Coronavirus: La respuesta del Grupo Banco Mundial ante la emergencia mundial de hacer frente a la pandemia. Sepa más

Panorama general

  • Hoy en día, alrededor del 55 % de la población mundial, 4200 millones de habitantes, vive en ciudades. Se cree que esta tendencia continuará. En 2050, la población urbana se duplicará, y casi 7 de cada 10 personas vivirán en ciudades.

    Dado que más del 80 % del producto interno bruto (PIB) mundial se genera en las ciudades, si la urbanización se gestiona adecuadamente puede contribuir al crecimiento sostenible, aumentando la productividad y facilitando la innovación y el surgimiento de nuevas ideas.

    Sin embargo, el ritmo y la magnitud de la urbanización plantea desafíos, como satisfacer la creciente demanda de viviendas asequibles, de sistemas de transporte bien conectados y de otros tipos de infraestructuras y servicios básicos, así como de empleo, en particular para los casi 1000 millones de pobres que viven en asentamientos urbanos informales para estar cerca de las oportunidades. Los conflictos van en aumento, lo que lleva a vivir en zonas urbanas al 60 % de las personas desplazadas por la fuerza.

    Una vez que se construye una ciudad, su estructura física y patrones del uso del suelo pueden permanecer durante generaciones, dando lugar a una expansión insostenible. La expansión del consumo de suelo urbano supera el crecimiento de la población hasta en un 50 %, lo que se espera que en tres décadas añada al mundo 1,2 millones de km² de nueva superficie urbana. Esa expansión ejerce presión sobre la tierra y los recursos naturales, lo que produce resultados indeseables: las ciudades son responsables de dos tercios del consumo mundial de energía y de más del 70 % de las emisiones de gases de efecto invernadero.

    Las ciudades desempeñan un papel cada vez más importante en la lucha contra el cambio climático porque, a medida que crecen, aumenta su exposición al clima y al riesgo de desastres. Casi 500 millones de residentes urbanos viven en zonas costeras, lo que los hace más vulnerables a las marejadas ciclónicas y al aumento del nivel del mar. En las 136 ciudades litorales más grandes del mundo viven 100 millones de personas —el 20 % de la población— y USD 4,7 billones en activos se ven expuestos a las inundaciones costeras. Alrededor del 90 % de la expansión urbana de los países en desarrollo se registra en áreas próximas a zonas de riesgo y se traduce en asentamientos informales y no planificados.

    Las ciudades también están en la primera línea de la lucha contra las epidemias. La pandemia de COVID‑19 está poniendo a prueba al máximo a ciudades de todo el mundo. Está afectando no solo a la salud pública, sino también a la economía y al tejido social. Además de generar esta triple crisis sanitaria, social y económica, el nuevo coronavirus está poniendo en evidencia hasta qué punto se han planificado y gestionado correctamente las ciudades y el impacto que ello tiene en la forma en que cada ciudad es capaz de funcionar —o no—, especialmente en tiempos de crisis.

    La COVID‑19 plantea un desafío enorme para las ciudades que se encuentran en primera línea de esa lucha, ya sean ricas o pobres. Las medidas adoptadas para controlar la propagación del virus están teniendo repercusiones de gran importancia en las ciudades en función de su estructura económica, de su grado de preparación para una crisis de este tipo —especialmente en lo que respecta al estado de sus sistemas de salud pública y de prestación de servicios— y del nivel de vulnerabilidad de la salud y los medios de subsistencia de su población, todo ello dependiendo de la eficacia de sus sistemas de gestión urbana.

    Pueden ser muchas las cualidades por las que, en tiempos normales, muchas ciudades se esfuerzan por competir y sobresalir a nivel mundial, como la habitabilidad, la competitividad y la sostenibilidad, pero en un día cualquiera, y especialmente en tiempos de crisis, lo que una ciudad debe hacer es funcionar bien para las personas que la habitan.

