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Robert Davis / Banco Mundial

La biodiversidad animal, vegetal y marina constituye el "capital natural" que permite que nuestros ecosistemas funcionen y las economías se mantengan productivas. Pero el mundo está experimentando una pérdida enorme de biodiversidad. El ritmo de la deforestación ha disminuido a nivel mundial desde la década de los noventa, pero aún sigue siendo alto con una tasa anual de unos 13 millones de hectáreas, afectando a hábitats de animales y plantas críticos. El mundo ha perdido también aproximadamente el 40 % de los arrecifes de coral en las aguas cálidas desde los años ochenta. El Índice Planeta Vivo (IPV), que mide las tendencias de ciertas poblaciones de especies, indica una disminución general del 52 % durante los últimos 40 años, con pérdidas considerables en los países en desarrollo tropicales, principalmente como resultado de las pérdidas de hábitats, la degradación y la sobreexplotación.

La pérdida de biodiversidad tiene efectos negativos sobre los medios de subsistencia, el abastecimiento de agua, la seguridad alimentaria y la resiliencia a los fenómenos extremos. Sus consecuencias afectan al 78 % de los habitantes rurales que se encuentran en situación de pobreza extrema en el mundo, muchos de los cuales dependen de los ecosistemas y los bienes que estos producen para poder subsistir. El Banco Mundial estima que los delitos contra los recursos naturales y el medio ambiente (i) causan daños por más de USD 70 000 millones anuales en los países en desarrollo. (i) La pérdida de arrecifes de coral ha tenido consecuencias físicas y económicas importantes para más de 350 millones de personas que viven en las zonas costeras, disminuyendo la protección del litoral y el hábitat de los peces. La deforestación y la transformación del suelo contribuyen con alrededor del 30 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, y la pérdida de biodiversidad disminuye la resiliencia de los ecosistemas frente al cambio climático y otras perturbaciones.