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Financiamiento de la energía limpia: marco para que las asociaciones público-privadas aborden el cambio climático, Londres

Marzo 13, 2007


Paul Wolfowitz, Presidente del Grupo del Banco Mundial Londres, Reino Unido

Texto preparado para la intervención

Paul Wolfowitz: Muchas gracias por patrocinar esta reunión. Estoy plenamente de acuerdo con lo que dijeron acerca de la necesidad de encarar el desafío de la energía limpia no sólo como un peligro que debemos evitar, sino también como una oportunidad que debemos aprovechar, en especial en el mundo en desarrollo.
 
Estamos aquí hoy día para abordar un tema urgente en la agenda del desarrollo global, cual es encontrar una forma de satisfacer la creciente demanda por energía y al mismo tiempo reducir nuestras emisiones de carbono.
 
La semana pasada, Europa dio el ejemplo y acojo con beneplácito el anuncio de la Canciller Merkel de que Europa reduciría en un 20% sus emisiones de carbono de aquí al año. 2020. Esa noticia no es sólo un paso importante en la lucha contra el cambio climático, sino además crea oportunidades para llamar al sector privado a unirse en ese esfuerzo.
 
Muchas de las empresas que están representadas aquí hoy ya han comenzado a invertir en energía renovable, mejorar la eficiencia y profundizar la investigación y el desarrollo de productos amigables con el clima.
 
Es una tendencia que se ha globalizado en el sector empresarial. A principios de este año, una coalición de importantes ONG y empresas de Estados Unidos, que se hace llamar USCAP y que incluye a DuPont, Caterpillar y General Electric, hizo un llamado a formular una política nacional de avanzada que busque atajar el cambio climático.
 
Qué gran diferencia. Pocos años atrás, era impensable que esas empresas se reunieran para hablar sobre el cambio climático y ahora no sólo lo están haciendo, sino que además hacen un llamado a la acción.
 
Comparten un incipiente consenso global respecto de que la comunidad internacional debe hacer algo, cuanto antes, para reducir las emisiones de carbono y heredar a nuestros hijos y nietos un planeta más saludable.
 
Parte de nuestro desafío es aquel con el que hemos vivido durante mucho tiempo, el desafío de luchar contra la pobreza en el mundo, la que es inmensa. Les recuerdo que en este momento mil millones de personas en el mundo sobreviven día a día con menos de un dólar diario. Esa es una cifra pasmosa y es horrible pensar en un nivel de extrema pobreza de tal magnitud. Sin embargo, si examinamos nuestra historia reciente, sabemos que hay esperanzas.
 
En los últimos 25 años, alrededor de 500 millones de personas han salido de la pobreza en el mundo y gran parte de ese progreso ha sido impulsado por el rápido crecimiento económico en las dos grandes economías emergentes: China e India.
 
Debemos admitir que habría sido imposible lograr ese crecimiento sin un mayor consumo de energía en estos países. Y no hay duda alguna de que ese crecimiento debe continuar para que los que siguen atrapados en la pobreza tengan posibilidades de aspirar a un futuro mejor.
 
Hoy, 1.600 millones de personas de todo el mundo no tienen acceso a ningún tipo de energía eléctrica. En las zonas rurales del mundo en desarrollo, en particular en Asia meridional y África al sur del Sahara, cuatro de cada cinco personas viven sin electricidad.
 
Por ende, la demanda de energía en el mundo en desarrollo puede y debe aumentar, pero necesitamos estar preparados para responder a este aumento en la demanda reduciendo la huella de carbono que dejamos.
 
Con estas estadísticas en mente, debemos preguntarnos “¿Cómo podemos reducir simultáneamente la pobreza y las emisiones de carbono?”
 
Los países pobres sostienen que no tienen por qué pagar el precio del crecimiento con combustibles fósiles de los países ricos. Y tienen razón.
 