    Construir ciudades que “funcionen” —que sean inclusivas, saludables, resilientes y sostenibles— requiere coordinación normativa intensiva y oportunidades de inversión. Los Gobiernos nacionales y locales desempeñan un rol importante: deben actuar ahora, configurar el desarrollo futuro de las ciudades y crear oportunidades para todas las personas.

    Última actualización: Abr 20,2020

  • La labor del Banco Mundial en materia de desarrollo urbano apunta a crear comunidades y ciudades sostenibles a través de un proceso de urbanización que impulsa valores ecológicos, la inclusividad, la competitividad y la resiliencia, contribuyendo al Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) número 11, a la implementación de la Nueva Agenda Urbana (i), así como a los objetivos del Banco Mundial de poner fin a la pobreza extrema y promover la prosperidad compartida.

    El Banco Mundial invierte cada año un promedio de USD 5000 millones en la planificación y ejecución de proyectos de financiamiento para cuestiones relativas a las ciudades y comunidades sostenibles, con el fin de ayudar a las ciudades a satisfacer las demandas críticas de la urbanización. La cartera activa es de 225 proyectos, por valor de USD 29 740 millones, e incluye una combinación de mecanismos como financiamiento para proyectos de inversión, préstamos para políticas de desarrollo y financiamiento de programas por resultados.

    Concretamente, el Banco adopta enfoques integrados para transformar los sistemas esenciales de las ciudades, centrándose en las cuatro prioridades siguientes:

    1. Mejorar el sistema de planificación y la capacidad local

    La primera estrategia clave es ayudar a las ciudades a fortalecer sus sistemas de planificación y sus capacidades locales para diseñar, planear y gestionar mejor los bienes de la ciudad y los entornos urbanos. Muchas ciudades carecen de una planificación y una capacidad técnica adecuadas para hacer frente a los problemas relacionados con la rápida urbanización, como el aumento drástico de desechos en general, los desplazamientos ineficientes al lugar de trabajo, el menor acceso a las oportunidades de empleo y la contaminación atmosférica.

    En este contexto, el Banco proporciona a las ciudades diversos instrumentos de diagnóstico que permitirían tomar decisiones de planificación bien fundadas, así como inversiones en infraestructura urbana y prestación de servicios. Esto también incluirá programas de concienciación social en materia de salud pública, programas de empleo público intensivo y mejora de los barrios marginales, entre otras, con medidas de recuperación temprana de la COVID‑19, así como de aprovechamiento de la tecnología para una respuesta eficaz a las emergencias sanitarias y la recuperación en las ciudades.

    2. Fortalecer los sistemas fiscales y financieros

    La segunda estrategia tiene por objeto maximizar los múltiples recursos financieros de las ciudades mediante la mejora de los sistemas fiscales y financieros. La inversión mundial que se necesita para infraestructura urbana asciende a entre USD 4,5 billones y USD 5,4 billones anuales, incluida una prima de entre el 9 % y el 27 % para que las obras sean resilientes al clima y generen bajas emisiones de carbono. La mayor parte de esta necesidad se encuentra en el mundo en desarrollo, pero solo una pequeña fracción de esta infraestructura urbana se puede cubrir mediante la ayuda, y para hacer frente a sus propios desafíos de infraestructura muchas ciudades se enfrentan a limitaciones financieras críticas.

    El Banco Mundial se encuentra en la mejor posición no solo para brindar ayuda a las ciudades para que amplíen el acceso a financiamiento de múltiples fuentes, incluido el privado, sino también para que fortalezcan sus sistemas y capacidades fiscales y puedan sostenerse a largo plazo. Para combatir eficazmente las epidemias, el Banco también garantizará la sostenibilidad fiscal y financiera de las ciudades durante una crisis sanitaria.

    3. Promover el desarrollo territorial y espacial

    El tercer elemento clave es promover el desarrollo territorial en los países y las ciudades en desarrollo. Las actividades económicas se concentran en unos pocos lugares: la mitad de la producción mundial se ubica en solo el 1,5 % de la superficie terrestre. Se trata de una concentración inevitable, pero también conveniente. Se ha comprobado que los países prósperos y pacíficos han conseguido buenos resultados al aproximar a las personas y los negocios en las ciudades, aprovechando así las economías de aglomeración para aumentar la productividad, la creación de empleo y el crecimiento económico.

