Empleos y desarrollo

El mundo en desarrollo enfrenta una crisis general en materia de empleo, la que podría obstaculizar los esfuerzos para poner fin a la pobreza extrema e impulsar la prosperidad compartida.

Para los pobres y vulnerables, quienes suelen no tener tierras y cuentan con poco capital, el empleo es la manera más segura de mejorar su nivel de vida y la vía principal para salir de la pobreza. Las pruebas muestran que muchas familias salen de la situación de pobreza porque algunos de sus miembros consiguieron un empleo o tuvieron la posibilidad de aumentar sus ingresos. Por el contrario, la pérdida de un trabajo o una reducción salarial pueden hacer que los hogares caigan en la pobreza. Mejorar las oportunidades laborales es fundamental para la agenda de desarrollo.

El empleo, aun cuando sea informal, puede representar una verdadera transformación en tres dimensiones:

1)    Nivel de vida. La pobreza disminuye a medida que las personas se esfuerzan por salir de las dificultades, sobre todo en países donde hay un menor margen para la redistribución.

2)    Productividad. La eficiencia aumenta a medida que los trabajadores mejoran su desempeño, surgen empleos más productivos y desaparecen los menos productivos.

3)    Cohesión social. Las sociedades prosperan cuando el trabajo reúne a personas de diferentes orígenes étnicos y sociales y crea sentido de oportunidad y pertenencia. 

Sin embargo, no todos los trabajos generan transformaciones en el mismo grado. Algunos empleos son mejores para terminar con la pobreza o para aumentar los ingresos del 40 % más pobre de la población. Y algunos ofrecen beneficios más amplios que otros. Por ejemplo, cuando la mujer trabaja la forma de gastar el dinero en un hogar cambia y se destina a la educación y la salud de los hijos; el empleo urbano  promueve la mayor especialización y el intercambio de ideas, haciendo que otros trabajos se vuelvan más productivos, y en situaciones de crisis, los puestos de trabajo para los varones jóvenes representan alternativas a la violencia y ayudan a restaurar la paz.

Sin embargo, en la actualidad, más de 1000 millones de personas en edad de trabajar, la mayoría de ellas mujeres, no son parte de la fuerza laboral. Entre los que sí lo son, unos 200 millones están desempleados, incluidos 75 millones de jóvenes (menores de 25 años). En los próximos 10 años será necesario crear otros 600 millones de puestos de trabajo en todo el mundo para mantener estables las tasas de empleo y seguir el ritmo del crecimiento demográfico. 

Pero el solo hecho de tener un empleo no es suficiente; la mitad de la población mundial, dos tercios de los cuales son pobres, trabaja en labores agrícolas o en forma independiente, principalmente en actividades de baja productividad como explotaciones agrícolas pequeñas, venta de verduras en la calle, fabricación de ropa o en varios servicios urbanos con bajos ingresos y poca seguridad. Lo que marca la diferencia en el sostenimiento de la salida de  la pobreza es el aumento de los ingresos derivados del trabajo; es decir, tener un empleo más productivo. 

Por lo tanto, el mundo en desarrollo enfrenta desafíos en materia laboral en dos niveles:

1.    Crear cerca de 40 millones de puestos de trabajo anuales a fin de aumentar las tasas de empleo y absorber el creciente número de jóvenes que ingresan a la fuerza laboral, en particular en África al sur del Sahara y Asia meridional.

2.    Aumentar la productividad de los empleos en todas las actividades. Esto requiere centrarse en los empleos agrícolas e informales —que son la principal fuente de ingresos de los pobres— y en los países de ingreso bajo, donde vive la mayoría de la población. Una mayor productividad del sector formal puede influir considerablemente en el crecimiento y ampliar las oportunidades para que más personas tengan mayor seguridad en el empleo y mejores remuneraciones.

Última actualización: Oct 01, 2014

El mundo en desarrollo enfrenta una crisis general en materia de empleo, la que podría obstaculizar los esfuerzos para poner fin a la pobreza extrema e impulsar la prosperidad compartida.

Para los pobres y vulnerables, quienes suelen no tener tierras y cuentan con poco capital, el empleo es la manera más segura de mejorar su nivel de vida y la vía principal para salir de la pobreza. Las pruebas muestran que muchas familias salen de la situación de pobreza porque algunos de sus miembros consiguieron un empleo o tuvieron la posibilidad de aumentar sus ingresos. Por el contrario, la pérdida de un trabajo o una reducción salarial pueden hacer que los hogares caigan en la pobreza. Mejorar las oportunidades laborales es fundamental para la agenda de desarrollo.

