Panorama general

  • La región de Oriente Medio y Norte de África (MENA) atraviesa por un período de agitación. Siria, Iraq, Libia y Yemen son protagonistas de guerras civiles que causan daños incalculables en términos de vidas humanas y obras de infraestructura. Unos 15 millones de habitantes han huido de sus hogares, muchos de ellos hacia países frágiles o con economías debilitadas, como Jordania, Líbano, Djibouti y Túnez, dando lugar a la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial. El actual caos que sufre Yemen ha hecho retroceder el desarrollo del país en varios años. Con los bloqueos y ciclos reiterados de violencia, la tasa de desempleo de Gaza es la más alta del mundo en este momento, mientras que el producto interno bruto (PIB) alcanza solo el 40 % de su potencial. Los exportadores de petróleo, que son relativamente estables como Argelia, Irán y los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), están luchando con los bajos precios del crudo, además del crónico desempleo juvenil y la falta de diversificación de sus economías. Cabe señalar que aspectos positivos, como los acontecimientos políticos en Túnez, Marruecos y Jordania, son indicadores del aumento de la participación ciudadana en la formulación de las políticas.

    PERSPECTIVAS ECONÓMICAS

    Este año se perfila como uno de los más complejos para la región, ya que los Gobiernos de los países de MENA enfrentan grandes desafíos políticos. El principal reto para los exportadores de petróleo es la gestión de sus finanzas y de sus estrategias de diversificación en un entorno con precios del crudo que no superan los USD 45 el barril. La consolidación fiscal en un contexto sociopolítico difícil y los efectos indirectos de los conflictos también están planteando problemas a los importadores de petróleo. Los precios del crudo cada vez más bajos, los ingresos fiscales en descenso y la escasez de divisas han obligado a los países de MENA a tomar medidas de austeridad, entre ellas recortes en el capital y en los actuales gastos. Por ejemplo, es posible que se cancelen proyectos por un valor superior a USD 20 000 millones en Arabia Saudita. Esta decisión llega en un momento en que los conflictos y la guerra que se libran en Siria, Iraq, Libia y Yemen están devastando estas economías, y la crisis de los refugiados está agotando el espacio fiscal en los países vecinos. Además, ha disminuido el ritmo del crecimiento del sector privado, una fuente de creación de puestos de trabajo, con lo cual se hace difícil absorber a una gran cantidad de desempleados. Los datos más recientes sobre el mercado laboral indican que la tasa de desempleo ha seguido muy alta en Egipto, Irán, Iraq, Jordania, Marruecos y Túnez durante 2016. Se proyecta que el crecimiento real del PIB seguiría en su nivel más bajo en la región tal como ha sucedido en los últimos cuatro años, llegando a alrededor de 2,7 % en 2016, un medio punto porcentual más bajo que lo pronosticado en abril de 2016.

    Además, se espera que el crecimiento regional aumente levemente a 3,2 % y 3,6 % en los próximos dos años, a medida que los Gobiernos de la región consolidan su posición fiscal, emprenden reformas e intentan diversificar sus economías para dejar de depender exclusivamente del petróleo. Los pronósticos señalan que el déficit fiscal permanecería en 9,1 % del PIB en 2016, sin cambios en relación con el año anterior. Sin embargo, se predice que los tres subgrupos (países del CCG, países en desarrollo exportadores de petróleo y países importadores de petróleo) registren déficits considerables en 2016 y en los próximos dos años, pero con perspectivas de reducirlos en el futuro.

    El crecimiento de los exportadores de petróleo pertenecientes a la región de MENA seguirá siendo moderado debido a la abrupta caída del crecimiento de los países del CCG. Se prevé que el crecimiento en estos países disminuirá en 1,8 % en 2016, la mitad de lo observado en 2015. La prolongada baja de los precios del petróleo está obligando a los Gobiernos a tomar medidas de austeridad, principalmente a través de recortes en los gastos, concentrados en los gastos de capital. El recorte de gastos también ha reducido el crecimiento en el sector que no depende del petróleo. Por ejemplo, se estima que el crecimiento de esas industrias en Argelia y Omán caerá a 3,7 % en 2016, en comparación con 5 % y 7 %, respectivamente, hace un año. Las economías de los países en desarrollo exportadores de petróleo de la región se han visto doblemente afectadas por el desplome de los precios del crudo y las guerras civiles. Se espera que el crecimiento retome una trayectoria positiva en 2016 de un 0,3 % negativo, pero dicho optimismo se basa en las expectativas de que Irán e Iraq produzcan más petróleo. Ambas naciones enfrentan importantes desequilibrios fiscales y externos debido al alto costo de la guerra, los bajos precios del petróleo y una disminución del intercambio comercial.

