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ARTÍCULO

Apoyo a la ciencia para construir un futuro mejor en Afganistán

Enero 15, 2014

En la actualidad, de las ruinas han surgido edificios bien iluminados y ventilados, con hileras de ventanas, pisos de granito y mármol, amplios auditorios y laboratorios muy concurridos. 

TITULARES DE ARTÍCULOS
  • Edificios nuevos y luminosos se erigen en lugar de las ruinas en la Universidad de Kabul, donde la Facultad de Ciencias fue destruida durante la guerra civil a comienzos de la década de 1990.
  • Esta transformación ha sido posible gracias al Programa de Fortalecimiento de la Educación Superior, apoyado por el Banco Mundial y el Fondo Fiduciario para la Reconstrucción de Afganistán.
  • Hoy en día, cerca de 1500 alumnos estudian en dicha facultad y adquieren competencias para convertirse ya sea en profesores o ingenieros que pueden trabajar en la industria, la banca o el sector público.

Kabul, Afganistán. No hace mucho tiempo, en lugar de estudiantes había combatientes corriendo por los pasillos o apiñados en los laboratorios de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Kabul. De hecho, los dos edificios de esta facultad fueron casi derrumbados durante las tres décadas de guerra en Afganistán. En un momento, miembros de una de las facciones en pugna ocupó el campus, mientras integrantes de otra les disparaban desde TV Hill, uno de los puntos más altos de la capital, recuerda Mohammad Arif Taniwal.

“Este era un lugar para enemigos y héroes, desde luego no para estudiar”, dice Taniwal, quien hoy se desempeña como decano de la Facultad de Ciencias. “Ellos destruyeron este lugar por completo. Había vidrios quebrados y orificios de bala por todas partes. Todo estaba roto. Solo quedó en pie la estructura de los edificios”.

Pero en la actualidad, de las ruinas han surgido edificios bien iluminados y ventilados, con hileras de ventanas, pisos de granito y mármol, amplios auditorios y laboratorios muy concurridos. Esta transformación fue posible gracias al apoyo del Programa de Fortalecimiento de la Educación Superior (SHEP, por sus siglas en inglés),  respaldado por el Banco Mundial y el Fondo Fiduciario para la Reconstrucción de Afganistán (ARTF, por sus siglas en inglés). (i)

    

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Les digo siempre a mis estudiantes, y también a los gobernantes, que si desean construir un mejor país, deben apoyar la ciencia Close Quotes

Mohammad Arif Taniwal
Decano, Facultad de Ciencias, Universidad de Kabul.

El objetivo del SHEP, que se inició en 2005 y terminó en junio de 2013, era ayudar al Ministerio de Educación Superior a restaurar progresivamente el funcionamiento básico de las principales universidades afganas. El programa comenzó con una donación de US$40 millones, y en un principio dio apoyo a seis universidades (Kabul, Balj, Herat, Kandahar, Nangarhar y Politécnica de Kabul), principalmente en materia de infraestructura física, mejoramiento del desarrollo del personal, planes de estudios y equipos. En 2010, gracias a un financiamiento adicional, se agregaron otros seis centros de estudios superiores (Bamiyan, Khost, Takhar, Jawzjan, Al-Beroni y la Universidad de Educación de Kabul).

El ingeniero civil Hafiz Dost, de la oficina del SHEP en el Ministerio de Educación de Afganistán, fue el responsable de la restauración de los edificios de la Facultad de Ciencias en la Universidad de Kabul. Recuerda que se trató de una tarea enorme. “Los edificios fueron bombardeados. Los ladrillos fueron destruidos. El techo había desaparecido en algunos lugares. No quedaba mucho en verdad, pero estábamos decididos a reconstruirlos de manera adecuada”, dice Dost, hojeando un álbum de fotos que muestra parte de la devastación y la posterior rehabilitación.

Una facultad de excelente calidad

En 1968, arquitectos alemanes diseñaron el edificio principal de la facultad que alberga las aulas y los laboratorios de química, dice Dost. Las clases de física, biología y matemáticas se dictan en otro edificio cercano que no estaba tan dañado.

Dost apreciaba especialmente las líneas modernas y limpias del devastado edificio de química. “Era un edificio sólido que merecía ser salvado y nos hemos esforzado al máximo”, agrega.

SHEP proporcionó un financiamiento de US$1 millón para las obras en 2009. Dost dice que se estas se completaron con menos de lo estipulado, alrededor de US$861 500. “Sin embargo, nos aseguramos de usar materiales de buena calidad, como mármol y granito para los pisos, marcos de aluminio para las ventanas y otras cosas por el estilo. Este lugar y los estudiantes lo merecen”.

Hoy en día, cerca de 1500 alumnos estudian ciencias en los dos edificios de la facultad. Ellos representan una parte de los 20 000 jóvenes que postularon el año pasado, cuenta el decano Taniwal.

“Por supuesto, si tuviéramos más espacio, podríamos duplicar o incluso triplicar el número de estudiantes. Nuestro país necesita a estas personas. Les digo siempre a mis alumnos, y también a los gobernantes, que si desean construir un mejor país, deben apoyar la ciencia”.