Los países ricos son quienes deben liderar con el ejemplo. Hoy, las naciones de la OCDE adelantan  planes para renovar y reemplazar prácticamente toda su infraestructura energética. Las decisiones que hoy se tomen en las capitales a lo largo y ancho de Europa y América del Norte afectarán a las generaciones futuras, de manera que es crucial que tomen las opciones correctas, inviertan en tecnología limpia y promuevan estrategias de bajas emisiones de carbono.
 
Y estos países ricos también deben liderar con su apoyo directo a las naciones en desarrollo.
 
Necesitamos reducir la pobreza y las emisiones de carbono.
 
En lugar de percibir las reducciones de carbono como una actividad costosa que simplemente disminuye la carga del cambio climático, deberíamos considerar este asunto como una oportunidad para generar los fondos necesarios para invertir en una trayectoria energética diferente, una que no sólo use menos carbono, sino que además diversifique las fuentes de energía del mundo, preserve los bosques y permita evolucionar en el largo plazo de los combustibles fósiles, finitos y limitados, a una mayor dependencia de energías renovables e innovaciones tecnológicas. Esa es la oportunidad a la que nos enfrentamos.
 
Sin embargo, para lograr reducir las emisiones de cambio, necesitamos mucho más que inversiones.

También debemos disponer de un marco regulador mundial de largo plazo que sea equitativo a fin de disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero:

  • un marco en el que los países ricos muestren liderazgo en apoyar a los países en desarrollo a cambio del beneficio global de lograr un crecimiento más verde e inteligente,
  • un marco que ofrezca certidumbres a fin de estimular la investigación y el desarrollo en tecnologías de transformación
  • y un marco que permita prosperar a los mercados del carbono y llevar flujos financieros a los países en desarrollo que en el transcurso de unos pocos decenios podrían llegar a la cifra de US$100.000 millones.

Cual sea la solución que surja para reducir las emisiones de carbono, una cosa es clara: necesitaremos generar una cantidad importante de recursos para ayudar al crecimiento de los países en desarrollo y al mismo tiempo reducir los efectos negativos en el medioambiente.
 
El Secretario del Medio Ambiente en el Reino Unido, David Miliband, acaba de sugerir que la venta de créditos de emisiones de carbono podría generar flujos de recursos en el orden de US$200.000 millones al año, la mitad de lo cual iría a parar al mundo en desarrollo, es decir, US$100.000 millones al año.
 
Sin duda, se trata de una cantidad de dinero enorme, más de lo que todas las instituciones bilaterales y multilaterales gastan hoy conjuntamente en Asistencia oficial para el desarrollo. No obstante, debemos pensar también que es una cantidad muy pequeña si la comparamos con lo que gasta el mundo cada año en combustibles fósiles. Es sólo el 7% de los US$1,5 billones que el mundo gasta anualmente sólo en petróleo, sin mencionar el gas y el carbón.
 
Hay mejores usos para esos fondos. En lugar de importar combustibles fósiles, podríamos invertir en innovaciones que nos permitan satisfacer nuestra necesidad de contar con fuentes más diversificadas y que no dañen el medioambiente.
 
Por eso la energía limpia no debería percibirse sólo como un costo, ya que es una oportunidad para invertir en un futuro distinto…una oportunidad para diversificar nuestras fuentes energéticas y nuestros gastos.
 
Hace dos años, bajo el liderazgo de Gordon Brown, Canciller del Reino Unido, en la Cumbre de Gleneagles en Escocia, los países del G8 pidieron al Banco Mundial que delineara los pasos a seguir para acelerar las inversiones en energía limpia para el mundo en desarrollo en cooperación con otras instituciones financieras.
 
El Marco para la inversión en energía limpia identifica el alcance de las inversiones que necesitamos para:

  • aumentar el acceso a energía, en especial en África al sur del Sahara,
  • acelerar la transición a una economía con baja emisión de carbono y
  • adaptarse al cambio y la variabilidad del clima.

