Discursos y transcripciones

La estrategia del Grupo del Banco Mundial: Una senda para poner fin a la pobreza

Presidente del Grupo del Banco Mundial, Jim Yong Kim

La Universidad George Washington

Washington DC, Estados Unidos

Octubre 01, 2013

Alocución inicial

Presidente Knapp, decano Brown, distinguidos profesores, alumnos e invitados:

Gracias por invitarme a esta universidad. Es para mí un privilegio estar aquí para referirme a los desafíos que el mundo nos plantea y a la labor que realiza el Grupo del Banco Mundial para cumplir, con la mayor eficacia posible, su misión de mejorar las condiciones de vida de las personas pobres y vulnerables.

Cuando dirigimos la mirada a los diversos escenarios del mundo actual y consideramos los temas más apremiantes, la actual incertidumbre fiscal en Estados Unidos nos produce gran preocupación. Nuestra esperanza es que las autoridades responsables resuelvan pronto estas cuestiones. Dicha incertidumbre, sumada a otras fuentes de volatilidad en la economía mundial, podría afectar gravemente a los mercados emergentes y a los países en desarrollo de África, Asia y América Latina que en los últimos años han logrado sacar de la pobreza a millones de personas.

Asimismo, no podemos menos que centrar la atención en las convulsiones que están teniendo lugar en Oriente Medio. Siria vive su trigésimo mes de una guerra cuyo costo ha sido horrendo. Más de 100 000 personas han muerto, 4 millones de personas se han visto desplazadas y otros 2 millones de sirios han huido y se han convertido en refugiados en países vecinos, lo que ha hecho mucho más pesada la carga que recae, en especial, sobre Jordania y el Líbano. La lucha en el interior de Siria continúa, y el impacto en vidas y economías quebrantadas no hace más que incrementarse día tras día.

No debemos apartar la mirada de Oriente Medio. El Grupo del Banco Mundial ha estado cumpliendo varias funciones. En ciertos casos estamos en la trastienda, con diplomáticos; en otros, nos encontramos en primera línea, con trabajadores de programas de ayuda humanitaria, y en todos los casos trabajamos con Gobiernos, empresas o grupos de la sociedad civil para contribuir a sentar bases sólidas y sostenibles para el desarrollo. Esa labor apoya los medios de subsistencia de millones de habitantes de Oriente Medio y de miles de millones de personas más en todo el mundo que aspiran a obtener buenos empleos, una educación adecuada y acceso a una atención de salud de buena calidad.

Una parte crucial de la labor que realizamos tiene lugar en países que salen de conflictos, afectados por conflictos o paralizados por un persistente estado de fragilidad. Sabemos bien que en un país sumido en un estado de fragilidad prolongado suelen sobrevenir conflictos. Es preciso que el Grupo del Banco Mundial y la comunidad global en general hagan frente a los complejos desafíos institucionales y sociales que se dan en esos Estados frágiles, pues el costo de la inacción es elevado, y las intervenciones bien diseñadas producen óptimos beneficios. Cuando tenemos la posibilidad de crear instituciones, infraestructura y capacidad humana en Estados frágiles, o de estructurar una operación que aporte inversiones del sector privado sumamente necesarias, debemos aprovecharla. Cuando no logramos ayudar a los países a desarrollarse en forma inclusiva o a fortalecer el buen gobierno, todos nos vemos afectados por el resultado, que suele ser un país en llamas, como sucede hoy en Siria.

Factores generadores de conflictos

En Oriente Medio, la mayoría de los países experimentaron un crecimiento relativamente vigoroso —del 4% al 5% anual— en la década que precedió a la Primavera Árabe, pero había graves problemas ocultos. Una clase media joven con creciente nivel de educación se sentía frustrada por que los escasos puestos de trabajo disponibles estuvieran reservados a quienes tenían más conexiones que talento. El sector privado operaba obteniendo privilegios del Estado, lo que condujo a una forma de capitalismo amiguista que solo ayudaba a unos pocos y que menoscabó las exportaciones y el empleo.

Las desigualdades —y la indignación— repercutieron hasta en los más jóvenes. En 2011, cuando un millón de personas afluían a la plaza Tahrir, en El Cairo, para protestar contra el Gobierno, los hijos de los manifestantes realizaban sus propias protestas en las aulas. Exigían una mejor enseñanza. Esto sucede cuando la prosperidad está reservada a una minoría selecta. Los excluidos sienten intensamente el escozor de la desigualdad.

