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ARTÍCULO

Producir más alimentos no es la única respuesta al problema del hambre

Octubre 12, 2016


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TITULARES
  • El Banco Mundial trabaja para dar forma a un sistema alimentario que proporcione alimentos y una dieta segura y nutritiva todos los días a todos los habitantes del planeta, y que ello se realice de una manera sostenible.
  • La agricultura produce el 25 % de las emisiones de gases de efecto invernadero, por lo cual constituye un elemento importante en el problema del cambio climático. Las prácticas agrícolas climáticamente inteligentes podrían ser parte de la solución.
  • La malnutrición, un tipo de hambre que no es obvia, impide que millones de personas alcancen su pleno potencial.

Con ocasión del Día Mundial de la Alimentación, el 16 de octubre, conversamos con Juergen Voegele, director superior del Departamento de Prácticas Mundiales de Agricultura del Grupo Banco Mundial, acerca de la labor que realiza el  Banco Mundial para combatir el hambre.

Existe un “día internacional” prácticamente para todos los temas. ¿Por qué es importante el “Día Mundial de la Alimentación”, una jornada de la comunidad mundial contra el hambre?

Todos comemos. De modo que las personas entienden el papel fundamental que juega la alimentación en la salud y el bienestar. La comunidad mundial lo reconoce también, y es por ello que poner fin a la pobreza y el hambre y lograr seguridad alimentaria son los dos primeros Objetivos de Desarrollo Sostenible. Es moralmente inaceptable que 800 millones de personas pasen hambre a diario. Y los problemas que afectan al sistema alimentario mundial se intensificarán. Se prevé que la demanda de alimentos aumente como mínimo un 20 % durante los próximos 15 años. La producción, en estos momentos, solo crece entre el 1 % y el 1,5 %, apenas un poco más que el crecimiento de la población. Estamos avanzando lo más rápido posible, pero estamos en peligro de quedar rezagados.

La comunidad internacional ha celebrado el Día Mundial de la Alimentación desde 1979. ¿Qué ha cambiado desde entonces?

Existe mayor conciencia de que el problema no se termina con solo producir más alimentos para una población en crecimiento. Dado el cambio climático y la disminución de los recursos naturales, la sostenibilidad del sistema alimentario es importante. Es por esto que el Banco Mundial promueve las prácticas agrícolas climáticamente inteligentes, que procuran conseguir tres beneficios: una mayor productividad, una mayor resiliencia y un menor impacto ambiental.

¿Cuál es el vínculo entre la agricultura y el cambio climático?

La agricultura es una víctima del cambio climático, pero también una parte importante del problema. La agricultura y los nuevos usos del suelo causan hasta el 25 % de las emisiones de gases de efecto invernadero. Si no modificamos la manera en que producimos nuestros alimentos, este porcentaje podría llegar hasta el 70 % para 2050, haciendo imposible el logro de las metas de la 21.a Conferencia de las Partes (CP‑21) de mantener el aumento de la temperatura por debajo de 2 centígrados.

Si las temperaturas suben más de 2 centígrados, los efectos del cambio climático podrían traducirse en una reducción de las cosechas de hasta un 20 %. Las regiones más pobres, que es donde vive la mayor cantidad de personas pobres y que sufren hambre, serán las más vulnerables. La agricultura puede y debe convertirse en parte de la solución a los problemas climáticos. Debemos aplicar bien las prácticas agrícolas climáticamente inteligentes.

En el último año, hemos visto los impactos devastadores del fenómeno El Niño, especialmente en África meridional donde hasta 40 millones de personas podrían no tener suficientes alimentos el próximo año. El Banco Mundial está ayudando a los países a responder a esta situación. Por ejemplo, presta asistencia a Malawi para que el país mejore la seguridad alimentaria en las comunidades afectadas por la sequía, y además analiza maneras de gestionar los riesgos climáticos a nivel regional.

Un tercio de los alimentos que se produce en el mundo termina en la basura y en los vertederos. ¿Cómo afecta eso en la ecuación?

