Pobreza: Panorama general

La misión del Grupo Banco Mundial (GBM) está tallada en piedra en la sede central de la ciudad de Washington y señala: “Nuestro sueño es un mundo sin pobreza”. Este cometido orienta todo el trabajo analítico y operacional y el poder de convocatoria del GBM en más de 145 países clientes y se ve fortalecido por sus objetivos de poner fin a la pobreza extrema en el curso de una generación y fomentar la prosperidad compartida de manera sostenible en todo el mundo.

Los avances en cuanto a la reducción de la pobreza han sido notables en las últimas décadas. El mundo logró la meta del primer objetivo de desarrollo del milenio (ODM) de disminuir a la mitad para 2015 la tasa de pobreza registrada en 1990, y lo consiguió en 2010, cinco años antes de la fecha prevista. Pero pese a este logro, la cantidad de personas que vive en condiciones de pobreza extrema en el mundo sigue siendo inaceptablemente elevada.

  • De acuerdo con las estimaciones más recientes, el 17 % de la población del mundo en desarrollo vivía con menos de US$1,25 al día en 2011, cifra inferior al 43 % de 1990 y al 52 % de 1981.
  • Esto significa que, en 2011, un poco más de 1000 millones de personas subsistían con menos de US$1,25 diarios, en comparación con 1910 millones en 1990 y 1930 millones en 1981.
  • El progreso ha sido más lento en las líneas de pobreza más altas. En total, 2200 millones de personas sobrevivían con menos de US$2 al día en 2011, la línea de pobreza promedio de los países en desarrollo y un indicador común de graves privaciones. Se trata de una reducción marginal con respecto a los 2590 millones que había en 1981.

Si bien las tasas de pobreza han disminuido en todas las regiones, los avances no han sido uniformes:

  • Asia oriental experimentó la reducción más marcada en materia de pobreza extrema, bajando de 78 % en 1981 a 8 % en 2011. En la actualidad, en Asia meridional se registra el porcentaje de población que vive en condiciones de pobreza extrema más bajo desde 1981, dado que este cayó de 61 % en ese año a 25 % en 2011. En el mismo periodo, la tasa de pobreza extrema disminuyó de 53 % a 47 % en África al sur del Sahara.
  • China por sí sola registra la mayor caída en los niveles de pobreza extrema en los últimos 30 años, ya que 753 millones de personas salieron de esta condición entre 1981 y 2011. En el mismo lapso, el mundo en desarrollo en conjunto experimentó una reducción de 942 millones de personas.
  • En 2011, un poco más del 80 % de las personas que vivía en pobreza extrema estaba en Asia meridional (399 millones) y África al sur del Sahara (415 millones). Además, 161 millones se encontraban en Asia oriental y el Pacífico.
  • Menos de 50 millones de las personas extremadamente pobres residían en América Latina y el Caribe, Oriente Medio y Norte de África, y Europa oriental y Asia central.

Sin embargo, queda aún mucho por hacer y siguen existiendo varios desafíos. Es cada vez más difícil llegar a quienes todavía viven en pobreza extrema, ya que muchas veces se encuentran en contextos frágiles y zonas remotas. El acceso a buena educación, atención de salud, electricidad, agua segura y otros servicios fundamentales sigue estando fuera del alcance de muchas personas, con frecuencia por razones socioeconómicas, geográficas, étnicas y de género. Es más, el progreso suele ser temporal para quienes han logrado salir de la pobreza: las crisis económicas, la inseguridad alimentaria y el cambio climático amenazan con quitarles aquello que han alcanzado con tanto esfuerzo y corren el riesgo de caer nuevamente en la pobreza. Será fundamental encontrar formas de enfrentar estos problemas en la medida en que se avanza hacia 2030.

El primer objetivo del Grupo Banco Mundial de acabar con la pobreza extrema en el curso de una generación incluye la meta específica de reducir la tasa mundial de pobreza extrema a no más de 3 % en 2030, puesto que es probable que persista una pequeña cantidad de pobreza por fricciones. Aunque es un reto difícil, es posible lograrlo si se cambia la manera de hacer las cosas. Será importante promover un crecimiento que sea sostenible e inclusivo, crear más y mejores empleos y desarrollar programas eficaces de redes de protección social para asegurar que los más vulnerables puedan enfrentar las crisis. Y si bien el crecimiento es crucial, la calidad de ese crecimiento también es importante.