Las continuas crisis han dejado a muchos países de Oriente Medio expuestos a un triple desafío. Primero, restaurar la estabilidad macroeconómica; segundo, reformar sus economías para atender las imperiosas expectativas de los manifestantes callejeros; tercero, realizar la transición hacia nuevas constituciones y elecciones pluripartidistas más abiertas y competitivas. Estos desafíos serían formidables para cualquier país, pero convergieron en una misma región, lo que hace tanto más importante que la comunidad internacional organice sus recursos para respaldar a esas mujeres y hombres valerosos que arriesgaron sus vidas para exigir que les reconozcan la debida dignidad humana básica.

Por esas razones también es importante acudir hoy en ayuda de Jordania y el Líbano. Hace apenas unos pocos meses, el Banco Mundial proporcionó a Jordania US$150 millones en ayuda de emergencia, y acabamos de completar una evaluación general del impacto económico y social en el Líbano, que permitió determinar que ese país ha perdido miles de millones de dólares a causa de la guerra en Siria.

El Líbano alberga actualmente a más de 760 000 refugiados sirios, situación que podría compararse con el ingreso en Estados Unidos de 56 millones de refugiados, 45 millones de los cuales hubieran entrado tan solo en el período transcurrido desde enero de 2013 hasta ahora. Piensen en la perturbación que ello significaría. La semana pasada asistí a la reunión del grupo internacional de apoyo al Líbano, en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Los donantes comprometieron financiamiento en alguna medida para ese país, pero sin un esfuerzo mucho mayor de nuestra parte se corre el riesgo de terminar en una catástrofe.

Nuestros dos objetivos

Hace apenas seis meses nuestra Junta de Gobernadores refrendó los dos objetivos del Grupo del Banco Mundial: el primero consiste en poner fin a la pobreza extrema a más tardar en 2030; el segundo, en impulsar la prosperidad compartida fomentando el crecimiento de los ingresos reales del 40% más pobre de la población.

¿Qué relación existe entre lo expresado y la situación reinante en Oriente Medio y en otros países pobres? El objetivo de poner fin a la pobreza extrema constituye, de por sí, el fundamento moral de todo lo que hacemos. El hecho de que en 2013 más de 1000 millones de personas subsistan con menos de US$1,25 diarios es una mácula en nuestra conciencia moral. Debemos ayudar a los pobres a superar su condición de tales sin demora, sin prejuicios, sean cuales fueren las circunstancias y lugares.

Nuestro segundo objetivo —impulsar la prosperidad compartida— es más complejo, pero reviste importancia para el mundo entero. Las protestas que tuvieron lugar durante la Primavera Árabe, y las ocurridas más recientemente en Turquía, Brasil y Sudáfrica, se basaron en la aspiración universal de formar parte de la clase media mundial.

Hoy, los líderes de todo el mundo comprenden que el objetivo de impulsar la prosperidad compartida para el 40% más pobre de la población está adquiriendo una importancia cada vez más decisiva como garantía de estabilidad. Gran parte de ese descontento estaba latente bajo la superficie, pero los medios sociales han generado una enorme “clase media virtual”, como la denominó Thomas Friedman, que seguirá llamando a la puerta de las oportunidades, y luego la derribará. La lección es que debemos prestar mucha más atención a la cuestión de si el crecimiento beneficia a toda la población, y no solo a la élite. Una manera de hacerlo consiste en no limitarnos a examinar el crecimiento general del producto interno bruto, sino realizar el seguimiento del aumento de los ingresos del 40% de la población más pobre. El progreso económico también debe ser sostenible desde el punto de vista ambiental y financiero a lo largo de generaciones.

¿Cómo pueden, pues, incrementarse en forma sostenida los ingresos de las personas menos afortunadas? Hay más de una senda para lograr la prosperidad compartida. Una de ellas es a través de un aumento de las oportunidades impulsado por un mayor crecimiento económico. Otra es mediante un contrato social estable, centrado en elevar el nivel de vida de los pobres y las personas desfavorecidas. Ambas sendas pueden conducir a mejores oportunidades para los ciudadanos si las sociedades se tornan más dinámicas y más productivas, y permiten una mayor movilidad social.