    La labor del Banco Mundial en materia de desarrollo territorial considera a las ciudades no solo como entidades individuales, sino que también tiene en cuenta la coordinación entre ellas a diferentes niveles: identifica las prioridades de las regiones rezagadas, conecta los espacios urbanos y rurales y aborda las desigualdades espaciales dentro de las ciudades con el fin de permitir un crecimiento económico más rápido y vincular a las personas con mejores empleos.

    4. Construir ciudades resilientes e inteligentes en relación con el clima

    La última estrategia clave consiste en crear resiliencia ante los desastres y el cambio climático. Con una concentración cada vez mayor de personas y bienes en las ciudades, una compleja variedad de perturbaciones y tensiones cada vez mayores impone enormes costos en el mundo. Se calcula que en 2015 las pérdidas anuales medias por desastres relacionados con el clima y de otro tipo en las ciudades ascendieron a unos USD 314 000 millones a nivel mundial, y se espera que aumenten a USD 415 000 millones en 2030, lo que supone un importante agotamiento de la inversión pública, especialmente en los países más pobres.

    Los segmentos más pobres de la población son particularmente vulnerables, ya que tienden a vivir en asentamientos más peligrosos y carecen de las redes de protección social necesarias para recuperarse de crisis económicas o ambientales. Sin un desarrollo urbano inclusivo y que tenga en cuenta el clima, para 2030 el cambio climático podría sumir en la pobreza a100 millones adicionales de residentes urbanos.

    El Banco se centra en mejorar la capacidad de las ciudades para adaptarse a una mayor variedad de condiciones cambiantes y para mitigar el impacto del cambio climático mediante el fomento de la resiliencia de la infraestructura, la movilización de capital y el financiamiento en la fase inicial de las estrategias y los análisis climáticos.

     

    RESUMEN DE LAS ACTIVIDADES

    Las cuatro prioridades se traducen en seis líneas de actividad:

    • Ciudades y crecimiento económico
    • Pobreza e inclusión urbanas
    • Servicios e infraestructura municipales
    • Vivienda y tierras asequibles
    • Gobernanza, finanzas y gestión urbanas
    • Ciudades y entorno urbano

    Última actualización: Abr 20,2020

  • Servicios de investigación y análisis

    Comprensión de la urbanización a diferentes escalas: el Banco Mundial realiza un abundante conjunto de investigaciones sobre el desarrollo urbano sostenible. A escala regional y nacional, los Exámenes de urbanización (i) ofrecen un marco para que quienes ejercen el liderazgo en las ciudades identifiquen deficiencias en las políticas y analicen las prioridades de inversión. Se han aplicado de manera experimental diversos prototipos para crear un conjunto de conocimientos sobre los problemas de la urbanización y las consecuencias para las políticas públicas en diversos países, entre ellos Colombia, India, Indonesia y Vietnam. A nivel urbano, los Diagnósticos de ciudades son herramientas informativas para obtener una visión compartida de la ciudad. Un ejemplo es Transforming Karachi into a Livable and Competitive Megacity (Transformación de Karachi en una megalópolis habitable y competitiva), un documento que orientó el financiamiento de USD 876 millones para proyectos de inversión intersectoriales en Karachi.

    A continuación se presentan otras herramientas y estudios analíticos que han servido para ayudar a las ciudades a gestionar su urbanización e impulsar el crecimiento inclusivo y sostenible:

     

     

