Discursos y transcripciones Octubre 07, 2019

Impulsar el crecimiento desde las bases: Discurso de David Malpass, presidente del Grupo Banco Mundial

Desarrollo que da resultados

Muchas gracias por la presentación, Dra. Fortier. Es un placer estar aquí en Montreal, en la Universidad McGill. Agradezco también a la decana de Artes, Antonia Maioni. He pasado una jornada muy interesante en la universidad y espero con ansias el segmento de preguntas y respuestas con la decana de Administración, Isabelle Bajeux-Besnainou.

Durante casi 200 años, la Universidad McGill ha encarnado el espíritu de la innovación. La lista de pioneros que han honrado estos pasillos con su presencia es impactante: desde Ernest Rutherford, el padre de la física nuclear, hasta Brenda Milner, una de las personalidades más importantes del siglo xx en el campo de la neurociencia, o John Humphrey, que contribuyó a redactar la Declaración Universal de los Derechos Humanos. No se puede nombrar a todas las personas famosas que se graduaron en esta institución porque son demasiadas, ni citar el extenso listado de ideas generadas aquí que marcaron una diferencia.

Hoy me gustaría hablarles de la urgente necesidad de generar crecimiento en los países en desarrollo y transmitirles mi preocupación por la fragilidad extendida de la economía europea y el déficit de inversión en los países en desarrollo, que combinados inciden en gran medida en las perspectivas de las poblaciones que crecen aceleradamente en numerosos países en desarrollo. Mencionaré varias actividades del Grupo Banco Mundial que pueden ayudar, aunque nos centraremos más en ellas durante las reuniones anuales del Banco y el Fondo que se inician dentro de una semana en la ciudad de Washington.

Quisiera comenzar contándoles la historia de una innovación en el ámbito del desarrollo que libera a los pobres y mejora sus vidas. Se necesitan muchas más liberalizaciones, porque en conjunto tienen la capacidad de mejorar cientos de millones de vidas. Voy a contar la historia de atrás hacia adelante: termina en Nairobi, Kenya. Las autoridades del Banco Central estaban supervisando las transferencias monetarias realizadas a través de teléfonos móviles cuando notaron un aumento pronunciado y sospechoso de las operaciones todos los días a las tres de la mañana. Al principio pensaron que se podía tratar de lavado de dinero u otra actividad ilícita, es decir, alguien que trataba de ocultar operaciones durante la madrugada.

Pero el hecho, en realidad, terminó siendo una sorpresa agradable. Los reguladores descubrieron que el alza estaba causada por personas que retiraban microcréditos, en muchos casos mujeres que vendían productos en el mercado local. Cada mañana, estas mujeres tomaban microcréditos para poder comprar verduras u otros productos. Después de muchas horas de arduo trabajo vendían todas las verduras en el mercado y más tarde, por la noche, devolvían los préstamos.

Transferencias monetarias digitales

El dinero móvil va ganando aceptación en todo Kenya. M-Pesa es un servicio que permite que las personas —incluso con los teléfonos móviles más básicos— transfieran fondos con solo enviar un mensaje de texto. Hoy en día el 96 % de los hogares que están fuera de Nairobi utilizan M-Pesa. Este sistema ha dado a los hogares la posibilidad de realizar operaciones y ahorrar sin los costos históricos y los riesgos conocidos de utilizar dinero en efectivo y entidades bancarias. M-Pesa ha ayudado a los pequeños negocios, especialmente a los de mujeres emprendedoras, a tener acceso a fondos. Se trata de algo transformador porque otorga a las mujeres la capacidad de participar en la economía y en la sociedad; en el caso del dinero en efectivo, la tenencia física es lo que cuenta, pero si se trata de un sistema digital independiente en el que no se distingue por sexo, las mujeres tienen más control de sus presupuestos. Y esto ha dado lugar a un entorno verdaderamente constructivo para las nuevas empresas en el gran Nairobi, sobre todo las que se dedican a desarrollar aplicaciones para los usuarios de M-Pesa.