Alcanzar nuestro primer objetivo —poner fin a la pobreza extrema a más tardar en 2030— no solo representará un logro histórico; será extraordinariamente difícil. Nuestros economistas estiman hoy que el número de personas pobres fluctúa por encima de los 1000 millones, es decir 150 millones menos que en 2010.

Estamos avanzando, pero en esta batalla nada está garantizado, y la contienda será mucho más dura cuanto más cerca estemos de lograr el objetivo. El ritmo de crecimiento mundial podría ser más lento que las tendencias históricas. Los desastres inducidos por el cambio climático podrían hacer retroceder años de avance en el proceso de desarrollo. Los inversores podrían tornarse aún más cautos que en la actualidad. El financiamiento a largo plazo para la infraestructura que tanto se necesita ya es escaso y podría agotarse.

En el Grupo del Banco Mundial, nuestros dos objetivos nos exigen producir resultados para las personas. Como expresó en cierta ocasión el Dr. Martin Luther King Jr., nuestras metas “en el papel deben transformarse en acciones tangibles”. ¿Qué haremos, todos nosotros, para que nuestros planes se reflejen en medidas efectivas para poner fin a la pobreza?

La estrategia del Grupo del Banco Mundial

Nuestra respuesta es que por primera vez contamos con una estrategia que reunirá a todos los componentes del Grupo del Banco Mundial: el Banco, que trabaja con los Gobiernos; la Corporación Financiera Internacional (IFC), que se dedica al sector privado, y el Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones (MIGA), que otorga seguros contra riesgos políticos. La publicamos hace unos pocos días. Nunca habíamos definido una estrategia que nos brindara una hoja de ruta general para orientar a todos los componentes de nuestra institución en torno a objetivos y principios comunes.

¿Por qué es importante esta estrategia? Las burocracias operan a veces por vías que mantienen a las personas apartadas unas de otras. Tienden a crear esferas de influencia encerradas en sí mismas, que se convierten en búnkeres o silos celosamente custodiados. Algo entiendo de silos, pues me crié en Iowa, donde eran numerosos. Esos silos de maíz se erguían ostensiblemente aislados, especialmente durante los largos y fríos inviernos. Los silos cumplen una función esencial en los maizales de Iowa, pero no tienen cabida en el Grupo del Banco Mundial.

¿Cómo podemos —o cómo puede cualquier otro organismo de gran dimensión— lograr sus más altas aspiraciones de servir a los pobres si funciona como un conglomerado de silos? Tenemos que poner en contacto a las mentes más brillantes de nuestra institución para que sus conocimientos fluyan libremente.

La estrategia del Grupo del Banco Mundial se basa en la convicción de que todo el Grupo trabajará en conjunto, como una unidad, para lograr nuestros nobles objetivos. Y somos conscientes de que para tener posibilidades de éxito, debemos ser selectivos: primero, tenemos que elegir nuestras prioridades, y después, dejar de desarrollar las actividades que no sean prioritarias.

¿Qué dejaremos de hacer? Dejaremos de dedicarnos a esferas en que otras instituciones estén en mejores condiciones de hacerlo. No nos ocuparemos de proyectos con el solo propósito de alcanzar las metas de volumen fijadas para el año. No emprenderemos proyectos simplemente para plantar nuestra bandera en el terreno. Tampoco toleraremos una conducta que promueva los intereses individuales por encima del bien común.

¿Cuáles son, pues, nuestros principios?

Haremos que todas nuestras actividades estén guiadas, en todo momento, por nuestros dos objetivos.

Mejoraremos nuestra colaboración con otros agentes, para que juntos podamos alcanzar esos objetivos.

Seremos audaces.

Asumiremos riesgos; riesgos inteligentes. Con esto quiero decir que invertiremos en proyectos que puedan contribuir a transformar el desarrollo de un país o de una región, aun a riesgo de fracasar.

Descollaremos en encontrar soluciones locales valiéndonos de nuestros conocimientos mundiales y poniéndolos a disposición de los países y las empresas que los necesiten.

Aprovecharemos nuestra intensa experiencia para orientar la aplicación de prácticas mundiales de vanguardia en relación con temas tales como finanzas, educación, salud, infraestructura, energía y agua.