En los edificios de la facultad recién restaurados, los alumnos adquieren competencias para trabajar ya sea  como maestros o ingenieros  en el sector manufacturero, los bancos, las oficinas públicas, la industria, las fábricas y las organizaciones no gubernamentales, dice Taniwal.

“Gracias a la ciencia, tenemos teléfonos móviles y medicamentos. La ciencia hace posible la vida, e incluso la vuelve más fácil. Y podemos perseguir estos objetivos porque tenemos las aulas y los edificios donde enseñar. Puse todo mi esfuerzo para que esta facultad sea de excelente calidad, como en cualquier país desarrollado, porque la ciencia lo es todo”.

El respaldo del SHEP ha proporcionado equipos de laboratorio, productos químicos y otros suministros para experimentos científicos, aunque Taniwal dice que estos materiales son difíciles de conseguir y a menudo son escasos.

El decano señala que ciencias es la tercera área de estudio, después de medicina y derecho, establecida en la universidad hace más de 80 años. La casa de estudios abrió sus puertas a los estudiantes en 1932, durante el reinado de Mohammed Nadir Shah. Los profesores y alumnos huyeron, solo después de que la guerra civil interrumpió las clases. Cuando el régimen talibán tomó el poder en 1996, se permitió el regreso de unos pocos estudiantes varones, relata Taniwal.

“Recuerdo que en la clase de química de cuarto año había un solo alumno, en las otras apenas tres, y por supuesto, las mujeres no eran admitidas entonces”.

Asociaciones con universidades extranjeras

Actualmente, un 40% de los alumnos de la Facultad de Ciencias son mujeres. Entre los últimos graduados se encuentra Fatima Siddiqi, de 21 años, que se especializó en matemáticas. Durante un descanso en su nuevo trabajo como profesora en una prestigiosa escuela secundaria de niñas, ella regresó para que Taniwal firmara su diploma.

“Todo ha sido muy interesante para mí. Me encanta ser maestra. Por eso elegí estudiar ciencias”, dice Siddiqi en voz baja. Agrega que su familia siempre ha apoyado su educación. Su madre es profesora y su padre trabaja en el Gobierno. Uno de sus hermanos se especializa en  ciencias de la computación y el otro en psiquiatría, en tanto que una hermana vive en Estados Unidos.

Siddiqi recibió recientemente una beca para completar su maestría en Egipto. “Mi familia piensa que la educación es muy importante y quiere que a todos nos vaya bien”.

Otro nuevo graduado, Rajab Akbari, de 25 años, consiguió hace poco tiempo un trabajo importante en el Ministerio del Interior, ayudando a poner en marcha un nuevo sistema nacional electrónico de tarjetas de identificación.

Sus padres son campesinos analfabetos de la provincia de Bamiyan, que está en el centro del país. “Mis padres están muy contentos de que pude completar mi educación”, dice Akbari. “Para ellos, fue imposible. Y creo que si no hubiera podido estudiar en esta facultad, no podría hacer mucho”.

Taniwal agrega que está dispuesto a ofrecer más oportunidades a los estudiantes, pero se necesita de manera urgente una asociación con otra universidad extranjera.

Otro componente del SHEP proporcionó financiamiento para programas de alianza de universidades, que ofrece apoyo para la elaboración y revisión de planes de estudio, profesores visitantes en Afganistán y en instituciones extranjeras, investigaciones y publicaciones conjuntas, así como asistencia para el desarrollo de bibliotecas, laboratorios y otras instalaciones.

La Facultad de Ciencias de la Universidad de Kabul firmó recientemente un convenio con la Universidad de Delhi (India), el cual permitió la capacitación de profesores en métodos más modernos de enseñanza, la oferta de becas y la entrega de un sinnúmero de otros beneficios, cuenta Taniwal.

“Es muy importante tener una relación con otras universidades, estar expuestos a otras ideas y métodos. Nuestra principal prioridad ahora es encontrar otra maravillosa asociación, para que podamos seguir inspirando a nuestros alumnos y profesores. Queremos demostrar todo lo que la ciencia puede ofrecer aquí”.

De cara al futuro:

El equipo del Banco Mundial colabora estrechamente con el Ministerio de Educación Superior y las universidades en la preparación de la próxima fase de apoyo a este nivel educativo. El Comité de Gestión del ARTF aprobó una donación para este fin de US$4,9 millones en junio de 2013. Por su parte, el Banco Mundial publicó recientemente el informe “Higher Education in Afghanistan: An Emerging Mountainscape”. Esta es la primera vez que el Banco ha realizado un estudio en profundidad del sector de la educación superior afgana, que proporciona un examen amplio y basado en pruebas. En este se estudia una variedad de sistemas, políticas y reformas de la educación superior del mundo moderno, particularmente en zonas en las que Afganistán enfrenta los mayores desafíos en materia de políticas relativas a la enseñanza superior. También ofrece una lista de opciones para los responsables de la formulación de tales políticas en el país. El informe está disponible aquí.