    Hacer frente a la COVID‑19

    • Los desastres desencadenados por peligros naturales pueden ocurrir en cualquier momento, con consecuencias devastadoras para las personas, la infraestructura, los bienes y economías enteras. Y la pandemia de coronavirus (COVID‑19) encaja en esta categoría.
    • Además de las enormes repercusiones para la salud que tiene la pandemia de COVID‑19, los hogares, las empresas y los Gobiernos sufren importantes pérdidas económicas. Asimismo, genera perturbaciones en gran escala en las vidas y los medios de subsistencia como consecuencia de los confinamientos, la interrupción de las cadenas de suministro y una fuerte caída de la actividad comercial.
    • Durante decenios, el Banco Mundial y el Fondo Mundial para la Reducción de los Desastres y la Recuperación (GFDRR) (i) han ayudado a los Gobiernos nacionales y locales a prepararse para los fenómenos naturales —inundaciones, sequías, ciclones, terremotos, tsunamis y otros— y a mitigar sus efectos, invirtiendo cada año un promedio de USD 5000 millones en proyectos de gestión del riesgo de desastres y de resiliencia urbana.
    • Ello obedece a que la prevención y la preparación (i) tienen sentido desde el punto de vista económico, desde el fortalecimiento de la infraestructura y otros esfuerzos de reducción de riesgos, hasta el desarrollo de políticas y programas que ayuden a salvaguardar a los más pobres y vulnerables (i) de los impactos de los desastres.
    • Instrumentos innovadores como el mecanismo de financiamiento para políticas de desarrollo con la opción de giro diferido ante el riesgo de catástrofes (Cat‑DDO) (i), conforme a la cual, si se produce un desastre debido a una pandemia o a un fenómeno meteorológico extremo, los países que habían preparado y aprobado previamente una Cat‑DDO tendrían un acceso rápido —menos de 48 horas— a financiamiento para la respuesta de emergencia.
    • La Cat‑DDO es un mecanismo de financiamiento que actúa en cierto modo como un bono de catástrofe paramétrico, en el sentido de que proporciona una fuente de capital condicionado a que se declare un desastre en el país beneficiario.
    • Es similar a una póliza de seguro o reaseguro, o a un bono para catástrofes, salvo que una vez activado el servicio de financiamiento contingente se abre un préstamo, o una línea de crédito, para el Banco Mundial.
    • Actualmente, 17 países disponen de Cat‑DDO (i), con un valor combinado de USD 2400 millones (ocho Cat‑DDO han desembolsado hasta la fecha USD 1200 millones y el resto está en proceso); 13 países más están preparando Cat‑DDO.

     

    Financiar la Nueva Agenda Urbana

    El Banco Mundial ayuda a las ciudades y los Gobiernos nacionales a aplicar el marco financiero para atraer inversiones y crecer de manera sostenible. El Banco está ayudando a los países a establecer y fortalecer las instituciones urbanas para que mejoren la infraestructura y los servicios, por ejemplo:

    • En África al sur del Sahara, el Banco Mundial tiene una cartera de operaciones de casi USD 1100 millones en proyectos urbanos que se centran en mejorar el desempeño financiero e institucional y fortalecer la descentralización en Etiopía, Kenya, Senegal, Tanzanía y Uganda.
    • En Marruecos, un préstamo del Banco Mundial por valor de 200 millones de euros (i) tiene como objetivo mejorar la capacidad de inversión de la ciudad de Casablanca mediante la mejora de los sistemas de gestión de ingresos y el aumento de inversiones privadas para infraestructura y servicios municipales a través de alianzas público‑privadas.

    También se necesitan formas innovadoras para movilizar inversiones, incluidos mecanismos de fuentes privadas y no tradicionales, como la captación del valor del suelo, a veces en combinación con bancos multilaterales de desarrollo (BMD) y otros organismos, y mediante la reforma de las transferencias fiscales intergubernamentales y el fortalecimiento de las finanzas municipales.

