Coronavirus: La respuesta del Grupo Banco Mundial ante la emergencia mundial de hacer frente a la pandemia. Sepa más

Discursos y transcripciones Mayo 28, 2020

Palabras pronunciadas en el Evento de Alto Nivel sobre Financiamiento para el Desarrollo en la Era de la COVID-19 (coronavirus) y Más Allá por el presidente del Grupo Banco Mundial, David Malpass

CIUDAD DE WASHINGTON, 28 de mayo de 2020. El presidente del Grupo Banco Mundial, David Malpass, pronunció hoy las siguientes palabras en el Evento de Alto Nivel de las Naciones Unidas sobre Financiamiento para el Desarrollo en la Era de la COVID-19 y Más Allá:

Deseo expresar mi agradecimiento al secretario general de las Naciones Unidas, a los jefes de Estado y a todos los compañeros panelistas y Excelencias que participan hoy en el evento de las Naciones Unidas. En particular, deseo felicitar a Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), por su liderazgo, energía y resultados. Nuestras dos instituciones, el FMI y el Grupo Banco Mundial, están trabajando en estrecha colaboración para resolver los desafíos financieros y económicos, que incluyen, especialmente, los que afectan a los habitantes pobres del mundo.

La misión del Grupo Banco Mundial consiste en reducir la pobreza extrema y promover la prosperidad compartida y el crecimiento sostenible más rápido. Nuestras oficinas en todo el mundo, incluso en muchos de los países más frágiles, trabajan cotidianamente con el FMI en la búsqueda de vías concretas para lograr mejores resultados en términos de desarrollo.

Invito a todos los que participan hoy a adoptar medidas activas para contribuir a este esfuerzo. En este foro, se ha puesto gran energía en el debate sobre los objetivos de desarrollo. Me preocupa que muchos de los objetivos no se estén cumpliendo, y me gustaría ver que se dedique mucho más empeño, tiempo y energía para adoptar medidas.

A partir de marzo, el Grupo Banco Mundial puso en marcha financiamiento excepcional para responder a la COVID-19. El objetivo era actuar de manera rápida y amplia en todo el mundo, reconociendo la necesidad de abordar la pandemia en todas partes. La semana pasada, pudimos anunciar un hito: la institución ha aprobado y puesto en marcha operaciones relacionadas con la emergencia sanitaria en más de 100 países en desarrollo. Además, hemos integrado en este programa un marco de financiamiento al que casi todas sus organizaciones y países pueden acceder para abordar directamente la emergencia sanitaria. Los invitamos a aportar cofinanciamiento y financiamiento paralelo a través de estos programas.

Sobre la base de esta primera respuesta, estamos emprendiendo nuevos programas de apoyo que, en las próximas semanas, ayudarán a los países en desarrollo a superar la pandemia del coronavirus y a poner nuevamente la mira en el crecimiento y en el desarrollo sostenible. En la etapa inicial de la crisis, nos comprometimos a proporcionar un gran volumen de recursos financieros adicionales a los países más pobres del mundo durante estos tiempos difíciles.

Estas medidas no serán suficientes, en vista de la combinación de una grave crisis sanitaria, una profunda recesión mundial e impactos sociales sin precedente. Nuestros programas están trabajando para abordar la mayor cantidad posible de problemas, y los invito a formar parte de estos esfuerzos aportando financiamiento adicional. Según las estimaciones que elaboramos en abril, la pandemia, junto con el confinamiento económico de las economías avanzadas, arrojarán a la pobreza extrema a 60 millones de personas en 2020, lo que implica que el número de habitantes del mundo que vive con menos de USD 1,90 al día se aproximará a 700 millones de personas y que la tasa mundial de pobreza aumentará por primera vez desde 1998, cuando se produjo la crisis financiera asiática.

Me preocupa que estas cifras sean aún mayores. Los cierres de las escuelas en 191 países están afectando a 1500 millones de estudiantes. La disminución de los ingresos de los trabajadores migrantes reducirá los flujos de remesas a sus países natales, mientras que la escasez de mano de obra migrante en el sector agrícola de las economías avanzadas pone en riesgo el abastecimiento de alimentos.

Los amplios efectos secundarios de la pandemia y el confinamiento en las economías avanzadas afectan en mayor medida a los grupos pobres y vulnerables —mujeres, niños, adultos mayores y trabajadores sanitarios—, pues profundizan la desigualdad derivada de la falta de desarrollo y agravan aún más la crisis sanitaria.

Millones de habitantes de África oriental enfrentan una triple crisis: la emergencia sanitaria, la recesión mundial y las mangas de langostas que amenazan la seguridad alimentaria y los medios de subsistencia. Recientemente, aprobamos y comenzamos a ejecutar un programa regional focalizado en la crisis de las langostas.

Se necesita con urgencia acción financiera adicional a través de las vías que están disponibles, y, una vez más, los invito a participar en ese esfuerzo de financiamiento.

El Grupo Banco Mundial está trabajando para ayudar a los países a acrecentar el gasto en salud, fortalecer las redes de protección social, mantener tanto los servicios públicos como un sector privado que cree empleos y contrarrestar las perturbaciones financieras. De aquí a junio de 2021, podemos asignar hasta USD 160 000 millones, incluido el adelanto de USD 51 000 millones por concepto de donaciones y recursos en condiciones altamente concesionarias de la decimonovena reposición de recursos de la Asociación Internacional de Fomento (AIF-19). Los otros bancos multilaterales de desarrollo (BMD) se han comprometido a sumar otros USD 80 000 millones a la respuesta de los BMD, lo que lleva el total a USD 240 000 millones.

