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Panorama general

La malnutrición es uno de los problemas más graves del mundo en materia de desarrollo y al que se ha prestado menos atención. Sus costos humanos y económicos son enormes y afectan más a los pobres, las mujeres y los niños. En 2016, había 155 millones de niños con retraso en el crecimiento (baja estatura para su edad), (i) lo que no solo es una señal de la imposibilidad de lograr el potencial genético de altura de una persona, sino que también es una variable que predice muchas otras limitaciones al desarrollo de las personas, como déficits cognitivos y menos oportunidades económicas en el futuro.

Desde la década de 1990, la prevalencia mundial del retraso en el crecimiento disminuyó del 40 % en 1990 al 23 % en 2016. Sin embargo, persisten marcadas diferencias entre las regiones; en Asia meridional y África al sur del Sahara se siguen observando niveles superiores al promedio mundial, tanto en lo que se refiere a la prevalencia como al número de niños afectados. Aproximadamente el 35,8 % de todos los niños menores de 5 años en Asia meridional sufría de retraso en el crecimiento en 2016, porcentaje inferior al 61 % de 1990. Pese a que la prevalencia del retraso en el crecimiento infantil en África al sur del Sahara bajó del 49 % en 1990 al 34 % en 2016, el número total de niños afectados en África aumentó en 11,6 millones durante el mismo período como resultado de las altas tasas de fecundidad y las tasas más bajas de reducción del retraso en el crecimiento.

El retraso del crecimiento en la primera infancia puede ocasionar daños irreversibles en el desarrollo cognitivo de un niño, con consecuencias en la educación, los ingresos y la productividad que perduran bien en la vida adulta. Los costos económicos de la desnutrición, en términos de pérdidas de productividad y de crecimiento económico de un país, son significativos y varían anualmente entre el 2 % y el 3 % del producto interno bruto (PIB) en algunos países, y llegan a ser de hasta el 11 % del PIB en África y Asia.

Afortunadamente, estas pérdidas son en gran medida evitables si se realizan suficientes inversiones en intervenciones de eficacia comprobada, en particular aquellas que se centran en garantizar una nutrición adecuada en el período crítico de 1000 días desde el inicio del embarazo de una mujer hasta el segundo año de vida de su hijo.

A nivel mundial, la desnutrición es más común en los hogares pobres, pero las familias más ricas también sufren este problema. Los ingresos son uno de los factores determinantes del retraso en el crecimiento —pero no el único. La inseguridad alimentaria, las dietas poco variadas, las elevadas tasas de enfermedades infecciosas, el cuidado y la alimentación infantil inadecuados y las malas prácticas de saneamiento e higiene también contribuyen a que el retraso en el crecimiento perdure a lo largo del tiempo. En muchas regiones, las crisis alimentarias y financieras, además de los conflictos y los desastres naturales, han empeorado la desnutrición.

Al mismo tiempo, se atraviesa un proceso de transición en materia de nutrición mundial, que conduce a cambios rápidos en los sistemas alimentarios, el medio ambiente y las condiciones de vida en muchos países de ingreso bajo y mediano. Estos cambios han provocado un acelerado aumento en la carga del sobrepeso y la obesidad, que antes se consideraban afecciones de los países ricos. De hecho, en los últimos 30 años, las tasas de sobrepeso han aumentado más rápido en los países de ingreso bajo y mediano que en los países de ingreso alto, y en todas las regiones se ha observado algún grado de aumento de la prevalencia de sobrepeso en niños menores de 5 años. En la actualidad, el sobrepeso se ha generalizado aún en naciones donde los niños sufren desnutrición.

Los países ahora están empezando a experimentar la doble carga del sobrepeso en adultos y niños, y el retraso en el crecimiento infantil. Actualmente, la cantidad de personas con sobrepeso es mayor en los países de ingreso bajo y mediano que en los países de ingreso alto, y no hay datos que indiquen que el aumento de la obesidad vaya a disminuir en los países de ingreso bajo y mediano. A medida que los países crecen y se califican como de ingreso mediano y mediano alto, sus habitantes pobres son los más afectados por el sobrepeso y la obesidad, lo que aumenta su vulnerabilidad frente a las crisis sanitarias y económicas. Urge garantizar que los pobres en el mundo tengan acceso a los conocimientos, recursos y servicios necesarios para lograr una nutrición adecuada.

Última actualización: Sept 28, 2018

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