No dejaremos de buscar oportunidades de ayudar a los países a invertir en su población. Debemos ayudarlos a ser más competitivos, y una manera eficaz de que puedan lograrlo es que inviertan en la educación, la salud y la capacitación para el empleo de sus ciudadanos.

Además procuraremos crear instrumentos financieros innovadores que abran nuevas oportunidades para obtener el financiamiento a largo plazo que los países tanto necesitan.

Hacer realidad la estrategia

Nuestra estrategia requiere que nos convirtamos en un banco de soluciones, cuyo punto de referencia central sea producir resultados para los pobres. Merecen destacarse tres elementos de la estrategia.

Primero, formaremos alianzas con el sector privado para utilizar los conocimientos especializados y el capital que este posee para combatir la pobreza. Esto reviste especial importancia para crear buenos empleos para los pobres.

Segundo, redoblaremos nuestra determinación de asistir a los Estados frágiles y afectados por conflictos, para lo cual tendremos que ser más audaces, asumir riesgos adicionales y comprometer más recursos.

Tercero, nos fijaremos metas tan ambiciosas como sea posible en relación con temas de importancia mundial, tales como inversiones en promover los intereses de las mujeres y las niñas, y combatir el cambio climático. Nuestra respuesta al cambio climático, por ejemplo, debe ser suficientemente audaz como para abarcar todos los aspectos del problema.

Creación de buenos empleos

Con respecto al primer elemento, una de las más altas prioridades del Grupo del Banco Mundial consistirá en ayudar a crear empleo. ¿Qué podemos hacer para ayudar de manera eficaz a las regiones y a los distintos países a crear las condiciones para lograr un crecimiento del empleo impulsado por el sector privado? La magnitud del desafío es formidable: en todo el mundo se deben crear 600 millones de puestos de trabajo en el curso de la próxima década.

Una manera fundamental de proveer a la superación de la pobreza es proporcionar una conexión abierta y transparente con los mercados locales y mundiales. Este acceso puede desplegar el potencial empresarial de millones de pobres.

Un ejemplo: Ecom, uno de los clientes de IFC, conecta a productores de cacao, café y algodón de más de 30 países con los mercados mundiales. El año pasado, Ecom ayudó a más de 134 000 agricultores y a miles más a través de organizaciones de productores agrícolas.

También estamos ampliando nuestro grupo de asociados para incluir a quienes están aplicando nuevos modelos de negocios. Hace apenas dos semanas me reuní con Jack Ma, el fundador de Alibaba, empresa china que entre otras cosas procesó el 60% de los 8800 millones de paquetes postales transportados dentro de China el año pasado. Jack me mostró sus zapatillas negras de lienzo, fabricadas por una mujer en una pequeña aldea de China. Alibaba logró reducir tanto los precios de la logística que esta mujer pudo comercializar las zapatillas que fabricaba y remitirlas a cualquier parte del territorio chino a precios más convenientes que los de la tienda de calzado local. En tan solo unos pocos años Alibaba ha promovido la creación o el crecimiento de más de 6 millones de empresas pequeñas y medianas en China.

Ese es un ejemplo de un modelo de negocios transformador. Sin embargo, hay muchos entornos de los que Alibaba y otras empresas se mantienen apartadas. El Grupo del Banco Mundial es un asesor de confianza para el sector privado, y ello suele significar que somos los primeros en aventurarnos en un entorno riesgoso para que otros se sientan más alentados a invertir en él. Sabemos que hay varios billones de dólares administrados por fondos soberanos e inversores institucionales, y gran parte de ellos se mantiene en fondos poco productivos a la espera de oportunidades. Es por ello que debemos tratar activamente de encontrar nuevas formas de encauzar estos fondos privados hacia proyectos de países en desarrollo. Un ejemplo reciente fue la puesta en marcha, por nuestra institución, del programa de carteras de cofinanciamiento administradas, en China. El Gobierno chino se comprometió a invertir US$3000 millones, junto con IFC; otros países están expresando interés en unirse al programa.

Una prioridad referente a los Estados frágiles

El segundo ejemplo de nuestra estrategia guarda relación con nuestro compromiso de asumir riesgos en algunos de los lugares del mundo con más problemas: los Estados frágiles y afectados por conflictos.