El segundo objetivo de promover la prosperidad compartida se mide por el aumento de los ingresos del 40 % más pobre de la población en cada país. En términos generales, esto se traduce en centrar la atención en el bienestar de los más desposeídos de cada nación. Esta meta forma parte del objetivo en materia de pobreza e incluye un énfasis decidido en el tratamiento de las desigualdades persistentes que mantienen a las personas en la pobreza generación tras generación.

No existe solución mágica para poner fin a la pobreza. Los programas para llegar a los más desfavorecidos deben diseñarse a la medida del contexto de cada país, teniendo en cuenta los datos y los análisis más recientes, y las necesidades de las personas. Para tener éxito en esta tarea, los países necesitan:

· Crecer de manera inclusiva y con uso intensivo de mano de obra.

· Invertir en el capital humano de las personas, especialmente de aquellos que no pueden beneficiarse de los servicios básicos debido a circunstancias que escapan de su control.

· Proteger a los pobres y vulnerables ante las crisis –generadas por problemas como fenómenos meteorológicos extremos, pandemias, variabilidad de los precios de los alimentos y crisis económicas– que los pueden sumir aún más en la pobreza.

El Grupo Banco Mundial trabaja de varias formas para terminar con la pobreza, desde el financiamiento de proyectos que pueden tener impactos transformadores en las comunidades y la recopilación y el análisis de los datos y las pruebas fundamentales requeridos para focalizar estos programas en los más pobres y vulnerables hasta ayudar a los Gobiernos a formular políticas más inclusivas y eficaces que puedan beneficiar a poblaciones completas y sentar las bases para la prosperidad de las futuras generaciones. Algunos ejemplos son:

En materia de crecimiento

  • Un proyecto de caminos rurales a gran escala en India[MIS1]  ayuda a conectar a las familias de las zonas rurales con los mercados urbanos, mejores escuelas y agua más limpia.
  • Un informe analítico multidisciplinario (i) permitió fijar un nuevo estándar para medir la pobreza en Haití y ayuda al Gobierno a focalizar mejor los programas y las políticas.
  • Los análisis del impacto social y sobre la pobreza —por ejemplo, acerca de los obstáculos al comercio en África– (i) ayudan a los Gobiernos asociados y a otras partes interesadas a entender las posibles repercusiones de las políticas y programas propuestos en los pobres y en la desigualdad de ingresos y oportunidades.

En materia de inversión

  • Un curso de formación de competencias para niñas adolescentes en Rwanda (i) les enseña aptitudes técnicas y para la vida, que son  indispensables para tener éxito en el mundo del trabajo y en sus comunidades.
  • Datos y análisis sobre la desigualdad de oportunidades entre los niños (i) del mundo ayudan a los países clientes a incorporar los resultados de las investigaciones en sus análisis fiscales y en la formulación de sus programas sociales.
  • Mapas detallados de algunos países, como Afganistán, (i) Bangladesh, (i) y Viet Nam, (i) y de los Territorios Palestinos (i) muestran la diversidad económica y las brechas en los servicios que existen en dichos lugares. Esto, que es parte del proceso de evaluación de la pobreza, ayuda a los encargados de formular políticas y a sus asociados a focalizar mejor las políticas y los programas para llegar y beneficiar a los pobres.

En materia de protección

  • Un proyecto de electrificación rural en Bangladesh (i) a través de sistemas de energía solar ayuda, simultáneamente, a mantener a millones de hogares iluminados, enfrentar el cambio climático y prestar servicios básicos.
  • Iniciativas de recolección de datos de alta frecuencia, como en Liberia (i) y Sierra Leona (i) durante la crisis del ébola, con el fin de complementar las encuestas tradicionales de hogares y ayudar a identificar necesidades públicas urgentes.
  • Un programa de reforma de las finanzas públicas en República Dominicana, incluidas transferencias en efectivo condicionadas, (i) para mejorar la protección social de los pobres.

 

Contacto:

Maura K. Leary

(202) 473-1342

mleary@worldbank.org

 







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