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Garantizar que todas las niñas y mujeres jóvenes reciban una educación de calidad es su derecho humano, una prioridad del desarrollo mundial y una prioridad estratégica del Banco Mundial.

La igualdad de género es fundamental para alcanzar los dos objetivos del Grupo Banco Mundial de poner fin a la pobreza extrema e impulsar la prosperidad compartida. Como principal entidad de financiamiento de la educación en el mundo en desarrollo, el Banco Mundial procura que todos sus proyectos educativos tengan en cuenta las cuestiones de género y trabaja para superar las barreras que impiden a las niñas y los niños beneficiarse por igual de las inversiones de los países en educación.

La educación de las niñas no se limita solo a lograr que estas asistan a la escuela. También se trata de garantizar que aprendan y se sientan seguras mientras están en la escuela; tengan la posibilidad de completar todos los niveles de educación consiguiendo las habilidades necesarias para competir en el mercado laboral; adquieran las habilidades socioemocionales y de preparación para la vida activa para desenvolverse y adaptarse a un mundo en constante cambio; tomen decisiones sobre su propia vida, y contribuyan a sus comunidades y al mundo en general.

Tanto las personas como los países se benefician de la educación de las niñas. Las mujeres mejor educadas tienden a estar más informadas sobre temas relacionados con la nutrición y la atención médica, tienen menos hijos, se casan a una edad más avanzada y, si deciden ser madres, sus hijos suelen ser más sanos. Es más probable que participen en el mercado laboral formal y obtengan ingresos más altos. De acuerdo con un estudio reciente del Banco Mundial, "las escasas oportunidades educativas de las niñas y los obstáculos que les impiden completar 12 años de educación ocasionan a los países pérdidas de productividad e ingresos a lo largo de toda la vida que oscilan entre los USD 15 billones y los USD 30 billones". La combinación de todos estos factores puede ayudar a sacar de la pobreza a familias, comunidades y naciones enteras.

El desafío

Según estimaciones de la UNESCO (i), 129 millones de niñas no van a la escuela en todo el mundo: 32 millones en edad de ir a la escuela primaria y 97 millones en edad de asistir a la escuela secundaria.

A nivel mundial, las tasas de matriculación en la escuela primaria y secundaria se están acercando a la paridad entre niñas y niños (90 % de los varones, 89 % de las mujeres). Pero si bien las tasas de matriculación son similares (de hecho, dos tercios de todos los países han alcanzado la paridad de género en la matriculación en la escuela primaria [i]), las tasas de finalización de las niñas son más bajas en los países de ingreso bajo, donde el 63 % de las alumnas en la escuela primaria completan ese nivel, en comparación con el 67 % de los estudiantes varones en la escuela primaria. En los países de ingreso bajo, en los casos de las niñas, las tasas de finalización de la escuela secundaria también continúan rezagadas, y solo el 36 % de ellas completan el primer ciclo de la escuela secundaria en comparación con el 44 % de los varones. Las tasas de finalización del segundo ciclo de la escuela secundaria presentan disparidades similares en los países de ingreso bajo: la tasa es del 26 % para los varones jóvenes y del 21 % para las mujeres jóvenes.

Las brechas son más pronunciadas en los países afectados por fragilidad, conflicto y violencia (FCV). En dichos países, las niñas tienen 2,5 veces (i) más probabilidades de no asistir a la escuela que los niños y, en el nivel secundario, tienen un 90 % más de probabilidades de no ir a la escuela secundaria que aquellas que se encuentran en contextos no afectados por FCV.

Tanto las niñas como los niños enfrentan una crisis de aprendizaje. La pobreza de aprendizajes mide la proporción de niños que no saben leer con soltura a los 10 años. Si bien las niñas tienen en promedio 4 puntos porcentuales menos de pobreza de aprendizajes que los niños, las tasas siguen siendo muy altas para ambos grupos. El promedio de pobreza de aprendizajes en los países de ingreso bajo y mediano es del 55 % para las mujeres y del 59 % para los varones. La diferencia es menor en los países de ingreso bajo, donde la pobreza de aprendizajes alcanza un promedio de alrededor del 93 % tanto para los niños como para las niñas.

En muchos países, la matriculación en la educación terciaria favorece ligeramente a las mujeres jóvenes, sin embargo, los mejores resultados de aprendizaje no se traducen en mejores resultados laborales y de vida para ellas. A nivel mundial, existe una gran brecha de género en las tasas de participación en la fuerza laboral. Es especialmente marcada en regiones como Asia meridional y Oriente Medio y Norte de África, que tienen algunas de las tasas más bajas de participación femenina en la fuerza laboral (i) con el 24 % y el 20 %, respectivamente. Son tasas lamentablemente bajas, si se considera lo que se observa en otras regiones como América Latina (53 %) o Asia oriental (59 %), que aún están por debajo de las tasas de los hombres.

