1998, las personas pobres perdieron proporcionalmente tres veces más activos e ingresos que los demás.

Según el informe, los más pobres se encuentran más expuestos que la población promedio a la mayoría de las perturbaciones relacionadas con el clima, como inundaciones, sequías y olas de calor, y cuando se ven afectados, pierden una mayor proporción de sus riquezas. En los 52 países acerca de los que hay datos disponibles, el 85 por ciento de la población vive en países donde los pobres se ven más expuestos a la sequía que el promedio. Además, también están más expuestos a temperaturas más elevadas y viven en países en donde se estima que, debido al cambio climático, la producción alimentaria será menor.

En el informe, divulgado un mes antes de que los negociadores se reúnan en París para las charlas internacionales sobre el clima, se muestra cómo se puede poner fin más efectivamente a la pobreza y luchar contra el cambio climático si esas cuestiones se abordan en conjunto.

En el informe se concluye que la agricultura será el principal impulsor de cualquier aumento en la pobreza. Estudios con base en modelos sugieren que el cambio climático podría provocar pérdidas en los rendimientos globales provenientes de los cultivos, que podrían llegar a ser de hasta el 5 por ciento para 2030 y del 30 por ciento para 2080. Los efectos sobre la salud (mayor incidencia del paludismo, de la diarrea y de los retrasos del crecimiento) y sobre la productividad del trabajo son los siguientes impulsores más significativos.

El impacto del cambio climático sobre los precios de los alimentos en África podría llegar al 12 por ciento para 2040 y al 70 por ciento para 2080, un golpe perjudicial para aquellas naciones en donde el consumo de alimentos de los hogares más pobres asciende a más del 60 por ciento del gasto total.

Al hacer hincapié en los efectos sobre la agricultura, los desastres naturales y la salud, el informe insta a poner en práctica iniciativas de desarrollo que mejoren la resiliencia de los pobres. Esas iniciativas pueden incluir, por ejemplo, fortalecer las redes de seguridad social y la cobertura de salud universal, así como medidas relacionadas específicamente con el clima que ayuden a enfrentar el cambio climático, como mejores defensas en caso de inundaciones, sistemas de alerta temprana y cosechas resistentes al clima.

Al mismo tiempo, se expresa que es necesario dar un fuerte impulso a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero a fin de eliminar la amenaza a largo plazo que el cambio climático representa para la reducción de la pobreza. Esos esfuerzos de mitigación deberían ser diseñados para garantizar que no representen una carga para los pobres. Por ejemplo, lo que se ahorre al eliminar los subsidios a los combustibles fósiles podría reinvertirse en planes de ayuda a las familias pobres para que estas puedan afrontar costos más altos de los combustibles.

De acuerdo al informe, en los países pobres, el apoyo de la comunidad internacional será fundamental para poder aplicar de manera satisfactoria muchas de estas medidas. Esto es especialmente cierto en el caso de inversiones con altos costos iniciales (como el transporte urbano o infraestructura de energía resiliente), que son esenciales para evitar quedar atrapado en patrones de alta emisión de carbono.

“El futuro no está escrito en piedra”, dijo Stephane Hallegatte, economista senior del Banco Mundial, que estuvo a cargo del equipo que elaboró el informe. “Ante el cambio climático, tenemos la oportunidad de alcanzar nuestros objetivos anti pobreza, siempre y cuando elijamos desde ya con sabiduría las políticas”.

En el informe también se examinan exitosas soluciones de políticas que demuestran que un desarrollo adecuado puede proteger a los pobres de las perturbaciones. Por ejemplo, en México, beneficiarios de Prospera, el programa nacional de transferencias monetarias, son menos propensos a retirar a sus hijos de la escuela cuando enfrentan choques económicos. En Perú, la emisión de títulos de propiedad a más de 1,2 millones de habitantes urbanos los animó a invertir más en sus hogares, lo que reduce la vulnerabilidad a las amenazas naturales.

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COMUNICADO DE PRENSA N.º
2016/166/GCC

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