Les conté el final de la historia: millones de personas utilizan un sistema que los empodera. Pero todo comenzó años atrás con un poco de innovación empresarial, respaldada por políticas regulatorias adecuadas. Un primer paso fundamental fue que el Banco Central permitió el ingreso de un prestador de servicios de telefonía móvil en el sector financiero. Así, los emprendedores pudieron dar vida a un nuevo sector que está generando beneficios reales para la gente. Este es el tipo de proceso de liberalización que necesitamos poner en marcha en todo el mundo en desarrollo.

El Grupo Banco Mundial cumplió una función clave en varios momentos de la creación del sólido sistema de banca móvil de Kenya. Este tipo de resultados de desarrollo se conecta directamente con nuestros dos objetivos: poner fin a la pobreza extrema y lograr un crecimiento amplio que impulse la prosperidad compartida. Se ha avanzado considerablemente en la reducción de la pobreza en muchos países, pero todavía hay 700 millones de personas que viven en la pobreza extrema. Eso equivale a 1 de cada 12 personas del planeta. Muchos de ellos viven en lugares afectados por situaciones de fragilidad o destruidos por conflictos, donde puede no haber instituciones que brinden asistencia a las personas necesitadas.

Creo que los programas de dinero digital pueden llegar a ser útiles, tanto en los sistemas dirigidos a las transacciones (como el de Kenya) como en los programas de trasferencias monetarias que se están implementando en otros lugares. Pronto llegará el momento en que contaremos con sistemas seguros que permitirán que las personas pobres reciban —además de sus ingresos— remesas, ayuda extranjera y pagos de redes de protección social de manera electrónica, y que luego puedan ahorrar y hacer operaciones libremente. Eso sería revolucionario porque otorgaría a las personas la libertad y la oportunidad que necesitan para mejorar sus condiciones de vida. Una vez que más países hayan habilitado estas tecnologías, es probable que la innovación se convierta en un avance de las políticas de desarrollo tan importante como aquellos que permitieron que las personas pasaran de la economía de trueque a la economía de mercado.

Crear un crecimiento amplio

Para lograr avances en lo que respecta a un crecimiento amplio y el alivio de la pobreza, debemos estar preparados para generar un cambio radical en el mundo: no olvidemos que vivimos en una época de serios desafíos en materia de desarrollo.

El crecimiento se está desacelerando en todo el mundo. En junio, el Grupo Banco Mundial pronosticó que en 2019 la economía global crecería un 2,6 %, el ritmo más lento de los últimos tres años. Ahora calculamos que el crecimiento será incluso inferior, debido al brexit, la recesión de Europa y las incertidumbres del comercio. Asimismo, en buena parte del mundo en desarrollo el crecimiento de las inversiones es demasiado lento, por lo que los ingresos no aumentarán de manera considerable en el futuro. Ya he mencionado en otros ámbitos la tragedia de los capitales congelados: el actual sistema financiero y regulatorio hace que más de USD 15 billones en bonos tengan un rendimiento nulo o negativo, lo que beneficia a los emisores y tenedores de obligaciones de un nivel elevado pero hace que los flujos de capital no se encaucen hacia el crecimiento.  

Aunque la economía mundial se encuentre en un estado de fragilidad, creo que con marcos de política concretos e instituciones sólidas se podría lograr que casi todos los países en desarrollo accedieran a un crecimiento amplio orientado a reducir la pobreza y generar prosperidad compartida.

Para enfrentar este desafío urgente, estamos haciendo un gran esfuerzo con enfoques adaptados a las circunstancias específicas de cada país y región. Dicho de forma simple, el Banco Mundial, la Corporación Financiera Internacional (IFC) y el Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones (MIGA) trabajan a través de las oficinas nacionales y sus directores, con el respaldo de expertos técnicos y especialistas en programas, para ayudar a los Gobiernos a generar mejoras. Por ejemplo, la facilitación del comercio es una pieza clave de muchos de nuestros programas para los países debido a que los beneficios económicos del comercio y el intercambio de bienes y servicios son enormes, y las políticas constructivas —como el procesamiento aduanero, la armonización de los aranceles y la estandarización de los conocimientos de embarque— son algo que se puede lograr. En mi viaje a Etiopía observé que una queja fundamental de las empresas hacía referencia a la dificultad generada por las demoras en las cartas de crédito. En Egipto, un elemento que desincentivaba claramente la inversión era el tiempo requerido para que las mercaderías pasaran por la aduana, que podía llegar a los 16 días. Ambos problemas tienen solución.