Hace unos meses, el Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, y yo viajamos a la región de los Grandes Lagos de África para respaldar el Marco de Paz, Seguridad y Cooperación, suscripto por 11 países. En esa región ha reinado, durante más de dos décadas, un estado de guerra, y en la región oriental del Congo, grupos rebeldes iniciaron un nuevo combate pocos días antes de nuestra llegada. Pocas horas antes de que arribáramos a Goma, los grupos convocaron a un cese del fuego. Pese a la tensión imperante, una muchedumbre, formada en su mayor parte por mujeres, se alineó al borde de la carretera que une la base de las Naciones Unidas con un hospital local. La gente saludaba a nuestra caravana, pero también alzaba carteles que aludían al cruel traumatismo que había experimentado. Nunca olvidaré el cartel que portaba una mujer. Decía, simplemente, “No más violaciones”. En verdad.

Debemos actuar con mucha mayor presteza, con mayor urgencia, a fin de generar dividendos de paz para los países que dejan atrás años de conflictos. Nos consta que no puede haber desarrollo sin paz, pero con demasiada frecuencia olvidamos que la paz no perdurará si no hay desarrollo. Para ayudar a la mencionada región de los Grandes Lagos procedimos rápidamente a estructurar un paquete de asistencia adicional de US$1000 millones. Poco después de nuestra visita, el Directorio Ejecutivo del Banco aprobó una contribución de US$340 millones para el financiamiento del proyecto de la central hidroeléctrica de paso Rusumo Falls, destinado a suministrar electricidad a millones de habitantes.

Hoy prometo aumentar considerablemente nuestro apoyo a los Estados frágiles y afectados por conflictos. En los próximos tres años espero aumentar en alrededor de 50% la proporción del financiamiento básico de la Asociación Internacional de Fomento —el fondo del Banco para los más pobres— destinado a Estados frágiles. IFC, la institución del Grupo del Banco Mundial que se dedica al sector privado, también se comprometerá a incrementar en un 50%, en los próximos tres años, el apoyo que proporciona a los Estados frágiles.

El desafío del cambio climático

El tercer y último ejemplo de nuestra estrategia está directamente relacionado con nuestro objetivo referido a la prosperidad compartida. El término “compartida” no solo significa asegurarse de que los más pobres participen en el proceso de crecimiento, sino también que el crecimiento no se logre a expensas de las generaciones futuras. Tenemos que compartir el planeta y sus recursos con nuestros hijos, nietos y bisnietos, lo que significa que debemos contar con un plan audaz de lucha contra el cambio climático.

El cambio climático constituye una amenaza fundamental para el desarrollo en el curso de nuestras vidas: puede hacer que la prosperidad sea inalcanzable para millones de personas. Todas las regiones del mundo se verán afectadas, y quienes estén en peores condiciones para adaptarse —los pobres y los más vulnerables— se verán más afectados. Si queremos poner fin a la pobreza extrema tenemos que crear comunidades con capacidad de adaptación al cambio climático, y mitigar perturbaciones tales como los desastres climáticos, para que los pobres puedan vivir mejor y para que esas mejoras se mantengan a largo plazo.

Hacer frente al cambio climático no es una tarea que los Gobiernos puedan realizar por sí mismos. Necesitamos una respuesta que reúna los esfuerzos de los Gobiernos, el sector privado, la sociedad civil y las personas físicas, en pos de un plan coordinado y amplio. Podemos ayudar de muchas maneras, pero la más provechosa consiste quizá en poner de manifiesto los crecientes costos del cambio climático y movilizar financiamiento de fuentes públicas y privadas para programas relacionados con el clima.

Los costos económicos de los fenómenos meteorológicos extremos son asombrosos. Los costos de las inundaciones de ciudades costeras ascienden actualmente a US$6000 millones anuales, pero podrían llegar a ser de US$1 billón al año antes de fines de 2050. Invertir US$50 000 millones por año en actividades de protección evitaría esos costos y liberaría hasta US$950 000 millones por año para invertir en la mejora de escuelas, hospitales y redes de protección social.

Hoy anuncio el compromiso del Grupo del Banco Mundial de destinar a esa batalla una mayor proporción de su propio financiamiento, y de trabajar con todos los asociados que estén interesados en ocuparse seriamente de este problema.