En los últimos tres años, el apoyo total del Grupo del Banco Mundial para energía ha aumentado aproximadamente a unos US$3.000 a US$4.000 millones al año, incremento de 40% respecto del período anterior de tres años. Y el año pasado, 37% de ese financiamiento estuvo destinado a iniciativas para reducir las emisiones de carbono.
 
Sin embargo debido a la enorme demanda, debemos hacer mucho más para potenciar el financiamiento del sector privado, tanto para cerrar la brecha como para impulsar la innovación.
 
Por eso, quiero hablarles brevemente de cuatro áreas en las cuales hemos apoyado activamente iniciativas propicias para el clima.
 
Primero, invertir en eficiencia y conservación, ya que a pesar de haber hecho todo lo posible para lograr la diversificación, es evidente que la mayoría de los países en desarrollo deberán depender en forma intensiva de los combustibles en base a carbono durante el futuro previsible (aunque depende de qué tan lejos miremos al futuro), dicho de otro modo, durante mucho tiempo más. Por ende, estamos concentrando nuestros esfuerzos en oportunidades para mejorar la eficiencia y conservación en el uso de combustibles fósiles.
 
En momentos en que grandes economías emergentes como China e India buscan lograr un rápido crecimiento, trabajamos con ellas para desarrollar estrategias y financiar planes que reduzcan su huella de carbono.
 
Por ejemplo, nos hemos asociado con bancos chinos para convencer al sector privado local de los argumentos comerciales que apoyan la eficiencia energética. Por primera vez, tres actores de la economía china, esto es, servicios públicos, proveedores de equipamiento de bajo consumo de energía y bancos comerciales, se unieron para crear un nuevo modelo financiero (una solución basada en el mercado) que promueva la eficiencia energética.
 
A través de nuestro trabajo analítico, también apoyamos la labor de China en la reestructuración de su sector de calefacción en los distritos y trabajamos con la industria del acero de ese mismo país en el rediseño de los actuales procesos de producción a fin de ahorrar energía.
 
Ayudamos a México, Brasil, China e India a probar en forma experimental modalidades de transporte urbano más eficientes en el uso de la energía.
 
También promovemos Planes para inversiones verdes, que asocian las ganancias por la venta de créditos de emisiones de carbono con inversiones en proyectos con baja emisión de carbono en Letonia, Ucrania y Bulgaria, al tiempo que iniciamos una labor similar en Rusia. Y puedo afirmar, luego de una visita a una planta de calefacción ‘de época’ (no se me ocurre otra descripción) de un hospital en Belgrado que emanaba grandes cantidades de vapor al ambiente invernal, que la simple igualación del nivel de eficiencia energética de Europa central y oriental con el nivel logrado en Europa Occidental presenta enormes oportunidades. En todo esto, sin embargo, es imprescindible lograr una sólida asociación con el sector privado.
 
Para darles un ejemplo, como parte de la Asociación mundial para la reducción de la quema por antorcha de gas, estamos ayudando a empresas y países productores de petróleo a aumentar el uso del gas natural, gas que de lo contrario sería quemado y dañaría el medioambiente.
 
Esta asociación movilizó US$1.700 millones en capital privado para proyectos de reducción de la quema de gas en Ecuador, Indonesia, Nigeria y Rusia que compensan unos 6 millones de toneladas de emisiones de CO2.
 
Ese modelo de asociación también podría ser útil para promover otras tecnologías propicias para el clima. Dadas las enormes reservas de carbón en Estados Unidos, China e India, técnicas como la Gasificación integrada en ciclo combinado (IGCC) asociadas con la Captura y almacenamiento de carbono (CCS) podrían ayudarnos a usar un valioso recurso para el desarrollo de una manera que reduzca la huella del carbono.
 
¿Podría una asociación entre el sector público y el privado ayudarnos a cumplir estos objetivos? Esperamos que esta conferencia nos de algunas respuestas.
 