Esta labor orientada a crear mejores políticas nacionales se ve reforzada por nuestra capacidad de otorgar préstamos y donaciones a los Gobiernos y, cuando estos ofrecen mejores condiciones al sector privado, realizar inversiones en deuda y capital de dicho sector.

Trabajamos de manera cooperativa con los países y la comunidad del desarrollo para poner en marcha plataformas nacionales. El objetivo es ayudar a los países a ordenar sus principales problemas de desarrollo de acuerdo con un orden de prioridades y lograr la participación de las entidades de financiamiento para el desarrollo —incluidos los donantes no tradicionales y el sector privado— de la manera más constructiva. Aún hay muchos grupos internacionales que establecen equipos de debate sobre cómo definir, estandarizar, centralizar y ordenar las plataformas nacionales, pero el Grupo Banco Mundial tiene una opinión clara y es que es hora de avanzar. Ha habido amplias discusiones y ahora el próximo paso es ayudar a los países a organizar reuniones internas para establecer prioridades de acción con los principales donantes. Estamos trabajando en las plataformas de 11 países hasta el momento. Los resultados se adaptarán a los países y sus necesidades, y se centrarán principalmente en la participación y el compromiso del sector privado.

Los países deben demostrar un firme liderazgo y elegir un rumbo que derive en buenos resultados económicos, sociales y políticos. Está claro que la calidad de las políticas e instituciones ayuda a comprender por qué algunos países en desarrollo han sido capaces de salir de la pobreza mientras que otros no han podido progresar. También es evidente que el desarrollo no es algo que se pueda imponer desde afuera: el liderazgo y la identificación del país con las iniciativas son fundamentales.

El objetivo de nuestros programas para los países y la cooperación con otros donantes es lograr buenos resultados de desarrollo en cada país y en cada región. Hay varias formas de medir el éxito de las iniciativas; algunos de ustedes tal vez conozcan nuestro Índice de Capital Humano, que registra el desempeño de un país en los sectores de salud y educación y se orienta a mejorar los resultados. Medir los avances es un paso importante para la obtención de buenos resultados. Estamos muy contentos porque en las Reuniones Anuales de la semana próxima podremos poner en marcha un nuevo método para medir la pobreza del aprendizaje. Mediante este sistema se calcula la proporción de niños de 10 años que han alcanzado un alfabetismo funcional, es decir, la capacidad de leer y comprender una narración simple.

El crecimiento amplio es fundamental para lograr un desarrollo exitoso. Se ha demostrado que es indispensable para reducir la pobreza e impulsar la prosperidad compartida. Una medida clave de que se ha tenido éxito en esta esfera es comprobar que aumentan los ingresos de las personas. Mi indicador preferido de la prosperidad compartida es la mediana del ingreso per cápita en dólares, pero también pueden utilizarse otras mediciones. Además, continuamos manteniendo la atención centrada en la pobreza extrema, definida como el número de personas que viven con menos de USD 1,90 al día.

Es importante que nuestro trabajo genere empleos y oportunidades en los distintos sectores de la economía y en todos los segmentos de la sociedad. La urgencia de esta agenda es innegable. Se estima que entre 2020 y 2035 se sumarán 620 millones de personas a la fuerza de trabajo mundial, la mayoría de ellas en los países más pobres. El empleo es la mejor red de protección, y estamos trabajando en muchos países para eliminar los obstáculos que se presentan al momento de iniciar un negocio, abordar la demanda del mercado laboral y las limitaciones de la oferta, y generar mejores oportunidades para las mujeres y los jóvenes.