Los prejuicios de género en las escuelas y las aulas también pueden reforzar los mensajes que afectan las ambiciones de las niñas, sus propias percepciones de su papel en la sociedad y producir disparidades en la participación en el mercado laboral y segregación ocupacional. Cuando los estereotipos de género se comunican a través del diseño de entornos de aprendizaje en la escuela y el aula o a través del comportamiento del cuerpo docente, el personal y los compañeros en la escuela, continúan teniendo un impacto sostenido en el desempeño académico y la elección del campo de estudio, afectando especialmente de manera negativa a las mujeres jóvenes que cursan carreras de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (CTIM).

La pobreza es uno de los factores más importantes para determinar si una niña puede acceder a la educación y completarla. Investigaciones reafirman sistemáticamente que las niñas que enfrentan múltiples desventajas, como ingresos familiares bajos, residencia en lugares remotos o subatendidos, discapacidades o pertenencia a grupos étnicos y lingüísticos minoritarios, son las más rezagados en cuanto al acceso a la educación y la finalización de los estudios.

La violencia también impide a las niñas acceder a la educación y a completarla; a menudo, ellas se ven obligadas a caminar grandes distancias hasta la escuela, quedando expuestas a un mayor riesgo de violencia. Además, muchas sufren violencia mientras están en la escuela. Estimaciones recientes (PDF, en inglés) indican que aproximadamente 60 millones de niñas son agredidas sexualmente cada año mientras caminan a la escuela o cuando se encuentran al interior de los centros educativos. Esto tiene graves consecuencias para su salud mental y física y su bienestar general, provocando al mismo tiempo una menor asistencia a la escuela y mayores tasas de deserción escolar. Se calcula que 246 millones de niños sufren violencia en la escuela y sus alrededores cada año, por lo que es fundamental poner fin a la violencia de género relacionada con la escuela. Los embarazos de adolescentes pueden ser el resultado de la violencia o la explotación sexual. Las niñas que quedan embarazadas a menudo enfrentan un fuerte estigma e incluso discriminación por parte de sus comunidades. La carga del estigma, agravada por la desigualdad de las normas de género, puede hacer que las niñas abandonen la escuela antes de tiempo y no regresen.

El matrimonio infantil también es un desafío crítico. Las niñas que se casan tienen muchas más probabilidades de abandonar la escuela y completar menos años de escolaridad que sus compañeras que se casan posteriormente. También tienen más posibilidades de tener hijos a una edad temprana y están expuestas a niveles más altos de violencia perpetrada por su pareja. Esto incide, a su vez, en la educación y la salud de sus hijos, así como en su capacidad para generar ingresos. De hecho, las niñas con educación secundaria tienen hasta seis veces más probabilidades de casarse que las niñas con poca o ninguna educación. Según un informe reciente (i), más de 41 000 niñas menores de 18 años se casan todos los días. Poner fin a esta práctica aumentaría el nivel educativo esperado de las mujeres y, con ello, sus potenciales ingresos. De acuerdo con las estimaciones del informe, poner fin al matrimonio infantil podría generar más de USD 500 000 millones en beneficios cada año.

La COVID-19 tiene un impacto negativo en la salud y el bienestar de las niñas, y muchas corren el riesgo de no regresar a la escuela una vez que se reinicien las clases. En un estudio (i) se indica que la prevalencia de la violencia contra las niñas y las mujeres ha aumentado durante la pandemia, poniendo en peligro su salud, seguridad y bienestar general. Cuando se dictaminaron cierres de escuelas y cuarentenas durante el brote de ébola en 2014‐16 en África occidental, las mujeres y las niñas experimentaron un mayor nivel de violencia sexual, coacción y explotación. Los cierres de escuelas durante el brote de ébola estuvieron asociados con un aumento de los embarazos (i) de adolescentes. Una vez que las escuelas se reabrieron, a muchas “niñas visiblemente embarazadas” se les prohibió regresar a clases. Con el cierre de las escuelas en todo el mundo en desarrollo, donde prevalece el estigma en torno a los embarazos de adolescentes, probablemente se observará un aumento en las tasas de deserción a medida que las adolescentes queden embarazadas o contraigan matrimonio. Dado que las niñas se quedan en casa debido al cierre de las escuelas, la carga del trabajo doméstico puede aumentar, y las niñas deben dedicar más tiempo a ayudar en las labores domésticas en lugar de estudiar. Esto podría alentar a los padres, en particular a aquellos que valoran menos la educación de las niñas, a mantener a sus hijas en casa incluso después de la reapertura de las escuelas. Además, en la investigación (i) se señala que las niñas corren el riesgo de abandonar la escuela cuando los cuidadores no están en el hogar porque normalmente tienen que reemplazarlos (en parte), ya que podrían estar ausentes debido a un trabajo relacionado con la COVID-19, una enfermedad, o la muerte. Por lo tanto, con la actual pandemia de COVID-19, es posible que más niñas que niños deban ayudar en el hogar, y como consecuencia se retrasen en sus estudios y abandonen la escuela.

Última actualización: Feb 10, 2022

Recursos adicionales

Contactos en la oficina del país

Washington, D.C.
Kristyn Schrader-King