A medida que ampliemos el alcance de nuestros esfuerzos, necesitaremos buscar herramientas financieras innovadoras, incluidas garantías y otros instrumentos que puedan potenciar la participación del sector privado y responder a las necesidades específicas de nuestros países asociados. Parte importante en este proceso será nuestra labor en la generación de financiamiento por la venta de créditos de emisiones de carbono.
 
Hoy día, el Grupo del Banco Mundial maneja cerca de US$2.000 millones en nueve fondos tipo para reducir las emisiones de carbono, de los cuales ya se han comprometido US$1.400 millones.
 
Estos fondos apoyan inversiones que buscan reducir las emisiones de carbono y fluctúan desde la destrucción de gases industriales hasta la captura de metano en rellenos sanitarios. También hay inversiones que persiguen una mayor eficiencia energética en la producción de acero, co-generación de electricidad a partir de bagazo, energía renovable, cambio en el uso del suelo y lucha contra la deforestación.
 
En la actualidad, tras consultar con gobiernos y participantes del sector privado en estos fondos, el Banco está diseñando un nuevo servicio de financiamiento generado por la venta de créditos de misiones de carbono, el que adquiriría reducciones de emisiones más allá del período regulador previsto en el Protocolo de Kyoto. Estoy convencido que la decisión tomada en la Cumbre Europea la semana pasada debería reforzar y fortalecer esos esfuerzos.
 
El segundo eje de atención de nuestro esfuerzo es ampliar la inversión y el acceso a energía renovable.
 
Sabemos que no existen las recetas mágicas, pero también sabemos que el sector privado es crucial para el progreso y la innovación.
 
Las energías eólica, solar, geotérmica e hidroeléctrica, además de la bioenergía, forman parte del camino diversificado. Estas tecnologías pueden llegar a lugares donde es imposible construir y mantener una red de energía eléctrica centralizada.
 
Estamos promoviendo la energía geotérmica en Kenya y pequeñas plantas hidroeléctricas en zonas rurales de Uganda. En Nepal, brindamos nuestro apoyo a un programa de biogás que reemplaza la leña para cocinar en hogares rurales, de manera de reducir la contaminación al interior de las viviendas y al mismo tiempo las emisiones de carbono.
 
Trabajamos en la comercialización de celdas combustible en zonas remotas de África, mientras que en India, Kenya y Marruecos fomentamos el uso de paneles solares para producir electricidad.
 
En Guinea-Bissau, un proyecto del Banco usa cáscaras de anacardos para generar electricidad. Este proyecto puede beneficiar directamente la industria del anacardo, el cual representa dos tercios del PIB de ese pequeño país.
 
En 1992, la energía renovable representaba sólo el 0,1% de la capacidad de generación total de India. Brindamos nuestro apoyo a India entregándole US$108 millones en créditos y movilizamos US$200 millones en el sector privado para promover la energía renovable y fortalecer las instituciones pertinentes. En 2002, la participación de la energía renovable había aumentado a 3% en India, que si bien aún es un porcentaje bajo, representa un incremento de treinta veces en sólo diez años.
 
En Brasil, tuve la maravillosa oportunidad de visitar una planta de etanol a partir de caña de azúcar en las afueras de San Paulo. Ahí producen etanol a gran escala y con excepcional eficiencia. No es de sorprender que la producción de biocombustibles de todo tipo sea de máxima prioridad en el programa del Presidente Lula.
 
Y también creo que muchos países de África tienen la combinación correcta de clima, suelo y agua, de modo que la producción de biocombustible podría ser una posibilidad real. Reconozco que lo que funciona en Brasil podría no funcionar en otra parte, pero definitivamente es algo que se debería evaluar. También es necesario evaluar las barreras que impiden el comercio internacional de etanol.
 
Hablando en forma más amplia, las tecnologías de segunda generación son prometedoras y esperamos brindar nuestro apoyo a programas sólidos de investigación y desarrollo en este campo.
 