En vista de la desaceleración del crecimiento mundial, es fundamental que los países lleven a cabo reformas estructurales bien diseñadas para impulsar el crecimiento interno. Ningún país en la historia ha sido capaz de sostener la reducción de la pobreza sin crecimiento económico. En el caso de los países que han logrado reducir la pobreza con mayor eficacia durante la última década, el crecimiento del ingreso laboral representó más de la mitad de la reducción. Para lograr estos beneficios es necesario contar con electricidad y agua limpia, y lograr avances relacionados con el Estado de derecho, la salud, la nutrición y la educación, la plena inclusión de las niñas y las mujeres, la absoluta atención al medio ambiente, el clima y las condiciones del sector privado, y las mejoras en las políticas del Gobierno relativas al gasto, los impuestos y la infraestructura.

Estamos incrementando las inversiones destinadas a abordar el cambio climático. En su último ejercicio, el Grupo Banco Mundial comprometió USD 17 800 millones para inversiones relacionadas con el clima, y queremos hacer más. En noviembre, anunciamos la meta de destinar, a lo largo de cinco años, USD 200 000 millones al propósito de ayudar a los países a enfrentar los desafíos del cambio climático, y equiparar el financiamiento para proyectos de adaptación con las medidas de mitigación. En el ejercicio de 2019, el 30 % de nuestros compromisos incluyeron cobeneficios climáticos, con lo que superamos la meta del 28 % que nos habíamos propuesto. En las últimas reuniones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, anunciamos con Alemania el lanzamiento del PROGREEN, un fondo con el que se abordarán diversos problemas ambientales y relacionados con el clima.

Estado de derecho consolidado y transparencia de la deuda

El sector privado desempeña un papel fundamental en el crecimiento y la creación de empleo. Bajo el liderazgo de IFC, nuestra institución que se ocupa del sector privado, estamos trabajando para crear sectores privados más sólidos que generarán oportunidades rentables para los inversionistas y muchas más oportunidades de trabajo. Para ello, es necesario analizar y entender claramente las leyes y reglamentaciones del país en cuestión, y diseñar un plan de reformas o inversiones catalizadoras que promuevan la expansión del sector privado.  

Una de las barreras más difíciles de superar es la siguiente: es necesario contar con un Estado de derecho sólido que permita establecer condiciones equitativas, de manera que el sector privado pueda competir en pie de igualdad con las empresas del Estado, las fuerzas militares y el propio Gobierno. Para muchos países, esto significa abrir sus mercados —que están cerrados y protegidos—, dejando que sean las fuerzas del mercado las que determinen los precios, y liberalizar los flujos de capitales. El beneficio es que los países que dan este paso atraen más inversión, tanto extranjera como interna, y pueden generar un crecimiento que beneficia a un sector más amplio de la población.  

Otro gran obstáculo a la inversión es el monto de la deuda soberana y de las empresas públicas del país, y la falta de transparencia que existe en torno a la deuda. Cuando se utiliza con inteligencia, la deuda puede ser una forma adecuada de financiar el crecimiento. Sin embargo, en los mercados emergentes y los países de ingreso bajo, la deuda pública ha alcanzado niveles que no se registraban desde la década de 1980, y gran parte de esa deuda no es transparente. En general, los países, cuando son transparentes, se benefician con calificaciones crediticias más elevadas, menores costos de endeudamiento y una mayor capacidad para atraer la inversión extranjera directa. La transparencia también ayuda a aumentar la rendición de cuentas y reducir el riesgo de corrupción. Sin embargo, hemos observado que menos de la mitad de los países que examinamos reúnen los requisitos mínimos de registro, seguimiento y presentación de informes aplicables a la deuda. Las entidades de financiamiento deben ser más transparentes y eliminar las cláusulas de confidencialidad cuando otorgan financiamiento a prestatarios soberanos.

Asimismo, es fundamental que el gasto público sea transparente, sostenible y eficaz. El Grupo Banco Mundial lleva a cabo exámenes del gasto público para entender las deficiencias en la prestación de servicios relacionadas con las decisiones sobre la asignación de recursos y los cuellos de botella vinculados a los procesos. Estos diagnósticos ayudan a los países a realizar asignaciones presupuestarias más transparentes y eficaces en sectores específicos como la atención de la salud, la educación o la infraestructura.

