Contexto

Si se tienen las inversiones y los recursos adecuados, la agricultura puede suministrar alimentos apropiados, asequibles, seguros y nutritivos a todas las personas en todos los lugares y todos los días. Pero, pese a los avances significativos conseguidos hasta ahora, el mundo sigue soportando una triple carga de la malnutrición. De acuerdo con datos de 2016, alrededor de 800 millones de personas en todo el mundo (i) –1 de cada cuatro en África al sur del Sahara y 1 de cada 6 en Asia meridional– aún no consumen el nivel mínimo de calorías que necesitan. En la lucha contra otras formas de malnutrición se han conseguido incluso menos progresos. Más de 2000 millones de personas no consumen los micronutrientes necesarios para su crecimiento y desarrollo y para prevenir enfermedades. (i) Más de 2000 millones de personas sufren (i) de los efectos negativos para la salud del sobrepeso o la obesidad.

Los alimentos contaminados constituyen también un problema generalizado, teniendo impacto en la salud de 1 de cada 10 personas en el mundo (i) todos los años y afectando los ingresos de los agricultores, las empresas agrícolas y el comercio.

La malnutrición y las enfermedades que se transmiten en los alimentos imponen altos costos humanos, económicos, sociales y fiscales presentes y futuros a los países. Para reducir estos costos se necesitan enfoques multisectoriales, y existe un gran potencial para intervenciones eficaces a través de la agricultura y el sistema alimentario en general.

Estrategia

El Grupo Banco Mundial colabora con sus clientes y los asociados para el desarrollo para promover una “producción agrícola que tenga en cuenta las demandas nutricionales”, mejorar la seguridad alimentaria, y fomentar la disponibilidad de alimentos de mayor calidad. Se usan diferentes enfoques, entre ellos:

  • Promover sistemas de pequeñas explotaciones agrícolas que producen una mayor diversidad de alimentos, cultivos y ganado para aumentar los ingresos, así como la disponibilidad y asequibilidad de alimentos ricos en nutrientes;
  • Integrar la nutrición y la seguridad alimentaria en la investigación agrícola, la capacitación y otros servicios de apoyo, y ayudar a las mujeres para que usen los conocimientos y activos disponibles para mejorar la nutrición de sus familias;
  • Apoyar las inversiones en tecnología, infraestructura y sistemas de gestión que permitan el enriquecimiento de los alimentos o aumenten el contenido de micronutrientes esenciales, tales como vitaminas y minerales; apoyar el proceso conocido como “biofortificación”, que implica la mejora de la calidad nutricional de cultivos alimentarios; reducir las pérdidas de alimentos luego de las cosechas, y mejorar las condiciones higiénicas de los canales de distribución de los alimentos;
  • Colaborar con empresas multinacionales del sector de los alimentos y los productos bebestibles, organizaciones intergubernamentales, organismos del sector público, asociaciones de la industria, universidades y otros expertos para fomentar la formación de capacidades en el área de la seguridad alimentaria en los países en desarrollo y de ingreso mediano a través de la Alianza Mundial para la Seguridad Alimentaria (GFSP);
  • Reforzar los sistemas regulatorios relacionados con la supervisión de la seguridad alimentaria y aumentar los conocimientos y la capacidad de los agricultores y otros operadores privados para gestionar los riesgos en materia de seguridad de los alimentos;
  • Apoyar políticas que promuevan una agricultura más diversificada, el consumo de una dieta más equilibrada y de mejor calidad, y la reducción al mínimo del desperdicio de alimentos.

Resultados

Hasta 2015, más de 15 millones de personas en 30 países en desarrollo (i) cultivaban y consumían alimentos biofortificados. La mayoría de estos cultivos biofortificados han sido desarrollados a través de un programa del Grupo Consultivo sobre Investigaciones Agrícolas Internacionales (CGIAR) respaldado por el Banco. La institución continúa apoyando esta intervención eficaz en función de los costos para combatir la malnutrición y lo hace entregando apoyo a la investigación y el desarrollo de semillas e incluyendo cultivos biofortificados en los programas nacionales de nutrición.

En 2016, un proyecto de ganadería en Viet Nam ayudó a 105 000 personas a criar ganado más saludable. Alrededor de 11 000 familias de ganaderos adoptaron prácticas más seguras de crianza de animales, lo que redundó en una disminución considerable de las tasas de mortalidad de cerdos y aves (25 %). Además, se renovaron 240 mataderos y 381 mercados de productos frescos y se dio capacitación a sus operadores, mejorándose las condiciones higiénicas de la carne de cerdo y de ave y beneficiar así a cientos de miles de consumidores.

En 2015, la alianza GFSP organizó un taller de capacitación sobre seguridad alimentaria (i)para ayudar a cambiar la conducta de los científicos expertos en nutrición de China respecto de la seguridad alimentaria, y establecer una red de conocimientos para compartir buenas prácticas. El 95 % de los participantes en el taller obtuvo buenos resultados en los exámenes de competencia.