El empleo, aun cuando sea informal, puede representar una verdadera transformación en tres dimensiones:

1)    Nivel de vida. La pobreza disminuye a medida que las personas se esfuerzan por salir de las dificultades, sobre todo en países donde hay un menor margen para la redistribución.

2)    Productividad. La eficiencia aumenta a medida que los trabajadores mejoran su desempeño, surgen empleos más productivos y desaparecen los menos productivos.

3)    Cohesión social. Las sociedades prosperan cuando el trabajo reúne a personas de diferentes orígenes étnicos y sociales y crea sentido de oportunidad y pertenencia. 

Sin embargo, no todos los trabajos generan transformaciones en el mismo grado. Algunos empleos son mejores para terminar con la pobreza o para aumentar los ingresos del 40 % más pobre de la población. Y algunos ofrecen beneficios más amplios que otros. Por ejemplo, cuando la mujer trabaja la forma de gastar el dinero en un hogar cambia y se destina a la educación y la salud de los hijos; el empleo urbano  promueve la mayor especialización y el intercambio de ideas, haciendo que otros trabajos se vuelvan más productivos, y en situaciones de crisis, los puestos de trabajo para los varones jóvenes representan alternativas a la violencia y ayudan a restaurar la paz.

Sin embargo, en la actualidad, más de 1000 millones de personas en edad de trabajar, la mayoría de ellas mujeres, no son parte de la fuerza laboral. Entre los que sí lo son, unos 200 millones están desempleados, incluidos 75 millones de jóvenes (menores de 25 años). En los próximos 10 años será necesario crear otros 600 millones de puestos de trabajo en todo el mundo para mantener estables las tasas de empleo y seguir el ritmo del crecimiento demográfico. 

Pero el solo hecho de tener un empleo no es suficiente; la mitad de la población mundial, dos tercios de los cuales son pobres, trabaja en labores agrícolas o en forma independiente, principalmente en actividades de baja productividad como explotaciones agrícolas pequeñas, venta de verduras en la calle, fabricación de ropa o en varios servicios urbanos con bajos ingresos y poca seguridad. Lo que marca la diferencia en el sostenimiento de la salida de  la pobreza es el aumento de los ingresos derivados del trabajo; es decir, tener un empleo más productivo. 

Por lo tanto, el mundo en desarrollo enfrenta desafíos en materia laboral en dos niveles:

1.    Crear cerca de 40 millones de puestos de trabajo anuales a fin de aumentar las tasas de empleo y absorber el creciente número de jóvenes que ingresan a la fuerza laboral, en particular en África al sur del Sahara y Asia meridional.

2.    Aumentar la productividad de los empleos en todas las actividades. Esto requiere centrarse en los empleos agrícolas e informales —que son la principal fuente de ingresos de los pobres— y en los países de ingreso bajo, donde vive la mayoría de la población. Una mayor productividad del sector formal puede influir considerablemente en el crecimiento y ampliar las oportunidades para que más personas tengan mayor seguridad en el empleo y mejores remuneraciones.

Última actualización: Oct 01, 2014

Es muy importante aprender acerca de las intervenciones vigentes que son eficaces, así como de los enfoques innovadores que se promueven, y difundir los resultados. El Grupo Banco Mundial se centra en el diseño de un marco sólido para generar, medir y evaluar los resultados de las intervenciones y estrategias de empleo integradas que abarcan varios sectores. 

Teniendo en cuenta que, en la actualidad, existen deficiencias en las evaluaciones y las pruebas sobre qué funciona y cómo en materia de empleo, las prioridades son: i) reunir las actuales pruebas y el conocimiento para extraer enseñanzas; ii) identificar las carencias clave de pruebas con respecto al diseño de políticas y la gestión de programas para lograr mejores resultados laborales, y iii) elaborar una estrategia de evaluación que identifique la mejor manera en que el GBM y sus asociados en el desarrollo pueden apoyar impactos positivos en el sector. 

La medición y el seguimiento de los resultados estarán respaldados por una buena estrategia de gestión del conocimiento para intercambiar y difundir las ideas sobre lo que funciona en la agenda laboral, incluso entregando información útil a los clientes y contribuyendo a la ciencia de la entrega de soluciones para enfrentar la crisis del empleo.

Última actualización: Oct 01, 2014

destacado

Informe sobre el desarrollo mundial 2013

El empleo es el centro de la atención en todo el mundo, en países desarrollados y en desarrollo. En todo el mundo 200 millones de personas, entre las cuales hay un número desproporcionado de jóvenes, están desempleadas y buscan trabajo activamente.