    • A través de la estrategia de recaudación de capital de su Programa de Ciudades Resilientes (CRP) (i), el Banco Mundial está innovando en esta materia con su estrategia de movilización de capital, conforme a la cual se colabora con los líderes de las ciudades para considerar al Banco como un catalizador para el desarrollo de soluciones financieras más allá de los préstamos del propio Banco Mundial. Para ello, el programa pone en contacto a las ciudades con el cofinanciamiento de los donantes y otras instituciones financieras internacionales (IFI). El programa también brinda apoyo a las ciudades para que combinen la inversión pública con las oportunidades privadas mediante la participación del sector privado, cuando eso es factible.
    • El Programa Ciudades Sostenibles (RECIDE), un esfuerzo conjunto de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y el Banco Mundial, está empoderando a las ciudades de África al sur del Sahara para aumentar su resiliencia y acceder a una gama más amplia de opciones de financiamiento. RECIDE recibió aprobación para acceder a recursos del Plan de Inversión Externa de la Unión Europea por un monto de hasta 100 millones de euros en garantías y 14 millones de euros en asistencia técnica para financiar, crear y realizar transacciones.
    • La Iniciativa de Capacidad Crediticia de las Ciudades (CCI) (i) tiene como objetivo fortalecer el desempeño financiero de los Gobiernos locales y prepararlos para aprovechar los mercados de capital nacionales o regionales sin una garantía soberana. La CCI ha capacitado a más de 630 funcionarios municipales de 250 ciudades en 26 países.

    Promover el desarrollo territorial

    • En el informe del Banco Mundial East Asia and Pacific Cities: Expanding Opportunities for the Urban Poor (Ciudades de Asia oriental y el Pacífico: Mayores oportunidades para los pobres de las zonas urbanas) (i) se incentiva a las ciudades de la región a asegurar un crecimiento urbano inclusivo e igualitario a través de un enfoque multidimensional de la planificación, incorporando aspectos de inclusión económica, espacial y social para fomentar el crecimiento económico y reducir la pobreza.
    • El informe Raising the Bar for Productive Cities in Latin America and the Caribbean (Subamos el estándar para ciudades productivas en América Latina y el Caribe) (i) proporciona un análisis riguroso sobre los factores clave que limitan el desempeño productivo de las ciudades de la región y aporta evidencia que muestra de qué manera la planificación, las inversiones y las reformas normativas para promover un sistema urbano más conectado, y a la vez integrado, pueden propiciar el crecimiento económico y la inclusión.
    • El nuevo informe Which Way to Livable and Productive Cities? A Road Map for Sub-Saharan Africa (¿Cuál es el camino hacia ciudades habitables y productivas? Una hoja de ruta para África al sur del Sahara) (i) reúne una gran cantidad de estudios analíticos que indican que no es posible lograr de manera efectiva la habitabilidad y la prosperidad de las ciudades si no se diferencian las prioridades de las ciudades grandes y de los pueblos pequeños. Quizás la falta de capacidad institucional en las aldeas pequeñas de África requiera una transición más lenta de las responsabilidades de planificación y gestión de las inversiones, así como una mejor asistencia técnica para que las instituciones puedan realizar sus tareas.
    • En Kenya, la mayoría de las zonas del norte del país han sido excluidas de las mejoras logradas en las condiciones de vida. El Banco Mundial está poniendo en marcha la North & Northeastern Development Initiative (NEDI) (Iniciativa de Desarrollo del Norte y Nordeste) (i), un programa multisectorial que incluye proyectos de transporte, agua, energía, agricultura, medios de subsistencia y protección social para conectar la región con los mercados nacionales y mundiales.

    Aumentar la resiliencia urbana frente al cambio climático y los riesgos de desastres

    En los últimos años, el Banco Mundial ha colaborado con ciudades y pueblos de más de 140 países, invirtiendo USD 4500 millones en proyectos de gestión del riesgo de desastres durante el ejercicio de 2019.

    • En Mozambique, el Proyecto Ciudades y Cambio Climático (i), financiado con un crédito de USD 120 millones de la Asociación Internacional de Fomento (AIF), incluye un sistema de drenaje de aguas pluviales cuyos 11 kilómetros de canales y sistemas de control de inundaciones evitan que la ciudad se inunde, reforzando su resiliencia frente a los peligros relacionados con el clima. Poco después del azote de los ciclones Idai y Kenneth, que afectaron a millones de personas, el puerto de Beira volvió a funcionar y la ciudad se limpió, en parte gracias a este proyecto. El proyecto también incluye alumbrado público alimentado por energía solar, que en un momento dado fue la única fuente de luz en la ciudad. Para contribuir a la recuperación de los efectos de los ciclones, el Banco Mundial anunció un apoyo de casi USD 700 millones a Mozambique, Malawi y Zimbabwe. Para restablecer el suministro de agua y reconstruir la infraestructura pública y los cultivos dañados, Mozambique recibió USD 350 millones del Servicio de Respuesta ante las Crisis de la AIF. Este financiamiento apoya la prevención de enfermedades, la seguridad alimentaria, la protección social y los sistemas de alerta temprana en las comunidades afectadas.