Sin embargo, ese esfuerzo no será suficiente. Fui uno de los primeros, junto a Kristalina Georgieva, en hacer un llamamiento para que se establezca una moratoria de la deuda de los países clientes de la AIF y Angola. Recibimos con suma satisfacción el pronto apoyo de los países del Grupo de los Veinte (G-20) al llamado efectuado a todos los acreedores bilaterales oficiales para que suspendieran el servicio de la deuda, que incluyó el apoyo del G-20 a un tratamiento similar por parte de los acreedores comerciales. He manifestado claramente que todos los acreedores bilaterales oficiales debían participar; que los acreedores comerciales también debían participar en condiciones similares y no debían sacar provecho del alivio de la deuda otorgado por otros acreedores. También señalé que se necesita mucho más, incluso un alivio del servicio de la deuda con plazos más largos y, en muchos casos, una reducción permanente y considerable de la deuda.

El Grupo Banco Mundial está respaldando a los países que participan en la moratoria. Hasta ahora, alrededor de la mitad de todos los países clientes de la AIF están avanzando con la moratoria y cada día se están incorporando más países.

La transparencia de la deuda y de las inversiones también es esencial para respaldar el aumento de las inversiones y el crecimiento. La transparencia es fundamental para garantizar la rendición de cuentas, elaborar estimaciones confiables de la sostenibilidad de la deuda y atraer nuevas inversiones de alta calidad.

Invito a las Naciones Unidas y sus organismos a unirse a Kristalina y a mí para expresar un mensaje claro respecto de estas iniciativas, que incluyen la participación de todos los acreedores bilaterales oficiales y un tratamiento similar por parte de los acreedores comerciales. Recibí con agrado el reciente compromiso asumido por el presidente Xi Jinping acerca de la plena participación de China en la moratoria de la deuda. Escuché con interés los comentarios que acaba de formular el Instituto de Finanzas Internacionales y, en particular, los sólidos argumentos sobre la transparencia de la deuda. Invito a los acreedores comerciales a concertar términos de referencia para promover su participación, en especial en vista de que la iniciativa sobre alivio de la deuda se centra en los países clientes de la AIF, que son los más pobres del mundo.

Quiero referirme directamente a los llamamientos constantes de algunos sectores de las Naciones Unidas para abarcar a los BMD en la moratoria del pago de la deuda. Esto sería perjudicial para los países más pobres del mundo.

Los BMD dependen de los mercados financieros, y la inestabilidad en la cadena de pagos tendría un impacto negativo en los flujos a los países clientes. Nuestro objetivo es proporcionar grandes flujos positivos netos a los países más pobres del mundo. Debemos orientar nuestros esfuerzos colectivos en esta dirección y recaudar la máxima cantidad de fondos para los países pobres.

Permítanme concluir instándolos a comunicarnos con la mayor claridad posible y a trabajar juntos en la mayor medida posible para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Como mencioné anteriormente, el llamamiento de las Naciones Unidas para que los BMD suspendan el pago de la deuda sería perjudicial para los países más pobres del mundo.

De igual modo, y lamento tener que hacer alusión a ello, no ha sido oportuno que, recientemente, algunos sectores de las Naciones Unidas caracterizaran de manera errónea la participación del Grupo Banco Mundial como un observador en las negociaciones entre Egipto, Etiopía y Sudán respecto de la Gran Presa del Renacimiento Etíope.

El Grupo Banco Mundial ha asumido el compromiso de trabajar en forma cooperativa, en el marco de la coordinación internacional, para aliviar la pobreza extrema, promover la prosperidad compartida y lograr resultados mucho mejores para los habitantes de los países en desarrollo.

Asimismo, el Grupo está trabajando con varios organismos de las Naciones Unidas para complementar las adquisiciones relacionadas con la respuesta a la COVID-19. Los siguientes son algunos ejemplos:

Colaboramos con el Programa Mundial de Alimentos para respaldar la entrega de los insumos y equipos médicos adquiridos en zonas distantes de los países en desarrollo. Asimismo, nos hemos asociado para velar por los programas de seguridad alimentaria y nutrición, por ejemplo, en Somalia y Afganistán, y estamos analizando la posibilidad de incrementar la colaboración en el Sahel.

Trabajamos con Unicef para mejorar la conectividad digital, así como las herramientas digitales de aprendizaje, para contribuir a la educación constante de los niños. En ese contexto, también estamos coordinando con Unicef, la Unesco y el Programa Mundial de Alimentos medidas de apoyo a los Gobiernos para fortalecer el aprendizaje a distancia y facilitar la reapertura de las escuelas.

Y con la Organización Mundial de la Salud y otros asociados colaboramos para acelerar el desarrollo y la producción de instrumentos de diagnóstico, terapéutica y vacunas para el nuevo coronavirus, así como el acceso equitativo a esos insumos.

En conclusión, el Grupo Banco Mundial dispone actualmente de programas de financiamiento destinado a la COVID-19 en más de 100 países en desarrollo. Los invitamos a usar esas vías para incrementar el financiamiento destinado a la emergencia sanitaria y ampliar la respuesta, de manera que podamos paliar los graves efectos de la crisis en los países más pobres del mundo.

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