    En el caso de los países en desarrollo importadores de petróleo, las perspectivas son levemente mejores aunque débiles. Estos países se vieron duramente afectados por ataques terroristas, efectos colaterales de los conflictos en la región y menos flujos financieros desde el Golfo. Se prevé que el crecimiento caerá a 2,6 % en 2016 para el subgrupo en su conjunto, antes de repuntar levemente a un promedio de 3,5 % durante el período de la proyección. Se espera que los déficits fiscales y de la balanza de pagos sigan siendo muy elevados durante el mismo lapso.

  • Debido a la fragilidad y los conflictos que actualmente afectan a la región, el Grupo Banco Mundial dio a conocer una nueva estrategia regional (i) en octubre de 2015. En lugar de dar por hecho el conflicto y la violencia y trabajar en torno a ello, este nuevo documento titulado "Una nueva estrategia del Grupo Banco Mundial: Inclusión económica y social para la paz y la estabilidad en Oriente Medio y Norte de África" tiene como objetivo central promover la paz y la estabilidad social en la región de MENA. Se basa en cuatro pilares (“las 4 R”), que responden tanto a las causas básicas del conflicto y la violencia como a las consecuencias a través de intervenciones de desarrollo, que fomentan la inclusión y la prosperidad compartida. Los cuatro pilares de la estrategia son:

    i)  Renovación del contrato social para generar un nuevo modelo de desarrollo que se sustente en una mayor confianza de los ciudadanos, una protección más eficaz de los pobres y los vulnerables, una prestación de servicios inclusiva y responsable, y un sector privado más sólido que pueda crear empleos y oportunidades para los jóvenes de la región;

    ii)  Cooperación regional, en especial respecto de los bienes públicos regionales y sectores como educación, agua y energía para fomentar de este modo una mayor confianza y colaboración entre los países de MENA;

    iii) Resiliencia ante las crisis migratorias y de los refugiados, promoviendo el bienestar de estos, los desplazados internos y las comunidades de acogida mediante el fortalecimiento de la confianza y la generación de activos, y

    iv) Reconstrucción y recuperación a través de un enfoque dinámico que atraiga a asociados externos, movilice financiamiento a gran escala y vaya más allá de la respuesta humanitaria hasta alcanzar un desarrollo a más largo plazo en el momento y en los lugares donde disminuyan los conflictos.

    Al implementar esta estrategia, el Grupo Banco Mundial profundizará y ampliará las asociaciones con actores nacionales, regionales y mundiales, en especial las Naciones Unidas (ONU) y el Banco Islámico de Desarrollo (BISD). Con respecto al financiamiento, el Grupo Banco Mundial seguirá aumentando sus inversiones en la región, pero además de sus propios fondos, trabaja con la ONU y el BISD para conseguir y movilizar recursos mundiales a través de una nueva iniciativa de financiamiento en Oriente Medio y Norte de África que busca satisfacer las extraordinarias necesidades de la región en esta materia. Finalmente, la labor del Banco en el ámbito de los conocimientos (que incluye el cada vez mayor programa de servicios de asesorías reembolsables) será de suma importancia para sustentar y movilizar el apoyo para la estrategia y respaldar el financiamiento que entrega la institución.

    NUEVOS ESTUDIOS ANALÍTICOS Y FINANCIAMIENTO

    El financiamiento del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF) y de la Asociación Internacional de Fomento (AIF) para la región aumentó de USD 2800 millones en el ejercicio de 2014 a USD 3500 millones en el ejercicio de 2015, y llegará a USD 5200 millones en el ejercicio de 2016. El incremento del financiamiento en el ejercicio de 2016 refleja un mayor nivel de préstamos para políticas de desarrollo en Egipto e Iraq y una operación de emergencia para Iraq que apoya la reconstrucción de la infraestructura destruida por el conflicto y la rehabilitación de servicios públicos en zonas bajo control gubernamental. Se prevé que el financiamiento durante el primer trimestre del ejercicio de 2017 (julio a septiembre) se aproximará a USD 1000 millones, lo que incluye el Proyecto de respuesta de emergencia a la crisis en Yemen y operaciones en Líbano y Jordania, que utilizan asignaciones excepcionales de la AIF como parte de la respuesta del Banco Mundial a la crisis de los refugiados de Siria.

