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ARTÍCULO

500 millones de razones de por qué preocuparnos hoy por la salud del planeta

Junio 09, 2014

La montaña Chacaltaya, un antiguo resort de ski, ya no tiene nieve en sus cumbres.

En el día mundial del Medio Ambiente, se hace un llamado a los gobiernos para que apliquen las leyes ya aprobadas contra el cambio climático

Desde las playas de arenas blancas en México y el Caribe hasta la imponente Cordillera Blanca en los Andes peruanos, pasando por la exótica Amazonia, América Latina ha estado a la vanguardia en las últimas dos décadas en la conservación de la diversidad biológica.

Con el 20% de su territorio declarado áreas protegidas –frente al 13% promedio de otras partes del mundo- la región es considerada una “superpotencia” en materia de biodiversidad.

Pero lo que muchos damos por descontado está bajo una gran amenaza: el calentamiento global está causando graves distorsiones en el medio ambiente y sus efectos en el largo plazo son tanto imprevisibles como preocupantes.

Hoy, en el Día Mundial del Medio Ambiente, se está haciendo un llamado a todos los sectores de la sociedad –en especial los gobiernos- para que presten atención a un fenómeno que para la gran mayoría actualmente pasa desapercibido pero que puede definir el futuro de la humanidad: la subida paulatina del nivel del mar.

Si bien se calcula que en los últimos 200 años se ha registrado un aumento de 30 centímetros en las aguas costeras, se prevé que para finales de este siglo esa cifra se ubique entre medio metro y un metro. Si a esto le sumamos que para la misma fecha 1 de cada 2 personas en el planeta vivirá a menos de 100 kilómetros de las costas, lo que se avecina puede ser una catástrofe.

“La vulnerabilidad de las zonas costeras es un tema específicamente prioritario. El trabajo en zonas costeras es particularmente complejo ya que aparte de ser ecosistemas marinos y terrestres, son zonas industriales y de importación y exportación, a la misma vez que son habitadas por millones de personas”, afirmó Katharina Siegmann, experta en cambio climático del Banco Mundial en el chat América Latina tiene 500 millones de razones para cuidar el planeta realizado junto a El País América.

“Las costas también se ven afectadas por eventos climáticos extremos, resultando no solo en la pérdida de capital natural, pero sobre todo en pérdidas de infraestructura costera y a veces de vidas. Por ende, el cambio climático tiene un impacto muy fuerte en los riesgos para comunidades costeras y de infraestructura”, agregó la experta en respuesta a varias inquietudes de los participantes.

Aunque muchos de nosotros podemos decir hoy que no hay razones por las qué preocuparse por algo que podría pasar en 80 años, ya hay señales contundentes de que no es así. Podemos encontrar ejemplos en la devastación del huracán Katrina en 2005 en la costa sur de Estados Unidos y la constante erosión de zonas costeras en Panamá así como la inminente desaparición de pequeñas islas en el Pacífico como el archipiélago de Kiribati.

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Sabemos que sin un marco legislativo y regulatorio fuerte, continúa e incluso aumentan cada vez má los procesos de degradación ambiental. Close Quotes

Katharina Siegmann
Experta en cambio climático del Banco Mundial

Con el derretimiento de los glaciares, el cambio climático ya se ha transformado en un hecho cotidiano para los más pobres. Los científicos usan la tecnología satelital para encontrar la manera de hacer frente a la dramática escasez de agua en la región andina. Un desastre lento y silencioso que ha comenzado a afectar a millones de personas.

¿Pueden las leyes detener el cambio climático?

Inés Santaeulalia, panelista por El País América, comentó cómo las movilizaciones sociales están ayudando a frenar desarrollos turísticos en zonas protegidas en México y lanzó una pregunta muy pertinente al foro virtual: ¿Se podría decir que el compromiso social con el medio ambiente es más fuerte que el compromiso político?

Por ejemplo, en América Latina, en promedio, se asigna a las áreas protegidas apenas el 1% de los recursos del país destinados a medio ambiente, lo que equivale a una media de 1,18 dólares por hectárea. Esta cifra cubre solo el 54% de las necesidades básicas de esas zonas.

Para Siegmann, la clave está en que se consideren las variables ambientales como parte integral de las metas de crecimiento de los países. Es decir, un avance económico que asegure el uso de recursos de una manera sustentable, sobre todo en los países emergentes donde se observa una expansión económica acelerada que busca niveles de prosperidad para más de mil millones de personas.

Otro punto de crucial importancia es aplicar las legislaciones aprobadas en los países contra el cambio climático.

“Varios países de la región son pioneros en leyes contra el cambio climático. Emitir menos gases de efecto invernadero, tener un uso más eficiente de la energía, impulsar las energías renovables, combatir la deforestación, son algunas de las iniciativas que plantean estas leyes”, afirmó Siegmann.

La experta destacó los avances de México, que este fin de semana será el anfitrión de la reunión mundial de Globe, una organización internacional que agrupa legisladores de 80 países interesados en temas de cambio climático. El gobierno mexicano ya está aplicando un Programa Especial de Cambio Climático para el periodo 2014 hasta el 2018, dónde se detallan los objetivos específicos.

Se suman Guatemala, que aprobó una ley sobre el cambio climático el año pasado, mientras que se está discutiendo una Ley sobre el cambio climático en Costa Rica. El Salvador ya tiene una estrategia nacional para fortalecer los recursos financieros e institucionales que se necesitan para reducir el impacto económico y social del cambio climático. Bolivia tiene una Ley de Derechos de la Madre Tierra, en la cual se da también reconocimiento a los pueblos indígenas.

“Es muy muy cierto que el puro hecho de tener una ley no significa que se aplique. Esto es el gran reto para muchos países que ya tienen legislación. Sabemos que sin un marco legislativo y regulatorio fuerte, continúa e incluso aumentan cada vez má los procesos de degradación ambiental. Con instrumentos económicos se puede medir el costo que tiene esta degradación”, concluyó Siegmann.