El desperdicio de alimentos no es solo un problema moral y ético, sino que también un problema ambiental. Si el desperdicio de alimentos fuese un país, este ocuparía el tercer lugar entre los principales emisores de gases de efecto invernadero como producto de la descomposición de los alimentos. Existen movimientos que instan a los consumidores a cambiar sus comportamientos: por ejemplo, que compren alimentos “feos” [demasiado grandes, demasiado pequeños, con formas raras, etc.]. También se registran mejoras a lo largo de la cadena de valor, especialmente en las etapas posteriores a las cosechas, para reducir las pérdidas y prolongar la vida útil de los alimentos. Por ejemplo, se perfeccionan los sistemas de almacenamiento. En Bangladesh, el Banco Mundial financió la construcción de depósitos de acero (i) donde se pueden guardar los cereales hasta por un periodo de tres años.

¿Las prácticas agrícolas climáticamente inteligentes y la reducción del desperdicio de alimentos son soluciones para combatir el hambre?

Sí, pero se necesitan otras medidas. Si bien existe el hambre, hay también un tipo de hambre que no es obvia —o la malnutrición—, y esta ocurre cuando los alimentos no satisfacen los requisitos nutricionales de las personas. En el mundo, hay 156 millones de niños menores de 5 años de edad que presentan retraso en el crecimiento debido a que no han recibido suficientes micronutrientes. Ellos no pueden crecer de manera normal y alcanzar su pleno potencial, lo que constituye un grave problema de desarrollo. La obesidad también se asocia con la malnutrición, y es cada vez más una epidemia en todo el mundo.

¿La obesidad no es un “problema del primer mundo”?

De los 2100 millones de personas que tienen sobrepeso o son obesas, el 62 % de ellas vive en países en desarrollo. El costo económico de la obesidad es de USD 2 billones. Por lo tanto, la agricultura, además de ser climáticamente inteligente, debe también tener en cuenta la nutrición.

¿Cómo ayuda el Banco Mundial a acabar con el hambre?

El Banco Mundial trabaja con los países para dar forma a un sistema alimentario que proporcione alimentos y una dieta segura y nutritiva todos los días a todos los habitantes del planeta, y que ello se realice de una manera sostenible. En Níger, recientemente se puso en marcha el primer proyecto en África diseñado para implementar prácticas agrícolas climáticamente inteligentes. (i) El proyecto ampliará el uso de semillas resistentes a la sequía y la aplicación de técnicas de agricultura de conservación. Su éxito allanará el camino para una nueva generación de proyectos agrícolas climáticamente inteligentes en África, que se prevé que sufra las peores consecuencias del cambio climático.

Estamos también ampliando las prácticas agrícolas climáticamente inteligentes en el resto del mundo. El 100 % de los proyectos agrícolas del Banco Mundial son sometidos a un análisis previo para evaluar el riesgo climático. Además, con el fin de que sean inocuos para el clima, se está abordando el tema de la posible emisión de gases de efecto invernadero durante la implementación de los proyectos.

¿Podemos acabar con el hambre y crear un sistema alimentario que proporcione alimentos a todos a más tardar en 2030?

¡Sí podemos! Si asumimos con seriedad los objetivos de poner fin a la pobreza e impulsar la prosperidad, entonces tenemos que crear un sistema alimentario y nutritivo sostenible que proporcione alimentos a todas las personas. El crecimiento generado por la agricultura es entre dos a cuatro veces más efectivo para aumentar los ingresos de los más pobres que el crecimiento en otros sectores.

Suelo decir que la agricultura no se trata solo de la seguridad alimentaria y de la seguridad nutricional, sino que también tiene relación con la paz y la seguridad. La inseguridad alimentaria es uno de los principales factores impulsores de conflictos y del desplazamiento de refugiados, y esto es lo que por ejemplo está sucediendo en Sudán del Sur. Un sistema alimentario sostenible es un elemento central en cualquier ecuación del desarrollo, y también constituye una fuente de estabilidad y de oportunidades para las generaciones futuras.


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