    Recientemente, se han publicado varios estudios analíticos que abordan temas centrales de las transiciones políticas en la región. El documento titulado en inglés Jobs or Privileges: Unleashing the Employment Potential of the Middle East and North Africa (i) señala que las políticas que disminuyen la competencia en MENA también restringen el desarrollo del sector privado y la creación de empleos. Por su parte, el documento titulado en inglés Trust, Voice, and Incentives: Learning from Local Success Stories in Service Delivery in the Middle East and North Africa (i) ilustra cómo la precariedad de las relaciones de la rendición de cuentas externa e interna que prevalecen en las esferas políticas y administrativas de la región socavan tanto el desempeño como los incentivos para implementar políticas, y cómo un ciclo de desempeño deficiente puede ser contrarrestado. El informe conjunto del Banco Mundial y ACNUR titulado El bienestar de los refugiados sirios: Datos de Jordania y Líbano analiza la situación de pobreza y vulnerabilidad que afecta a los refugiados sirios que viven en Jordania y Líbano, evalúa el desempeño de las políticas actuales relacionadas con dicho grupo y define posibles medidas alternativas. En 2016, se publicaron tres informes regionales en el contexto de los boletines trimestrales de información económica de MENA. Estos son: The Economic Effects of War and Peace (i) en que se analizan los efectos económicos de la guerra y la paz en Iraq y Siria, así como en sus vecinos inmediatos; Syria: Reconstruction for Peace (i) en que se evalúan los costos involucrados en la reconstrucción de la paz en Siria, y Whither Oil Prices? (i) en que se examinan los mercados del petróleo en los próximos años.

  • El Banco Mundial sigue participando en una amplia variedad de esfuerzos en materia de desarrollo, pero también se está concentrando en aliviar algunos de los desafíos generados por la crisis que afecta a gran parte de la región. En Jordania, el Banco apoya la prestación de servicios para las comunidades que reciben hasta el 40 % de los refugiados sirios. En Líbano, 243 000 personas afectadas por el conflicto sirio se vieron beneficiadas con las inversiones del Proyecto de Emergencia de los Servicios Municipales durante los primeros 18 meses de implementación. En Yemen, con el nuevo mecanismo de ejecución donde participa la Organización Mundial de la Salud (OMS) y organismos de la ONU, utilizado durante el conflicto en marcha, se retomaron y finalizaron con éxito las campañas planificadas de distribución de medicamentos para niños en edad escolar en el marco del Proyecto de Control de la Esquistosomiasis. El préstamo de USD 200 millones para obras de emergencia intensivas en mano de obra en Egipto, aprobado en 2012, permitió mejorar más de 8500 salas de clases, 250 centros juveniles y más de 170 kilómetros de caminos rurales, además de realizar tareas de limpieza de más de 3000 kilómetros de canales. En Marruecos, el Banco Mundial ayudó a rehabilitar 13 500 kilómetros de caminos rurales con lo que se aumentó el acceso a las regiones rurales más rezagadas del país, del 54 % en 2005 al 79 % en 2015. En la Ribera Occidental y Gaza, 1,7 millones de personas —que representan el 40 % de la población— tienen acceso a fuentes de agua mejoradas desde 2013. Por su parte, el Proyecto de Electricidad Urbana en Balballa (Djibouti) permitió la instalación de alumbrado en las calles, transformadores y 4000 líneas eléctricas residenciales para 27 000 habitantes.

  • El Grupo Banco Mundial intensificó su colaboración con donantes bilaterales y multilaterales, bancos de desarrollo regionales, instituciones financieras que se rigen por los principios del islam y donantes de países emergentes. El establecimiento de alianzas menos tradicionales también es fundamental: una de las enseñanzas extraídas del nuevo proceso de despertar político en la región es la necesidad urgente de llegar a la población de una manera más coherente y consultar a amplios sectores sociales, entre ellos la sociedad civil, los círculos académicos, las organizaciones no gubernamentales y el sector privado.

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