    También ha facilitado el establecimiento de alianzas mundiales, por ejemplo con el Organismo Francés de Desarrollo (AFD) y el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB), para apoyar los esfuerzos de los países en materia de resiliencia urbana.

    • A través del Programa de Ciudades Resilientes (CRP), respaldado por el Fondo Mundial para la Reducción de los Desastres y la Recuperación (GFDRR), la Secretaría de Estado para Asuntos Económicos de Suiza (SECO) y otros asociados, el Banco Mundial ayuda a ciudades de todo el mundo a conseguir el financiamiento necesario para crear resiliencia frente al cambio climático y los riesgos de desastres, conectando a los inversionistas con proyectos financiables y manteniendo más seguras y más fuertes a millones de personas. El objetivo del CRP es brindar apoyo a las ciudades para que incorporen la resiliencia en los proyectos de inversión y en la movilización de capital más allá de los préstamos del Banco Mundial. Para ello, el programa ofrece apoyo en el proceso de planificación y movilización de capital. Con el fin de apoyar la planificación, el programa se compromete con la comunidad tecnológica proporcionando soluciones de tecnología digital que permitan comprender mejor el entorno construido y el natural. Para apoyar el financiamiento, el programa se compromete con un ecosistema de donantes, IFI y asesores financieros a través de los cuales aglutinar el mercado necesario para hacer llegar el financiamiento a las ciudades.
    • La resiliencia urbana se vincula con la sostenibilidad ambiental. La Plataforma Mundial para las Ciudades Sostenibles (GPSC) (i) del Banco Mundial es una alianza y una plataforma de conocimientos que comprende 28 ciudades de 11 países y que ha recibido USD 151 millones del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM).
      • Esta asistencia ha movilizado USD 2400 millones en cofinanciamiento para proyectos. La plataforma promueve soluciones integradas y conocimientos de vanguardia dirigidos a las ciudades que buscan mejorar su resiliencia y sostenibilidad urbana general en las áreas de indicadores y herramientas, planificación y gestión urbanas integradas y finanzas municipales.
      • La GPSC proporciona soluciones y conocimientos a las ciudades a través de, por ejemplo, el Marco de Sostenibilidad Urbana (i). Este documento de orientación elaborado por la GPSC incluye un marco de medición que presenta 177 indicadores en un proceso claramente estipulado para que las ciudades hagan un seguimiento de su sostenibilidad urbana. Los indicadores básicos principales se asocian con el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) número 11.
      • Utilizando los indicadores básicos, la GPSC puede ayudar a establecer conjuntos de datos integrales de varias ciudades para cada indicador del ODS 11 y, a la vez, ayudar a hacer el seguimiento de los avances internacionales hacia el logro dicho ODS, permitir que ciudades semejantes comparen su desempeño y aumentar la difusión de conocimientos entre las ciudades. En la actualidad, la GPSC utiliza los indicadores básicos del ODS 11 para realizar una evaluación comparativa para más de 30 ciudades de todo el mundo.

     

    Más resultados de proyectos

    En Belice, el Banco apoyó al Gobierno nacional en la formulación y la implementación del Plan Nacional de Inversión para la Resiliencia Climática mediante el Proyecto para Mejorar la Capacidad de Adaptación al Cambio Climático de la Infraestructura (i), que ayudó al país a estar en condiciones de movilizar financiamiento climático adicional de instituciones financieras internacionales. En los países del Caribe oriental, el Banco ha movilizado más de USD 200 millones para aumentar la resiliencia climática y reducir de forma estratégica su vulnerabilidad frente al cambio climático y los desastres naturales, incluidos USD 83 millones proporcionados por el Fondo Estratégico sobre el Clima (i), y recursos entregados inmediatamente después de desastres (por ejemplo, el Proyecto de Reducción de la Vulnerabilidad ante Desastres Naturales en Santa Lucía) (i).