El tercer eje de atención en los esfuerzos del Banco Mundial es la conservación de los bosques. Sabemos que alrededor de 20% de las emisiones de gases de efecto invernadero surgen del manejo deficiente de la tierra, en especial de la deforestación. Eso no sólo amenaza el clima global, sino además destruye la fauna y perjudica el patrimonio natural de los pobres.
 
Junto con nuestros asociados oficiales y no gubernamentales, estamos desarrollando un Fondo experimental para la retención del carbono a través de la conservación de los bosques, mecanismos que ayudará a los países a combatir la deforestación y recibir como recompensa financiamiento por la venta de créditos de emisiones de carbono.
 
El fondo experimental proyectado sentaría las bases para un futuro mercado del carbono a gran escala, formaría la capacidad nacional necesaria para aprovechar este futuro mercado y probar en forma experimental con pagos en base al desempeño para evitar la deforestación y mejorar la ordenación de los recursos naturales, en especial el control de los bosques.
 
Cuarto, en el área de la adaptación, trabajamos para ayudar a nuestros países asociados a adaptarse a algunos de los efectos negativos del cambio climático.
 
Se trata de un problema grave para los países pobres. Los países en desarrollo, y en particular sus habitantes más pobres, suelen ser los más afectados por los cambios en el clima o por sucesos climáticos extremos como inundaciones, sequías, olas de calor y aumento del nivel del mar. También suelen ser los menos preparados para resistir estas situaciones, pues si ya están viviendo al límite, estas tragedias medioambientales fácilmente pueden terminar por destruirlos.
 
El Banco Mundial estuvo entre los líderes en abordar la adaptación al riesgo climático mediante su trabajo pionero en seguros contra este tipo de riesgos en el Caribe, América Latina y Asia meridional. Sin ir más lejos, el mes pasado lanzamos el Mecanismo de Seguro de Riesgo para Catástrofes en el Caribe con apoyo de un fondo fiduciario de múltiples donantes. Ahora, el desafío es replicar estas lecciones en forma más amplia, en especial en África al sur del Sahara y en las Islas del Pacífico.
 
Y con nuestros asociados también analizamos formas de promover un desarrollo sostenible y con capacidad para adaptarse a la variabilidad climática, algo que podríamos llamar inversiones para el desarrollo ‘a prueba del clima’.
 
En el Banco Mundial, reconocemos que es necesario hacer lo que predicamos en nuestras propias operaciones, por eso nuestra sede del Grupo del Banco Mundial no produce emanaciones de carbono. También consideramos que, en coordinación con nuestros asociados en el desarrollo, ha llegado la hora de crear un sistema que pueda calcular la intensidad de las emanaciones de carbono de nuestros proyectos.
 
Me complace ver que varias empresas privadas, tanto presentes en esta conferencia como muchas otras, avanzan en la misma dirección.
 
En la actualidad tenemos pruebas fehacientes de que nuestro consumo de combustibles fósiles está dañando gravemente el medioambiente y mientras más demoremos en reaccionar, más costoso será corregir el problema. Seguir adelante como lo hemos hecho siempre ya no es opción viable.
 
Tenemos la oportunidad de avanzar hacia una senda de desarrollo amigable con el clima y de asegurar un futuro más limpio y estable para nuestros hijos y nietos.
 
Si los gobiernos, el sector privado y las instituciones dedicadas al desarrollo internacional nos unimos en nuestros esfuerzos, podríamos traducir el emergente consenso global sobre cambio climático en acciones concretas. Podemos financiar la innovación y encontrar soluciones.
 
Y podríamos mirar con más confianza hacia un futuro muy distinto, donde no tengamos que elegir entre la prosperidad y el medioambiente saludable, porque ambos estarán a nuestro alcance.
 
En el Grupo del Banco Mundial estamos ansiosos de cumplir con nuestra parte para brindar un doble dividendo al mundo en desarrollo y para ayudar a salvaguardar nuestro medioambiente mundial.
 
Gracias.

Api
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