COMUNICADO DE PRENSA Abril 04, 2018

Los programas de protección social ayudan a millones de personas a salir de la pobreza, pero persisten brechas de cobertura

CIUDAD DE WASHINGTON, 4 de abril de 2018. En un nuevo informe del Grupo Banco Mundial se afirma que el 36 % de las personas más pobres que recibió beneficios de una red de protección social salió de la pobreza extrema, lo que demuestra claramente que los programas de protección social tienen un impacto sustancial en la lucha mundial contra la pobreza. El impacto de las redes de protección social en la pobreza se mide sobre la base de los datos disponibles de los hogares de 79 países, comparando el bienestar de los beneficiarios de estas redes con aquel de que gozarían si no hubieran recibido dicho apoyo.

Los datos del informe titulado State of Social Safety Nets 2018 (Estado de las redes de protección social 2018) revela que las redes de protección social —que comprenden transferencias monetarias y en especie, pensiones sociales, obras públicas y programas de comedores escolares destinados específicamente a los hogares pobres y vulnerables— también reducen la desigualdad y la brecha de pobreza en alrededor del 45 %, aunque sus beneficiarios no salgan de la pobreza. Estos efectos positivos de las transferencias de protección social se observan en los países de ingreso tanto bajo como mediano.

Pese a la creciente aprobación de programas de protección social en los países en los últimos años, la cobertura mundial de la población pobre y vulnerable continúa siendo insuficiente. Alrededor de 2500 millones de personas en todo el mundo están cubiertas por alguna red de protección social, 650 millones de las cuales pertenecen al 20% más pobre de la población. Sin embargo, tan sólo una de cada cinco personas que viven en un país de ingreso bajo está cubierta por una red de protección social. Además, los países con un alto riesgo de sufrir desastres naturales suelen tener menos cobertura de redes de protección social.

"En un mundo volátil, hay sólidas muestras de que los programas de protección social pueden ayudar a fortalecer la resiliencia de las familias pobres y a reducir su grado de pobreza, lo que convierte a esos programas en un instrumento esencial para el desarrollo rápido de las naciones", afirmó Annette Dixon, vicepresidenta de Desarrollo Humano del Grupo Banco Mundial. "Cuando no existen estos programas de protección social, las personas pobres que encaran crisis pueden sumirse aún más en la pobreza y, con frecuencia, tener que vender los activos que les quedan o contraer más empréstitos".

Los países en desarrollo y en transición gastan un promedio del 1,5 % del producto interno bruto (PIB) en programas de protección social. Muchas naciones están gastando más en dichos programas porque ven el impacto que tienen en la reducción de la pobreza. Los países de las regiones de África al sur del Sahara y de Asia también están introduciendo programas insignia de protección social y están ampliando rápidamente la cobertura. Por ejemplo, en Senegal, la cobertura del programa insignia nacional de transferencias monetarias se amplió rápidamente del 3 % al 16 % de la población en tan sólo cuatro años, en tanto que en Filipinas, desde 2010 se ha ampliado la cobertura del programa de transferencias monetarias condicionadas del 5 % al 20 % de la población.

El gasto, como porcentaje del PIB, por región es el siguiente: Europa y Asia central: 2,2 %; África al sur del Sahara: 1,5 %; América Latina y el Caribe: 1,5 %; Asia oriental y el Pacífico: 1,1 %; Oriente Medio y Norte de África: 1 %, y Asia meridional: 0,9 %.

En el informe también se analizan dos áreas temáticas pertinentes a la gestión del riesgo y la vulnerabilidad, a saber: la asistencia social y el envejecimiento, en que se estudia concretamente la función de las pensiones sociales de vejez, y la protección social para la adaptación, en que se estudian las crisis y cómo pueden adaptarse los programas de protección social para reaccionar mejor ante ellas.

En cuanto a las pensiones sociales, el informe revela que las pensiones de vejez han ayudado a los ancianos a salir totalmente de la pobreza, y que los ancianos comprendidos en el quintil más pobre son los que más se han beneficiado, independientemente del diseño del programa. La región de Europa y Asia central en la actualidad tiene el porcentaje más alto de ancianos; a largo plazo, en América Latina y el Caribe, Asia meridional, y Asia oriental y el Pacífico se registrará el aumento más alto.

A pesar de la evidente tendencia al envejecimiento, la mayoría de los países no cuenta con sistemas y beneficios que puedan cubrir cabalmente a los ancianos o sus necesidades especiales. Mientras que en casi el 90 % de las economías de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) existen las pensiones sociales de vejez, estas pensiones existen en tan sólo el 70 % de las economías de América Latina y el Caribe, y en casi el 65 % de las de Europa y Asia central.

El informe es el tercero de una serie de estudios en los que se da cuenta del seguimiento y se informa acerca del crecimiento y la cobertura de las redes de protección social en el mundo en desarrollo, y él contribuye a establecer una referencia de la posición que ocupan los distintos países y regiones en lo que respecta al gasto en redes de protección social, los principales indicadores de desempeño y el impacto en la reducción de la pobreza y la desigualdad. En el análisis presentado en el informe se usan datos administrativos correspondientes a 142 naciones y datos de la encuesta de hogares de 96 países de la base de datos de ASPIRE. El análisis también aporta pruebas empíricas que son muy necesarias en el contexto de la creciente atención mundial puesta en la protección social, como lo ponen en evidencia los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

"Los programas de protección social revisten importancia para reducir la pobreza y la desigualdad. Nuestros datos revelan que solo en los países con un nivel sustancial de cobertura y de beneficios se logra una reducción importante de la pobreza", afirmó Michal Rutkowski, director superior de Prácticas Mundiales de Protección Social y Trabajo.

Pese a los avances, queda mucho más por hacer con respecto a los programas de protección social para las personas pobres y vulnerables en todo el mundo. Persisten brechas importantes en los niveles de cobertura y beneficios, y la comunidad internacional del desarrollo debe continuar trabajando con las naciones para abordar estas disparidades.


COMUNICADO DE PRENSA N.º 2018/133/SPJ

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