    En Colombia, el Gobierno nacional ha propuesto una serie de cambios normativos e institucionales para promover el proceso de consolidación de la paz. Estos esfuerzos, que cuentan con el apoyo del Banco Mundial (i), se centran en fortalecer las instituciones encargadas de la gestión de la tierra y la planificación territorial, así como en mejorar la gestión de las finanzas subnacionales y la priorización de las inversiones.

    En Georgia, el Proyecto de Desarrollo Regional (i) ayuda a las regiones del país a mejorar su infraestructura para capitalizar el creciente mercado del turismo, contribuyendo así a mejorar la competitividad y el desarrollo económico locales. En Azerbaiyán, los préstamos del Banco Mundial (i) apoyaron la rehabilitación del principal vertedero y el establecimiento de una empresa estatal de gestión de desechos, aumentando al 74 % el porcentaje de habitantes que recibieron servicios formales de gestión de desechos sólidos en 2012. La asistencia también dio lugar a prácticas más sostenibles de gestión de desechos, ayudando a conseguir una tasa de reciclaje y reutilización del 25 %.

    En Indonesia se aprobó recientemente el Programa Nacional de Mejora de Barrios Marginales (i), que incluye financiamiento adicional considerable gracias a las contribuciones del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB). La iniciativa ayuda a aumentar el acceso a infraestructura y servicios urbanos en esos lugares. En Argentina, el Proyecto de Transformación Urbana del Área Metropolitana de Buenos Aires (i) está apoyando la mejora de las condiciones de vida de alrededor de 48 000 residentes de barrios desfavorecidos del Área Metropolitana de Buenos Aires.

    En Jordania y el Líbano, dos proyectos relacionados dan apoyo a las autoridades y comunidades locales que acogen a refugiados sirios, e incluyen mecanismos sólidos de consulta y retroalimentación. En Jordania, el proyecto para abordar de manera urgente la rehabilitación de la infraestructura municipal (i) ha beneficiado a cerca de 2 millones de personas, incluidos 250 000 refugiados sirios. En el Líbano, las intervenciones para ayudar a disminuir las tensiones beneficiaron a 250 000 personas al cabo de un año —cifra tres veces superior al objetivo inicial—, en particular a las que viven en comunidades de acogida cercanas a campamentos de refugiados. Además, se mejoró la prestación de servicios para más de 1 millón de libaneses.

    En Pakistán (i), el Banco Mundial ayuda a las cinco ciudades más grandes de la provincia de Punjab a mejorar sus sistemas de planificación, gestión de recursos y rendición de cuentas a través de una operación de financiamiento basado en los resultados por un monto de USD 150 millones. Los Gobiernos municipales están formulando e implementando planes de gestión de activos y de desarrollo integrado a mediano plazo, estableciendo prioridades basadas en datos empíricos para los servicios y la infraestructura municipales. Esto ha resultado en un aumento de la recaudación de ingresos y una disminución de los gastos, dando un margen de maniobra financiera. Además, sistemas automatizados para el acceso público a la información y mecanismos de reparación de reclamos, así como sitios web con información actualizada sobre presupuestos y procesos de adquisiciones, aseguran una mayor rendición de cuentas.

    Vietnam se ha urbanizado rápidamente y el Proyecto de Mejora Urbana (i), con un financiamiento de USD 382 millones proporcionado por el Banco Mundial, elevó la calidad de vida de 7,5 millones de habitantes pobres de zonas urbanas. El proyecto permitió instalar mejores conexiones de alcantarillado y suministro de agua, y reacondicionar calles, cloacas, lagos, canales y puentes.

    Última actualización: Abr 20,2020

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