Nuestro financiamiento para políticas de desarrollo, que se desembolsa con la condición de que previamente se lleven a cabo reformas de políticas de gran impacto, será cada vez más importante para alentar prácticas de otorgamiento de préstamos más transparentes y sostenibles, así como un gasto público más eficaz y eficiente, de manera que los ciudadanos puedan verificar las obligaciones del Gobierno y el uso de los fondos.

Mantenerse enfocados en la misión

En todos estos esfuerzos, trabajamos arduamente para cooperar con los asociados internacionales en la tarea del desarrollo. Si bien se han logrado ciertos avances en este sentido, debo decir que en algunos casos esta cooperación implica demasiadas conferencias sobre el desarrollo y demasiados grupos de trabajo internacionales. Nos centramos principalmente en las medidas y los enfoques prácticos a nivel nacional que hemos mencionamos hoy. Mi objetivo es otorgar prioridad inmediata al objetivo de aliviar la pobreza y promover la prosperidad compartida.

Tal como se viene repitiendo cada tres años en el Grupo Banco Mundial, actualmente estamos invitando a participar en la decimonovena reposición de los recursos de la Asociación Internacional de Fomento (AIF), nuestro fondo para los países más pobres del mundo. Trabajando con nuestros accionistas, nos mantenemos enfocados en la misión de poner fin a la pobreza extrema y promover la prosperidad compartida de manera sostenible. En el marco de la nueva reposición se orienta una mayor proporción de nuestros fondos hacia personas que viven en los países más pobres del mundo, así como a aquellas que se encuentran en situaciones de fragilidad y conflicto. Estamos incrementando la inversión en proyectos que generan beneficios para el clima y promueven la inclusión de género. Somos cada vez más eficientes a la hora de utilizar nuestros recursos.

Durante muchos años, Canadá ha sido una voz influyente en la AIF y entre nuestros accionistas. Con una sólida reposición de los recursos de la AIF, estaremos incluso mejor posicionados para alcanzar los objetivos que compartimos y brindar ayuda a quienes más la necesitan.

Me gustaría concluir con una anécdota sobre uno de los pensadores más famosos de McGill. Como mencioné anteriormente, Ernest Rutherford es considerado el padre de la física nuclear. Realizó numerosos experimentos históricos aquí en McGill. Pero antes de hacerse un nombre, creció en una granja, en condiciones de pobreza.

De joven, Ernest demostró siempre una gran inquietud intelectual. Leía cuanto libro se le cruzaba por delante y se entretenía desarmando relojes. Un día, intentó construir un pequeño cañón con un tubo de latón y un poco de pólvora. Cuando encendió la mecha, el cañón estalló en pedazos. En otras palabras, uno de los primeros experimentos de uno de los científicos más importantes del siglo xx saltó por los aires.

Por suerte, Ernest Rutherford era obstinado. Nunca se daba por vencido. No descansó hasta que logró elaborar un nuevo modelo del átomo, que cambió la forma en que concebimos la propia materia. Con ese ánimo, he intentado diligentemente contrarrestar la tendencia a la expansión para llenar todos los espacios posibles que predomina en las Reuniones Anuales, pero reconozco la fuerza de la inercia. La semana próxima tendremos varias reuniones importantes en la ciudad de Washington; aun así, espero poder mantener el foco principalmente en el objetivo de ayudar a los países a que puedan brindar a la población más oportunidades de mejorar sus condiciones de vida.  

En el Grupo Banco Mundial no renunciaremos a nuestro objetivo de reducir la pobreza extrema. Estamos más centrados que nunca en el llamado que hizo Nelson Mandela a “liberar a las personas” de la “prisión de la pobreza”. Espero que los ejemplos de hoy les permitan tener al menos una idea de lo que estamos haciendo sobre el terreno, y me alegra mucho pensar en los cientos de ideas frescas que muchos de ustedes aportarán a esta importante labor en los próximos años.

 

Muchas gracias.

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