Nuestro punto de partida es una energía limpia. Concertaremos conocimientos, las mejores prácticas y apoyo financiero para que los países hagan frente a los altos costos y los obstáculos de políticas que entraña la adopción de soluciones energéticas más limpias. Estamos bien encaminados para terminar un mapa de los recursos de energía renovables en no menos de 10 países en los próximos 3 años. Haremos posible la introducción de reformas de los subsidios a la energía en 12 o más países, y en colaboración con asociados crearemos nuevos modelos de negocios de energía para cocinar y para el alumbrado que utilicen la tecnología de microrredes, que está mejorando rápidamente. Desearía también que con nuestro apoyo directo en tres años se hayan instalado en todo el mundo no menos de 10 000 megavatios de capacidad adicional, lo que equivale a la totalidad de la capacidad instalada de Perú.

Conclusión

Podemos alcanzar nuestros objetivos de poner fin a la pobreza, impulsar la prosperidad para todas las personas y compartirla con las generaciones futuras, pero solo lo lograremos si trabajamos juntos con un sentido de urgencia totalmente diferente. Como ya lo mencioné, debemos crear un movimiento social para acabar con la pobreza, lo que significa que necesitamos el apoyo de todos ustedes: los aquí presentes, quienes asisten a esta transmisión por Internet, o se enteran del tema a través de Facebook o de Twitter.

Hace apenas seis meses la Junta de Gobernadores del Grupo del Banco Mundial sentó las bases para un movimiento social al refrendar nuestros dos objetivos y declarar que podemos poner fin a la pobreza extrema a más tardar en 2030. Ahora asistimos a manifestaciones de interés de todas partes. Líderes políticos, incluidos el presidente Obama y el primer ministro del Reino Unido, David Cameron, hacen llamamientos para poner fin a la pobreza. Organizaciones confesionales como Visión Mundial están haciendo lo mismo. La campaña ONE, Oxfam, Save the Children, RESULTS y muchos otros grupos de la sociedad civil están haciendo un llamamiento al mismo efecto. También los jóvenes exhortan a poner fin a la pobreza.

El fin de semana pasado se reunieron 60 000 personas en el Central Park de la ciudad de Nueva York para participar en el Global Citizens Festival (Festival Ciudadanos del Mundo), encuentro organizado para apoyar la meta de pobreza cero a más tardar en 2030. Les pido a todos los aquí presentes que se unan a este movimiento. Háganlo avanzar. Son muchas las cosas que ustedes pueden hacer, y una de las que pueden hacer ahora mismo, desde sus asientos, en sus teléfonos inteligentes, es ingresar en el sitio web del Global Poverty Project (Proyecto sobre la pobreza mundial, www.zeropoverty2030.org) y suscribir una petición de que se ponga fin a la pobreza en el curso de una generación. Hagan saber a los líderes mundiales que se trata de un tema de fundamental importancia para ustedes.

Los objetivos del Grupo del Banco Mundial son claros. Poner fin a la pobreza a más tardar en 2030. Impulsar la prosperidad y garantizar que esta sea compartida con el 40% más pobre de la población y con las generaciones futuras. Tenemos ante nosotros una oportunidad de inclinar el arco de la historia y comprometernos a hacer algo con lo que otras generaciones tan solo han soñado. En el concierto del Central Park invité a mi hijo Nico, de 4 años de edad, a acompañarme en el escenario. Fue una manera de hacer tangible este objetivo. Cuando Nico tenga mi estatura y curse el último año de estudios universitarios como algunos de ustedes, podríamos dejarles a él y a sus compañeros un mundo sin pobreza extrema.

Esta es la cuestión moral definitoria de nuestro tiempo. No podemos dejar que más de 1000 millones de personas padezcan una pobreza extrema mientras disponemos de los instrumentos y recursos necesarios para mejorar sus condiciones de vida. No podemos permitir que el 40% más pobre de la población se vea privado de oportunidades de empleo, salud y educación. Podemos hacer más. Debemos hacer más por Nico, por todos los niños y niñas de 4 años del mundo y por todas las generaciones futuras. En lo que respecta a algunos problemas, como el cambio climático, la celeridad es esencial aunque, como también decía el Dr. Martin Luther King Jr., siempre es el momento apropiado para hacer lo que es correcto. Este es el momento y nosotros somos los que debemos hacerlo. Hagamos realidad estas expectativas.

Muchas gracias.